Trozos de creatividad: relatos breves escritos por los participantes de la FIRPPI

En la FIRPPI algunas personas decidieron convertirse en escritores durante cinco minutos. Dejaron volar su imaginación en el juego que realizamos, a cada uno se le dijeron palabras al azar y con ellas crearon estos breves textos.

En cansancio de tus pies, se asemeja al largo tiempo de espera por tu comida cuando existe el hambre.

Anónimo

Dicen que lo más parecido al corazón de un varón sería la luna, sin ella, en la Tierra pasarían grandes eventos desafortunados.

 Luis Gabriel Ibarra

Érase una vez un ingeniero, Fernando era su nombre. Su vida había llegado al término en que se balanceaba entre teclear y coger. Su novia Edi estaba hasta la madre de que después de un apresurado orgasmo, Fer saltara a la computadora, rodeado de Palacetaxo y tepache, y se viviera en facebook todo el día. Un dpia, se la rayó a su espalda; lo que él no sabía es que ella, aprovechando un momento de descuido y una sesión abierta, había borrado la cuenta facebookera de Fernando.Cuando él volvió a su lap y se enteró de esto, e hirviendo de rabia, le juró a Dios su venganza antes de caer, a causa de un paro cardíaco, de bruces encima de su teclado (está incompleto, se perdió una página entre todo el desmadre de la feria)

Armando Castañón

En un archipiélago de Argentina, habitaba un payaso que había perdido su capacidad para hacer reír. Buscando un remedio, probó de todo: salsa de tomate untada en los pies, leche de cabra con limón, pan tostado como sombrero, arañas en los bolsillos, y una larga lista de excentricidades. Ningún efecto positivo logró con ello. Preguntó a los más viejos del lugar y le dieron tips predecibles: cambiar de vestuario, cambio de público, redacción de nuevos chistes. Tampoco funcionó- Sin embargo, no perdía la fe de encontrar su encanto. Un día, caminando por el bosque se le cayó uno de sus rizos al suelo. Le dio mucha risa aquel rizo pequeño tirado en el suelo, así que inventó unos chistes que hicieron eco en las demás personas de su comunidad. Volvió su talento.

Karla González

-Ese mi apio-

-¿Por qué apio?

-Le encantan las niñas, es un raboverde-

Anónimo

Apunta la flor al bautizo

Rocía el niño

La mañana temprano

Con el chisguete imprudente

A la semilla inocente

El obrado líquido

Alimenta el suelo,

El bautizo del cielo,

El alimento del miedo,

Desde la punta sin filo

Que un día

Rompe en chillido

Por no usar preservativos

Daniel Rivera

Como una cabra que bautiza al hongo

El pueblo con tocino se purifica

Olivia Schroeder

Bautizando el alba de azul,

Te buscan unos ojos claros;

Que van rayando y peinando el cielo,

Para encontrar dos corazones helados,

Cogiendo en un dulce suspiro

Calor, complicidad y halago.

Revista Haz Ciudad

Una tachuela me lastimó el pie al ir pensando en ti, y hasta mi cachucha del cruz azul se cayó. Ya no vuelvo a pensar en ti.

Anónimo

Iba triste al saber que no querías nada conmigo, cuando crucé un jardín de un verde intenso. Eso me ayudó a balancear mi vida, me dije: ¡Qué payaso eres!, ¡la vida no es sólo una mujer!, ¡ella es como un grano en la piel, no es tersa! No merece mi amor ni me ha inyectado vida; por lo tanto, adiós. A buscar otro amor.

Toño Corsa

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Escribiré un poema sin sentido

porque a mi mente ya le ganó la viruela

y mientras encuentro qué rima con tocino

pienso en los rizos de las niñas de la escuela.

Alejandra López

En la lejana ciudad del Grano había un hombre con un sólo zapato. Él vivía feliz, pues tenía que levantar diariamente la siembra que tenía vender, así como preparar el queso que comería al atarceder.

Un día una espinila llegó a su rostro y la pus no quería ceder. Duró semanas, hasta que al fin su limpio rostro añoró tener.

Roberto Rodríguez.

Tus diez terrestres

que van formando la

planta que encarna

todo su ser.

Fer.

Un día al trapeaar mi zapato y al recordar que el tocino había subido de precio, me senté, y súbitamente empezó a tronar; afuera llovía chambritas de colores.ya no quedaba más que esperar un temblor. Así todo volvería a retorcerse, como cuando el cielo y las nubes truenan. También tu nube de alamgüero te ayuda a evitar malos ratos. No se te olvide divagar y las cosas distorsionar, creo que así se vive un poco más.

Trinomio.

Te quiero hasta el tuétano, mi querida arrachera. Vente a mi casa, te quiero besar, y, como eres bonita, me ayudas a trapear.

Xóchitil E. Camarena Chías.

Él caminaba sin rumbo fijo y todo aquel lo miraba: el perro que caminaba.

Anónimo

Oh, qué gran despertar tuve hoy de repente. Siento que me fundo con el universo. Sí, gran amiga Rocío, tu nombre hace honor a los campos rociados por la mañana de peyote que probé. Hoy le pedí que limpiara mis órganos y mis sentidos, me aclaran las ideas. Por eso rayo estas líneas, amiga Rocío.

Luis Ramos.

Este cuento ocurre en el Archipiélago de la zona sur de América, lugar donde con las manos se podía rasurar el aire. El lugar deseaba inyecctar alegría entre sus habitantes. Caminar por sus lugares sería como rayar en su historia. En este relato comenzado, tú puedes ser el protagonista, sólo falta imaginarte que lograrías en este lugar…

P.S. Recuerda lleva tu chaqueta.

Gabriel Ibarra R.

Aquella noche que te olvidé.

Caía perturbadora la noche, mientras me hacía la rigurosa chaqueta a toda velocidad para que mi esposa no lo notara.

Su recuerdo, como siempre presente, daba la inspiración necesaria, pero aquella noche algo resultaba terriblemente incómodo. Esa imagen de sus senos moviéndose sutlmente por la habitación ya no resultaban tan prácticos; esa sonrisa maligna que motivaba mis más divertidas perversiones, ahora lucía desdibujada y aburrida, inlcuso su marquilla de la viruela sobre su pómulo izquierdo que antes hacía volar mi imaginación; hasta tu más delicada infancia ahora sólo podía darme asco.

Quizá la vejez, quizá el desencanto, o simplemente el tiempo ha borrado los sueños; pero aquella noche nada lograba la erección.

Al salir totalmente decepcionado del baño, pensando en solicitar amablemente un oral fugaz para lograr dormir, ya sin el insomnio acostumbrado. Encontré de pronto sobre la cama la diminuta chambrita que me hiciera enfermé. Sus colores evocaron de nuevo aquellas tardes moribundas en que aún con fiebre ella me montaba como loca.

Fue justo entonces cuando la magia ocurrió, y un torrente me recorrió todo el cuerpo, estallando sobre el diminuto trapillo, apenas antes de ser descubierto. Al día siguiente, mientras despertaba el alba, miré asqueado la obra endurecida de la noche anterior. Por fin me decidí y la olvidé.

Jim Kalep Castillo Gutiérrez

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