El péndulo en Shopenhauer y O. Henry: entre el dolor y el aburrimiento.

Por Mariana Uribe

El tedio, el pegajoso tedio, el tedio que te envuelve, que te hace rascarte la nuca nerviosamente y con fruición, y que te arroja a la calle sin rumbo fijo; es, según Walter Benjamin, una de las características más comunes y significativas del grupo etario de adinerados del siglo XIX. Personajes con herencia, dotados de estabilidad social y económica por sus padres y abuelos, se convierten en flâneurs, observadores y relatores de detalles de la gente y de las calles por las que pasean.
Schopenhauer, que escribía en la misma época, hace ensayo acerca del hombre como Voluntad, argumentando en El mundo como voluntad y representación que “la vida oscila entre el dolor y el aburrimiento” y que dichos extremos son el mejor motor para la vida del hombre. Hay, entonces, sólo dos posibles maneras de vivir: careciendo y trabajando para suplir necesidades básicas o viviendo en medio del hastío, “así como la necesidad es el látigo del pueblo, el tedio lo es de las gentes principales”.
La última opción –es decir, vivir en medio del hastío– se convierte, para el adinerado del XIX en la única opción, pues inmerso en una realidad sin carencias ni deseos incumplidos, pierde el camino y las razones para vivir. Termina vagando día y noche por las calles de su tierra, buscando los placeres del arte, frecuentando a otras personas. Los hombres se transformarían, dice el filósofo, en “espectadores desinteresados”.
Es posible encontrar ejemplos de lo anteriormente dicho, no sólo si se dirige la vista hacia los autores de aquel siglo, sino que estos “elementos constitutivos” están también presentes en la literatura romántica. Tal es el caso de El péndulo de O. Henry (1862-1910), en el que la vida de su protagonista oscila, precisamente, entre el hastío y el dolor a lo largo del cuento. El protagonista, John Perkins, es descrito por el autor como un recién casado, empleado y como alguien a quién cuya monótona vida lo empuja diariamente a la vagancia (flânerie) y a las visitas nocturnas al café McClosey para frecuentar a sus conocidos.
La aburrida vida y la tranquilidad de John Perkins sólo se ve turbada ante la repentina desaparición de su esposa, ante el abandono.
En el curso de las meditaciones y el devaneo de Perkins, es el deseo de ver de vuelta a su esposa lo que lo hace llegar, de su estado aparentemente permanente en la zona del hastío, a la zona de las necesidades y del dolor. Sin embargo, la ausencia de Katy es sólo momentánea y Perkins vuelve a su estado natural y a su lugar en el mundo en el café McClosey. Entonces es posible ver dibujada en la trama del cuento la figura que le da título: el péndulo.

Pendulo
Otra obra del siglo, que también viene al caso, es El pozo y el péndulo de Edgar Allan Poe, que tiene en común, algo más que el título con el texto de O. Henry ya mencionado. El cuento, uno de los más famosos del escritor norteamericano, narra acerca de un personaje inmerso en la época de las Guerras Napoleónicas, a quien la inquisición ha apresado y mantiene cautivo en una oscura celda de tortura. A lo largo de la trama, volvemos a observar nítidamente la figura del péndulo en las divagaciones del personaje, que se debate entre la vida y la muerte en medio de la oscuridad y el terror.
Schopenhauer, también en El mundo como voluntad y representación escribe al respecto y argumenta que la vida no es sino una lucha constante por su existencia misma y que, no obstante, “lo que les hace (a los hombres) persistir en este fatigosa lucha, no es tanto el amor a la vida como el temor a la muerte”; en el caso del prisionero de la inquisición no es tanto el amor a la vida, que corta como una navaja en un péndulo que cuelga del techo de la celda, como el temor a la muerte en el pozo. Es por eso que el protagonista del cuento opta por la caía, por morir en él.
Para finalizar, es posible citar nuevamente unas líneas del filósofo alemán, las cuales explican incluso, por qué el infierno de Dante es mucho más interesante de leer que el paraíso mismo pues, dice Schopenhauer, que “habiendo puesto en el infierno todos los dolores y tormentos, no se ha dejado para el cielo más que el aburrimiento”.

Mariana Uribe Salinas, 1995, Querétaro, Qro. México.
Estudiante de la licenciatura en Estudios Literarios de la Universidad Autónoma de Querétaro. Ha colaborado como ponente y presentadora en diversos congresos nacionales de literatura y lingüística, y coordinado círculos de lectura para estudiantes. Editora y escritora de la Revista literaria Aeroletras.

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