El pulque recobra su trono

Por Alberto Uscanga

Del náhuatl “neutli”, jugo de maguey, el tradicional pulque gana hoy espacios y bebedores

Pulque-códice

México posee una tradición que entra por los ojos, sube al olfato, y termina en la boca. En está tierra de vegetales o plantas exuberantes, todos sabemos muy bien que el maguey es el protagonista.

Hoy hay toda una generación de jóvenes que, a diferencia de sus antecesores, vuelven a consumir esta bebida embriagante de origen prehispánico que los propios dioses nos regalaron.

De pulquerías y pulcatas

Algo ocurre en las pulquerías: la diferencia de otros terrenos del beber. Alejadas de la raquítica convivencia de los bares, antros y cantinas, en las pulquerías se gusta de la conversación y de la popularidad del lenguaje, pero es en ellas también donde las personas dejan de lado lo racional para ensimismarse en las profundidades del pensamiento.

“Pulque bendito que entró por mi boca, y salió hasta hasta por mi… tepito”

El público de las pulquerías ha cambiado, mientras que en años anteriores estaba conformado por la clase obrera, hoy día es el grupo juvenil, y sobre todo estudiantil, quien acapara estos sitios.

“Aquí viene gente de todo tipo: rancheros, punketos, reggaes… hasta fresas. Aquí estamos de todo, nos venimos a empapar de este elixir de la felicidad” nos dice un joven pulquero, con un aspecto ya bastante “feliz”.

Pero si algo tiene las pulquerías es imaginación y desenfado, cosa notable en sus nombres: Las duelistas, La titina, La tlaxcalteca, La bella Carolina, Los hombres sin miedos… Muchos de ellos, cuenta del ambiente que se vive adentro.

Hoy en día los jóvenes tratan de recuperar esa parte de la identidad nacionalista que se perdió con la difamación por parte de las grandes cerveceras nacionales, que atacaron al pulque tachándolo de revolcarse en excremento.

“Yo lo pruebo y te lo confirmo; es más, si quieres te muestro cómo se hace, aquí no le ponemos porquerías, como dice la india María; semos pobres pero limpios”, Don Jesús de Las duelistas.

Y es que ésto es algo que nadie puede negar: ¡somos hijos del maguey!

No sin antes recordar que el néctar de la planta no sólo sigue nutriendo corazones jóvenes, sino también joviales. La bebida pareciese recordarnos su pasado mágico, casi extrasensorial, que antaño advirtieron los pueblos prehispánicos del altiplano.

La experiencia del pulque

El pulque ha sabido sobrevivir a calumnias y desaires pasados, no sólo por su sabor y propiedades. Cuando se visita una pulcata se consiente al paladar, además del plato de comida picante que siempre lo acompaña. Debemos de apuntar que el plato todas las veces viene de gorra.

Pero ojo, ten en cuenta que el deleite a los pocos minutos terminará en un empanzurramiento, por lo que es prudente tener cerca donde ir a desahogarse.

Otra cualidad cierta del pulque es su variedad; se pide un curado con la misma ilusión que se pide un helado. Y es que sus sabores son tantos que los hay desde los más comunes (frutales, de verduras, o semillas) hasta las más alocadas combinaciones que poseen nombres igualmente locos: el Talina Fernández; el fuerza, vigor y puntería, el bicentenario… comparten la propiedad del nombre de las pulquerías.

Pulque lo mismo servido en vasos de plástico y jícaras de barro que en pocillos de peltre; en litros y jarras como en cubetas. Lo de menos es qué lo encierre, lo importante es el contenido.

El pulque es la bebida más antigua no sólo de México, sino de todo el continente americano, con más de cuatro mil años de historia documentada. Ésto y muchas cosas más hacen del pulque la bebida nacional.

Fue la más importante desde lo religioso en la época prehispánica; sólo a los ancianos les era permitido ingerir pulque, ya que únicamente ellos poseían la sabiduría necesaria para experimentar lo que se consideraba un estado de conciencia místico.   Y en la época colonial, de independencia y porfiriana, fue uno de los motores culturales y económicos más importantes, pero hoy por hoy, como se dijo en un principio, el pulque no sólo se saborea; se ve, se huele y es una de las maneras de sentir el nacionalismo.

Alberto Uscanga (México, 1992). Estudiante de la carrera de Comunicación en la UNAM.

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