El pasado apesta (a placebo)

Por Eric Angeles Juárez

La frase “Todo tiempo pasado fue mejor”,

no indica que antes sucedieran cosas menos malas,

sino que felizmente la gente las echa en el olvido.

Ernesto Sábato, El túnel

Sábato tenía mucha razón, olvidamos fácil, por nuestro propio bien. Se nos olvida lo mierda que era ser niño, ninguneado por los adultos, con la libertad de una mascota y la ingenuidad exprimida a su máximo. Sólo podíamos jugar y soñar con lo que queríamos ser de grandes. O en la adolescencia, cuando nuestros padres nos tenían hasta la madre y no entendíamos (ni entendemos) al sexo opuesto. La única salida era el futuro.

A menudo suspiramos cuando vemos un NES, un Tamagochi o una serie de los 90, pero seamos sinceros, podemos jugar un emulador, bajar la app de Po o ver la serie en Netflix. Entonces, ¿por qué esa nostalgia? Sí, el primer Gameboy estaba chido, pero sólo nos gusta porque nos trae recuerdos, nos hace sentir jóvenes y con una nueva oportunidad para vivir la vida. Lo mismo que tu iPod de 1GB y tu discman, no están chidos, ya hay cosas mejores, pero los dispositivos actuales no nos dan una segunda oportunidad de soñar con nuestro futuro.

Cuando somos niños, anhelamos el futuro, cuando crecemos, el pasado. Lo vintage, los triciclos Apache, los viniles hipsters, las Tortugas Ninja y los Transformers, cuyo público ha cambiado.

El olvido es nuestra mejor arma contra las emociones negativas. Es un buen sistema de autodefensa cuando cortas con alguien o encubres mentalmente una traición; también si tu presente no es lo suficientemente emocionante. Es un placebo que funciona, haciéndonos creer que el antes era mejor. Probablemente si tuviéramos una máquina del tiempo podríamos comparar realmente nuestros niveles de satisfacción de ayer y de hoy con una severa decepción.

Vintage

Pero mientras tanto, sigamos consumiendo ese placebo funcional que nos hace sentir desdichados pero que mantiene el anhelo y que cura con el olvido. Como diría Sábato también,  “ni el diablo sabe qué es lo que ha de recordar la gente, ni por qué”.

 Editor de la revista Iboga, redactor publicitario en Tribu/Element Studios y diseñador web freelancer. Beca nacional Edmundo Valadés como editor de revista Migala.  Coordinador de la Feria Interactiva de Revistas y Publicaciones Periódicas Independientes (FIRPPI). Colaborador en publicaciones como Playboy, Picnic y Goliardos. 

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