La prostituta transexual en el papel de heroína

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Por Alberto García Pujals

http://albertogarciapujals.jimdo.com/

Cuando la cruda realidad supera a la ficción, aparece un personaje entrañable

Es meretriz por vocación, politoxicómana convencida, transexual con miembro viril y ordinaria hasta decir basta: la Trini, uno de los personajes centrales de la novela Los que lloran, se alegran y usan de este mundo (Alberto García Pujals, 2014), representa lo que muchos colectivos conservadores como partidos políticos, confesiones religiosas e incluso sectores profesionales considerarían un peligro para la sociedad, un personaje prescindible sobre el escenario de la vida diaria. En principio una villana moderna, para nada frecuente en literatura.

Esta villana del inicio de la trama, se nos va presentando poco a poco como una antiheroína quijotesca en su papel de continuo desafío a las convenciones, aunque sin dejar de evocar a la figura tradicional del villano en una sociedad contra la que se rebela en su lucha continua por imponer sus deseos siempre contrarios a los dictámenes morales. Así es la Trini. Con esta idea de fondo arranca la historia seduciendo a Valentín, un hombre casado que se autopercibe como heterosexual y aun así no se le resiste. Más adelante se presentará a Valentín como antítesis de la Trini.

De entrada, la apariencia de esta profesional del erotismo ya es una provocación por lucir un físico obviamente transformado y exagerado, con labios desproporcionados, cintura de avispa y busto opulento, todo ornamentado con maquillaje, cueros y encajes. Además, su léxico vulgar no solo estalla ante lo políticamente correcto, sino que fluye a contramano en las corrientes literarias habituales. Las peripecias y desventuras en las que se ve envuelta la Trini van transformando la imagen que, como lector, pueda tenerse de una prostituta callejera transexual a lo largo de la trama, para mostrarnos la cara cada vez más afable de esa moneda contrastando con la cruz que la sociedad le obliga a cargar. De ahí esa dialéctica entre villana y antiheroína.

Pero ¿por qué parece interesante un personaje así? Resulta que en las críticas literarias circulando por la blogosfera se ha tomado cariño a nuestra Trini, que aparece como entrañable porque, “con todo lo que le pasa, no deja de ser un canto a la vida misma, un espíritu positivo que sabe que la vida es sufrir y quizás por eso no le extraña el descubrimiento que debería cambiarla. El horror también sabe cómo pasar por la vida de Trini sin dejar marcas”, afirman.

Tenemos entonces ante nosotros a una mujer que, según decíamos, empieza como villana, continúa como antiheroína y acaba como heroína al final de la novela porque, aunque no ha superado todas las zancadillas que el amor, la naturaleza y el mercado laboral le han puesto, ella sigue aceptando la vida como es y rebosando buen humor. Paradójicamente, todo un ejemplo a seguir.

Y como decíamos, Valetín es su cliente favorito y su antítesis, es decir, en el desarrollo de la trama su papel pasa de héroe al principio, continúa como antihéroe y acaba como villano. Héroe debido a la lucha inicial por mantener la serenidad en el conflicto interior entre su matrimonio con Milagros y el falo que descubre en la Trini como complemento irrenunciable de su supuesta heterosexualidad. Antihéroe cuando decide perderse en sus atípicos deseos sexuales, embistiendo contra la realidad con el único objetivo de sentirse realizado en esa búsqueda del amor ideal que, personificado por la Trini, parece estar a la vuelta de la esquina aunque tarde en llegar. Esta faceta de antihéroe la comparten Valentín y la Trini paralelamente en el tramo central del argumento. Y por último, villano, porque hacia el final de la obra se manifiesta en su ser el lado macabro, que disfruta del dolor ajeno de igual modo que otros disfrutaron de su dolor.

Dicho final macabro simboliza las consecuencias que tanto héroes como villanos sufrirán si satisfacen sus deseos más inconfesables en detrimento de las convenciones. En este sentido, las citas bíblicas al principio de cada capítulo aparecen como Leitmotiv para recordarnos que hay un Gran Hermano al que no deberíamos desobedecer. Se invita así al lector a una reflexión sobre hasta qué punto se considera feliz y cuánta libertad se esconde detrás de su felicidad, tratándose entonces de algo más que una novela erótica sobre sexo, drogas y perversiones, que no constituyen más que una mera simbología dentro de ese mensaje.

Quizá sea también ese desarrollo inverso en los papeles de ambos personajes centrales, Valentín y la Trini, uno de los motivos por los que la crítica recomienda esta novela por ser intensa y vibrante. Su presencia en los portales de noticias va en aumento y, de hecho, el autor Alberto García Pujals presentará Los que lloran, se alegran y usan de este mundo en la serie de literatura del Celebrate Orgullo de Miami Beach a principios de octubre, donde aparecerá como autor rebelación junto al premio Pulitzer Johnny Díaz y a los autores consagrados Elliot Torres y María Mejía.

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