Muerte Amarilla

Por Karime Mendoza

La habitación estaba silenciosa, nada vivo parecía encontrarse allí. Ella sabía que en el patio, aparte de las diminutas gotas de la brisa nocturna, el cielo resplandecía con miles de espacios brillantes y diminutos, imaginaba que era la distancia la causante de su pequeño tamaño.

Estaba nerviosa, agobiada, estresada y varias ideas se esparcían por su mente, cada una bailaba a un ritmo distinto. Necesitaba su remedio diario: su café. La imagen de ella levantándose de su cómoda cama, para calentar su medicamento, le causó conflicto, pues tomar la decisión de pararse es de las cosas más complicadas que existen, pero también estaba el hecho de que no soportaba el café frío.

Así, mientras ella preparaba el brebaje nocturno que le ayudaría a reconfortar la nostalgia producida por el extraño murmullo de las estrellas, un intruso violó la tranquilidad  de su hogar.

Sintió una lenta y violenta respiración en la nuca, cuando quiso voltear, un puñal le atravesó el costado derecho. El malestar físico se apoderó de su cuerpo.

Los miles de pensamientos que no lograba controlar en ese segundo se tranquilizaron, pero como el dolor despierta las ideas, sintió que todas se saldrían de su cabeza, haciéndola estallar.

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El café comenzaba a hervir.

Cayó de rodillas, tocando su costado y sintiendo la caliente sangre drenar sobre sus piernas. Volteó y su mirada, con gran dificultad, logró enfocar a su asesino. Su asesino, pues ella presintió que esa noche moriría.

No sabía si era la nublada visión a causa del dolor lo que le impedía verlo con claridad, o era el mismo ente con sus características etéreas el que malograba su vista.

Una sombra impalpable, volátil, vaporosa. ¡Era un fantasma!

Un fantasma que sonreía…

Él tomó la taza que esperaba en la cocina fuera llenada con café. Sirvió el humeante veneno e introdujo el cuchillo ensangrentado de su víctima, en el brebaje. Revolvió ambos fluidos, como si el rojizo elixir fuera azúcar.

Cerró los ojos y bebió. Al terminar exclamó: ¡Excelente café! Es perfecto.

Y ella bajó sus párpados, cobijando los ojos, sin haber bebido del delicioso líquido.

Karimé Mendoza (Ciudad de México, 1993). Estudiante de Psicología de la FES Iztacala.  Siempre en busca de la pulsión de muerte, por eso lee a autores melancólico, vive en la ironía ya que la pulsión de vida apuesta por la palabra, y qué es ella si no eso.

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