¿Me aviento o me espero?

Por Alina Hernández.

El deseo puede cegarnos. Normalmente cuando algo se quiere con tanto ahínco, termina por convertirse en una obsesión. Si lo despojamos de matices como bueno o malo, podremos ver que el ser humano, irremediablemente, es un eterno anhelante. Siempre está ávido de más: acumulación, descubrimientos, aventuras, amor, felicidad, conocimiento, poder, fama. Siempre se desea lo que no se tiene.

Podríamos dividir el deseo en dos sentimientos, uno positivo y uno negativo: ambición/ esperanza. Cuando se ambiciona algo, no importan los medios para obtener el objeto de deseo; no es relevante cómo se tendrá sino que, al final, estará en nuestro poder.

Pienso por ejemplo en la ambición de poder y en nuestros queridos gobernantes: no es de su interés cuántas personas aplasten en su camino, con tal de tener el control del país para su beneficio.

En cambio, pienso en la esperanza del pueblo; anhelando que la situación cambie gracias al azar o la fortuna, sin realmente hacer algo que provoque un devenir diferente.

Mientras la ambición es activa, la esperanza es una cualidad de permanente estatismo. Es un sentimiento que mantiene al deseo idealizado y abstracto.

Recordando a Baudrillard, el deseo forma parte del juego de seducción que consiste en apariencias: puedes tenerme, casi me tienes, pero al final no…Aunque si lo sigues intentando, tal vez me tengas.

El que vive en la esperanza se quedará con una gran y terrible chaqueta mental, mientras que quien tiene la ambición y el arrojo, conseguirá el orgasmo.

He aquí la enorme contradicción; entonces, ¿por qué demonios tendría que ser malo ser una persona ambiciosa? Si lo que se desea es algo beneficioso, podemos utilizar esa ambición, esa obsesión por conseguirlo. Por lo tanto, sería bueno.

Mi única condición para conseguir lo que se quiere es no pisotear a nadie. Se puede pasar por encima de alguien, porque al final, es inevitable escalar unos cuanto egos para llegar a la meta, pero sin aplastar a los demás. Es como cuando Beyoncé y su papá armaron toda un estrategia para posicionarla dentro del corazón de los fans de Destiny’s Child y, al final, fue muy fácil lanzar su carrera como solista y tener éxito; en cambio, las otras integrantes permanecieron casi en el anonimato. Beyoncé tuvo la ambición suficiente como para sobresalir, mientras que las otras solamente estaban esperanzadas de que alguien notara su talento. Una reverencia a Queen Bey por su arrojo.

Así que, ¿cuál será? ¿Arrojo o paciencia? ¿La ambición de conseguir lo que se quiere o la esperanza de que algún día llegará? Creo que la mejor opción es esperar el momento adecuado y ¡pum! Saltar como gato para perseguir a ese escurridizo objeto del deseo hasta tenerlo en nuestras garras.

Alina Denisse Hernandez Navarro (Michoacán, México; 1988). Editora y escritora. Le gusta la poesía, la cultura pop y los Drag Queens. En el fondo es una Drag Queen Coreana que fracasó como poeta.

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