No. 13 “Ambición y otros deseos”

La palabra “ambición” tiene dos principales connotaciones, las cuales usamos según nos convenga. Por ejemplo, en el intentento (la mayoría de las veces fallido) por sacar a relucir nuestra humildad, la ambición queda censurada para nuestra conducta, o por lo menos para nuestro léxico. Entonces, ¿cómo denominamos a los deseos que nos mueven cada día? La respuesta está en los eufemismos: podemos llamarlos objetivos, aspiraciones, metas, o crecimiento personal, pero intentamos no usar la palabra prohibida por miedo a ser juzgados de insensibles e inhumanos. “En el desprecio de la ambición se encuentra uno de los principios esenciales de la felicidad sobre la tierra”, declaraba Voltaire; sin embargo, ¿qué sería de nosotros si lográramos desterrar por completo esos impulsos que nos motivan?, ¿realmente alcanzaríamos la felicidad? Estaríamos condenados a vivir en un mundo incoloro, embebidos en el conformismo y la monotonía. Por otro lado, ¿nos beneficiaría seguir todos y cada uno de nuestros deseos? Nunca estaríamos satisfechos, nos despedazaríamos unos a otros a causa de nuestra creciente frustración. Ante dicha paradoja, en la presente edición le hablaremos sobre esta condición dual.

Comenzamos con “Parábola del hombre hambriento”, donde se nos muestra lo que sucede cuando se sobrepasa la saciedad; en el “El juego siempre es otro” podremos conocer la evolución de la frustración; con “Bersalino” veremos que el deseo no acepta convencionalismos; en los poemas “Pícaros” y “Brevemas” reviviremos el sentir de nuestra propia ambición. Este mes nos congratulamos en presentar la nueva sección de Columnas, donde Éric Ángeles y Alina Hernández nos comparten su postura ante este polémico tema; asimismo, le traemos una colaboración de la poeta chilena Elizabeth Neira. Regina Santana  presenta el trabajo de la artista visual Cecilia Beaven; y finalmente, Dayli Mayet nos ofrece un artículo sobre la llegada de la música balcánica a México.

Deseamos transmitir a través de cada texto las ambiciones que mueven a Morbífica, así que, estimado lector, mientras se encuentre en nuestros terrenos, olvide las declaraciones de Voltaire: renuncie a la felicidad y vaya tras cada uno de los deseos que tanto se ha empeñado en reprimir.

 

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