La leyenda de La Xtabay

Por Will Rodríguez

La Xtabay apareció por primera vez hace muchos años, cuando los mayas todavía no eran conquistados por los españoles. Su presencia en el monte y en el pensamiento de la gente ha permanecido desde entonces. Dicen que nació del huevo de una serpiente de cascabel. Otros aseguran que surgió de las raíces del misterioso árbol de la ceiba. Hay quienes creen que brotó como una hierba mala y espinosa en la negrura de los montes del Mayab.

Viento maligno, espíritu perverso, bruja, animal… Le llaman de mil maneras, pero la verdad es que nadie sabe exactamente quién es. Lo único cierto es que se aparece a media noche como una mujer extremadamente hermosa, y pobre de aquél que se la encuentre…

Había en el pueblo de Lolkab unas hermanas gemelas y huérfanas llamadas Xkeban y Utzkolel, quienes vivían cada quien en su casa, una frente a la otra, separadas por un pequeño camino blanco. A pesar de que físicamente eran idénticas, por dentro eran muy diferentes. Al parecer, una era muy buena y la otra era muy mala, pero esto no es verdad, pues en ocasiones las apariencias engañan.

Xkeban tuvo varios novios a los que quiso mucho y por eso había personas que hablaban mal de ella y la despreciaban. Sin embargo, era una joven bondadosa que ayudaba a los enfermos y a los pobres, e incluso a los animales abandonados. Cuando veía pasar a algún caminante por su casa, enseguida llenaba una jícara con agua fresca del pozo para ofrecérsela.

Utzkolel nunca tuvo novio y se pasaba todo el día encerrada en su casa. Por eso todos la respetaban y hablaban bien de ella, pues creían que era una joven bien portada. Pero la verdad es que tenía corazón de piedra. Le daban asco los enfermos y despreciaba a los pobres porque sentía que eran poca cosa. A los animales que se acercaban a su patio los ahuyentaba con piedras.

Un día Xkeban apareció muerta en el camino blanco frente a la puerta de su casa. Nadie supo qué le había sucedido. Su cuerpo sin vida despedía un perfume muy agradable que se esparció por todo el pueblo. La gente pensó que eso era señal de mala suerte y nadie se ofreció a enterrarla, ni regalarle flores. Solamente los más pobres de Lolkab y los enfermos que ella había ayudado se ofrecieron a hacer el hueco para el entierro. Al día siguiente, su tumba amaneció milagrosamente cubierta de unas flores aromáticas llamadas xtabentún.

Utzkolel no asistió al entierro de su hermana, pues prefirió quedarse en casa peinando su larga cabellera. Esa noche se acostó a dormir en su hamaca, muy tranquila y despreocupada, pero nunca despertó. Su cadáver despedía un olor tan desagradable que todo el pueblo se apresuró a enterrarla lo más pronto posible. Su tumba fue adornada con flores multicolores, pero al día siguiente todas amanecieron marchitas. Junto a ellas brotó solamente una flor llamada tzakam, que es muy hermosa pero está pegada a un cactus espinoso y no tiene olor.

En el más allá, el espíritu de Utzkolel se retorcía de rencor y de coraje por no haber amado a nadie en vida, mientras que su hermana Xkeban descansaba para siempre feliz con sus ancestros. Los vientos malignos se burlaban de ella diciéndole: “Qué tonta, Utzkolel, qué tonta, tan hermosa y no conociste el amor”. Atormentada y enloquecida, Utzkolel pidió a los brujos perversos de la oscuridad que le permitieran regresar a la tierra para conocer el amor. Ellos sonrieron maliciosamente e hicieron un hechizo para convertirla en La Xtabay, la mujer más hermosa de todas, pero incapaz de amar y ser amada. Vive escondida en el árbol de la ceiba. Nadie puede verla durante el día, aunque se le busque. Sólo se aparece a media noche a los hombres jóvenes y a los borrachos que andan por los caminos del Mayab.

Primus
Fotografía de Alan Mendoza

Primero se le ve sentada en una piedra, peinando su larga cabellera bajo la sombra nocturna de la ceiba. Luego se pone de pie y mira fijamente al caminante. En ese momento el hombre queda hechizado por tanta belleza. Ella sonríe y empieza a correr para que la sigan. Está vestida con un hipil blanco y su cabello negro le llega hasta los pies. El hombre que tiene novia o esposa la confunde con su amada. El que es soltero simplemente se enamora a primera vista. El caso es que La Xtabay hace que la persigan, pero quien lo hace no regresa jamás.

Debajo de la tierra, entre las grutas donde toman agua las raíces de la ceiba, están los miles de hombres que la han seguido. Son como muertos en vida que nunca podrán salir de ese lugar. Ha habido casos en los que algunos hombres fuertes logran alcanzarla y abrazarla a la fuerza, pero al hacerlo sienten que unos espinos se les clavan en el cuerpo. También hay quienes al abrazarla se dan cuenta de que en lugar de piernas ella tiene patas de pavo.

Lo bueno de estos casos es que ellos lograron sobrevivir, aunque se llevaron el peor susto de sus vidas. Alguien comentó hace tiempo que si un hombre lograba arrancarle un mechón a su cabello, La Xtabay se convertiría en su esclava. Pero eso es mejor no intentarlo. ¿O sí?

Will Rodríguez (Mérida, México, 1970). Narrador, editor y cocinero. Autor de los libros de cuentos Catarsis de mar, Sueños de agua, La línea perfecta del horizonte, Pulpo en su tinta y otras formas de morir y Felis Bernandesii Panthera Onca. Su trabajo ha sido incluido en diversas antologías en México y el extranjero. El presente texto fue tomado de su libro Leyendas mayas vol. I (Editorial Dante, 2013). Su blog es willrodriguez.blogspot.com

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3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Interesante. Va ganando atracción con cada palabra, aunque para ser sincero, con las palabras desconocidas y el hecho de no ir a ningún lado (así sentí la historia) es mucho el esfuerzo que se tiene que hacer.
    Pero, eso sí, el final me gustó bastante, esas últimas lineas las imaginé con voz de mi abuelo, me encantaban esas “amenazas” jajaja

  2. Amy poot dice:

    Muy bien contada la leyenda, Exelente Escritor 👏 se llevo las palmas de la noche 😘 WILL RODRÍGUEZ 😘

  3. Leticia Quintero dice:

    Excelente, me encanto la leyenda.

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