El mundo y las palomas

Por Luis Fernando Rangel

I

Es bueno saber
que odias al mundo.

Es bueno porque así
cuando camines por
las calles, ellas se
harán de lado para
dejarte pasar.

Así algún automóvil,
en su afán por
darte un paso libre,
se orillará tanto
que terminará
aplastándote contra
la pared
donde una paloma
también renegó
del mundo.

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II
Las palomas hacen
de la estatua su hogar.
La habitan cómodamente
y la decoran con
galantería.

Pero llega el día
que se cansan
y deciden irse
–a rezar, o morir
en alguna iglesia
que antes
ya habían
decorado.

Palomas

Luis Fernando Rangel Flores (Chihuahua, 1995). Estudiante de la Licenciatura en Letras Españolas en la UACH; es mediador de salas de lectura.

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