No me encuentro

el

Por Valeria Ramírez Bazán

   A ti, hombro a hombro

No importa si te has muerto o te has perdido, yo te busco. Le prometí a tu madre encontrarte, hallarte viva: verte con tus manos llenas de lágrimas por el abandono, verte rosa y verde, tierna y susurrante; pero encontrarte. No interesa si me cuesta el mundo o la vida, no importa si te falta un pie o un ojo; yo te quiero de vuelta sobre las montañas, sobre el cielo, sobre el mar, sobre la tierra blanda, sobre tus pies cansados: yo te quiero sin estar nuevecita, no importa.

Quisiera verte sin prisa, revolverte el cabello o el poco que te quede, quiero calentarme en tus bracitos o lo que sobre de ellos, no importa. Me hacen falta tus pestañas combinadas con tu pelo, me hace falta tu risita de niña tierna siempre tras un cuaderno. Me dueles profundamente y no importa si te encuentro cansada o sola, pero no muerta, niña mía, no muerta.

Eres la promesa de todos, eres mi palabra, eres toda junta, con el mar, un abanico de placeres; eres mi tristeza desde tu pérdida, eres todo mi cansancio desde que te he buscado, ya no encuentro cómo hallarte, ya no sé si sigues vivita, deseo que sí porque yo te seguiré buscando, lo prometí. Eres la promesa de todos, mi niña.

Chiquilina que estabas tan entretenida con tus deberes, tus jueguitos de mujer, yo ya no soy el mismo desde que te le perdiste a tus padres: ellos ya no cantan, yo ya no hablo, los demás ya no ríen, ya no sueñan; pero yo sí sueño, por ti, por los dos, por saber que estás por ahí con tu cuellito lastimado, pero moviéndolo. Yo sé que sigues por ahí, debajo de una escalera o de una ventana, atrás de un huequito o de una mesa sin mantel, yo sé que sigues rotita, pero viva.

        Te quisiera conmigo porque ese aguardar me llega de tu corazón, pronto estaremos juntos, no importa que estés huesudita y llena de hambre, no importa; te haré la cama más suave para que duermas por días enteros. Pero da una señal pequeña de que sigues vivita, yo ya tengo en mi cofrecito muchas señales tuyas que me hacen seguir buscando: ya me lo dijo un árbol, un perrito, una calle y cientas; ya me lo dijo una vez el reloj, pero más me lo dice el sol y las nubecitas: me dicen que te siga buscando, que ellos seguirán ahí para que yo tenga dónde buscar.

Pero estoy como perdido, porque llega la noche y yo menos te veo, menos sé dónde estás, amanece y se van los rastros de mi búsqueda anterior, y, así, ¿cómo sigo buscando, mi niña? ¿Desde dónde vuelvo a buscar si ya me he perdido yo también?

Pequeña niña de todos los días, dame tu manita moribunda; no me la des si estás muerta, mejor haz que muera contigo aunque rompa la promesa que le hice a tu madrecita triste, que no duerme ni come desde que te llevó el viento por la fuerza. No importa si yo sufro por andarte buscando, no importa, pero hazme encontrarte, niñita.

 Me duele saber que te arrumbaron por ahí sin nada que comer, sin nada con qué taparte.Me duele pensar que, tal vez, ya no recuerdas quién eres por los golpes tan fuertes que te  han de haber dado en la cabeza, sólo espero que me recuerdes a mí y a tu madrecita que te ama tanto; hasta un poquito más que yo. Sólo confío en que sepas quién eres y puedas estar regresando para acá y, yo buscándote, darte el encuentro en algún momento de esta vida, pero de ésta –no  de la muerte ni de ningún otro momento al que puedan llamar vida–, quiero verte en este camino, vivitos los dos, como cuando éramos chiquillos.

Sólo espero que no te hayas olvidado de todo lo que fuiste antes de perderte, que no se te haya hecho el corazón de piedra y  ya no puedas quererme como yo te quiero. No me dejes solito cuando te haya encontrado, no extravíes lo mucho que te busco día y noche, pues le hablo a los animalitos, y a las aves nocturnas, sólo para saber dónde te encuentras o si te han visto.

No dejes de levantarte cada que te caigas por ese dolor de tus heridas, que han de ser muchas. He reducido mis raciones de comida, de agua, de alegría, de abrazos, de besos; las he reducido a favor tuyo para vivir lo que puedas estar viviendo solita, porque yo también estoy solo, porque yo ya no encuentro tampoco a nadie que me dé consuelo como el que tú me dabas. Sigue vivita porque si no yo muero, entonces ya no podré seguirte buscando para llevarte con tu madrecita para que seas feliz de nuevo.

Fotografía de Maura Islas Peña
Fotografía de Maura Islas Peña

Sigue vivita, mi niña, sigue vivita, niña de tu madrecita, sigue vivita: niña aterciopelada, niña virgen, niña rota, niña calmada, niña triste, niña sola, niña buena, niña paciente, niña callada, niña lastimada, niña quieta, niña desolada, niña fría, niña llanto, niña enferma, niña cansada, niña de nadie, niña perdida, niña una, niña luna, niña mar, niña verde, niña sucia, niña débil, niña frágil,  siempre niña hasta que te encuentre.

No más niña, no de nadie, nunca sola, nunca triste, nunca arrumbada, nunca perdida, nunca algo doloroso, nunca otra vez niña perdida, nunca, ya, nada de lo que te recuerde la temporada en la que dejaste de ser niña para ya no serlo de nuevo. Nunca un sentimiento de abandono, pero tampoco alegre, ya no tierna ni dolorida, ya no nada ni algo, ya no hija y jamás madre, ya no amante ni niña caricia, ya no consuelo de los moribundos; ya eres moribunda y frágil sin consuelo.

Me dueles porque ya no ha de estar tu sonrisita entre tu pelo, me lastima porque, cuando te encuentre, ya vendrás adolorida y cansada, ya no niña, ya no joven, ya no tranquila ni calmada; ya no tanto de lo que eras. No te vayas a quedar en un rinconcito de tu casa,  permíteme verte de a ratitos, aunque no me recuerdes, para llevarte en mis brazos: afirmar con un beso, siquiera, el amor que te tengo tan guardado en mi pecho por tu cansancio.

Acepta y verás un poquito de lo que te has perdido, porque sé que ya viste mucho y, de lo que te enseñe, ya no admirarás nada. Sólo déjame enseñarte que, cuando te encuentre, estarás tranquilita con la paz en ambas manos o lo que te quede de ellas, no importa. ¿Tendrás paz si te doy todo lo mío? Sólo no me pidas que me pierda porque nadie me buscaría.

Confío en que no sea cierto esto que pienso cuando te encuentre y te acuerdes de mi muerte cuando te perdiste. Hazme ver que ya estamos para amarnos, para esperar la muerte juntos y callarnos. Nuevos, nuevecitos, como cuando éramos chiquillos, siempre, hasta que te (me) encuentre.

 Valeria Ramírez Bazán (México, D.F.; 1993). Cursa la carrera de Lengua y Literaturas Hispánicas, tiene inclinación hacia la literatura mexicana del siglo XX. Le apasiona la poesía y espera se llame así lo que escribe cuando organiza sus demonios. Participó en el Primer Coloquio de Minificción de la Facultad de Filosofía y Letras, al igual que en la Fiesta del Libro y la Rosa de la FES Zaragoza.

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