Córtazar fue mi maestro a la distancia y mi obsesión literaria

En mi primer libro Dieciocho crónicas y un relato, el cual escribí en 1984, Mariana Baptista Álvarez, mi amiga, mi hermana, me refirió en el Prólogo como obsesivo, y en efecto estoy de acuerdo en haber sido muy obsesivo con Julio Cortázar. Mariana dice: “El mejor relato logrado, a mi juicio, por Julio Ríos, es “Carta a Julio”, un homenaje de cariño y respeto al escritor Julio Cortázar y al ser humano que admira con obsesión, cosa nada rara en él por supuesto”.

Y Cortázar fue mi obsesión.

Comparto con mis amigas y amigos, la parte inicial, saltando hasta final del relato titulado “Carta a Julio Cortázar”

.

Julio:

Quiero contarle algo muy especial y hermoso. Normalmente duermo mal de noche, por eso busco recuperarme en la siesta y, fue en una siesta, precisamente, que soñé que yo caminaba por las calles de París, y de pronto en una esquina divisé un hombre alto, flaco y desgarbado a quien atrapaban un grupo de jovencitas estudiantes de literatura con el propósito de pedirle un autógrafo, y es hombre, con cara de niño, parecía no dar crédito a su propia popularidad. Entonces, yo, también me acerqué a pedirle un autógrafo. Y ese hombre esbozó una sonrisa volátil, se sentó en un banco con sus largas piernas cruzadas y las manos entrelazadas en las rodillas, y con gestos rápidos y precisos escribió en un pequeño papel: “A Julio, mi tocayo, extraño “cronopio”, perdido en las calles de París”.

Ese hombre (Julio Cortázar) era altísimo, medía como un metro noventa y siete. Era flaco, huesudo y pecoso. En lo poco que pude conversar con él, noté una afabilidad puntillosa, parecía atento y sincero, aunque un poco impersonal. Agradecí entonces, su atención y estreché una mano grande y huesuda. Ese momento empezó a llover y el hombre de expresión frágil se deslizó cauteloso por las calles de París, envuelto en una bufanda, con miedo a resbalar y quebrarse una pierna.

(final)

Julio:

Nos damos, ahora, las manos con los recuerdos. Esa inmensa alforja llena de emociones que se va llenando todos los días y que desde el fondo nos reserva el siempre fresco milagro del retroceso espiritual sobre el tiempo y las distancias.

Los buscaré siempre, Julio, en las páginas de “Rayuela”, “Octaedro”, “Libro de Manuel”, “Bestiario”, “Los Premios”, y en todas sus obras. Lo seguiré con el fino humor de sus relatos a través de los cronopios que usted creó y entre los que habita ahora.

Julio Ríos Calderón
La Paz, Bolivia

El autor, Julio Ríos Calderón, con su libro Dieciocho crónicas y un relato.
El autor, Julio Ríos Calderón, con su libro Dieciocho crónicas y un relato.
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