Entre Cronopios y Famas

Por Eduardo Guerra

Durante la tertulia con motivo al centenario del natalicio de Julio Cortázar en la FES Acatlán esperaba algo más al estilo de Ciudad Universitaria. Mesa con mantel azul, micrófonos y elegantes botellas de agua, profesores y escritores con personalizadores, alumnos de la carrera de hispánicas haciendo análisis sobre el espacio en Casa tomada, sobre el carácter lúdico en el lenguaje por parte del mítico argentino, sobre la significación de los conejos en Carta a una señora en París. En otras palabras, una asistencia que a duras penas rebasara los veinte individuos, muchos de ellos alumnos de los profesores, admiradores de los escritores o amigos de los colegas, casi siempre de los primeros semestres.

Sin embargo, lo que hallé fue una Rayuela en la entrada, gente enmascarada imitando las facciones de un acartonado Cortázar, un convivio de pizza y refresco, lecturas en voz alta, disfraces dorados, un cadáver exquisito gigante y un aquelarre con mucha gente dispuesta al juego. Justo como el escritor de todos los fuegos el fuego lo hubiera deseado…

¿Seguros?

A mi parecer ambas facetas rayan en los extremos. “El centro” peca de Fama y repite los métodos somníferos de la academia. Los cuales no incitan al hallazgo o al disfrute de la lectura de quienes no adulan al ya adulado escritor del Bestiario. Dentro de este grupo, los que desde el centro intentan desligarse a toda costa de su Aura académica y no lo logran, perecen a manos de la burocracia de la hegemonía. Como un mal que se replica en cada generación y con nada puede combatirse.

Por el otro lado, “la periferia”, los autodenominados Cronopios, asumen su papel y lo hiperbolizan olvidando de cierta manera que la literatura es el meollo del asunto. La juerga y el carnaval son ideales para la aproximación de quienes la literatura le es totalmente ajena; no obstante, para alumnos cuya carrera trata de la investigación literaria, se cae en un exceso imperdonable.

A mi parecer, el punto intermedio entre Famas y Cronopios, sería la forma más precisa para celebrar a un escritor cuya obra, de entre sus compatriotas, ha sido la más traducida a otros idiomas: divertirnos con los juegos que inauguró en nuestro lenguaje, los encuentros de la Maga, cuál es la duración media del llanto y recordar ante todo cómo se sube una escalera. Porque al final del día, lejos de coyunturas sociales, negocios de tipo editorial o egos de instituciones, a un escritor se le celebra con la lectura de su obra sea que haya nacido ese día o no.

Eduardo Guerra. Gestor Cultural. Fue redactor de Revista Telecápita y ha llevado a cabo más de una docena de eventos. Actualmente forma parte del proyecto De-cenas de Letras, el cual se dedica a la logística y realización de conferencias y ponencias. 

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