Cuadrado negro sobre fondo blanco. A propósito de la Vanguardia rusa

 

  • Y ese cuadrado negro sobre fondo blanco, ¿es la obra representativa de la vanguardia rusa?

 

El miércoles 18 de noviembre, en el Aula Magna de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, dio inicio el Coloquio Internacional Los saberes en la modernidad. En la mesa titulada: Los saberes evasivos del arte contemporáneo, se apreció la plática del Dr. Jorge Juanes, filósofo y crítico de arte, asesor curatorial de la exposición Vanguardia rusa. El vértigo del fututo, ubicada en el Museo del Palacio de Bellas Artes (del 22 de octubre de 2015 al 31 de enero de 2016), con su charla: A propósito de la diferencia del arte contemporáneo.

Al dar inicio se expuso, tras la mesa, una imagen que no decía nada. Apareció ahí como un elemento con forma y fondo más sin sentido aparente alguno. Quizá, era una imagen preámbulo para mostrar el resto de los cuadros, quizá, era un error que tampoco tenía importancia. Lejano a cualquier idea, el Dr. Jorge Juanes hizo mención al respecto y era que, dicha imagen, un cuadrado negro sobre fondo blanco, sería el punto central de su exposición.

Resucitar a Erwin Panofsky, en esta ocasión, nos permitirá ahondar un poco a propósito del cuadro, pero, sin ir más allá, se citarán algunos fragmentos del Manifiesto Suprematista, publicado en 1915 y escrito por el poeta Vladimir Maiakovsky y Kasimir Malévich, autor de la obra protagonista de este escrito, el cual permitirá comprender, de mano del pintor, el significado de tal extrañeza a ojos ajenos.

Antes de dar comienzo, hay algunos aspectos que será necesario precisar; primero, el Suprematismo es un movimiento artístico proveniente de Rusia enfocado a las formas geométricas, el cual busca, sin más, “la supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas”, según Malévich. Segundo, la obra Cuadrado negro sobre fondo blanco fue elaborada en 1913, dos años antes del manifiesto y cuatro años antes de la Revolución soviética. La comprensión de la obra en este contexto es uno de los rasgos de su importancia, aunada, claro, a la forma, el fondo y el porqué de la obra por sí misma.

El título dice todo porque eso es, básicamente, lo que se ve. No hay mayor complejidad entre el título y la obra,  no obstante, siguiendo la fórmula de Panofsky, los aspectos a observar, para un mayor entendimiento de la pintura, son: primero, el análisis formal – o pre-iconográfico-, es decir, los elementos básicos de composición: Un cuadro negro sobre fondo blanco. Después, siguiendo la dinámica, está el análisis iconográfico, representado en símbolos, atributos y elementos propios de la pintura: Un cuadro negro sobre un fondo blanco. Posteriormente, viene la resolución final, o sea, el análisis iconográfico, en otros términos, las situaciones políticas y sociales de la época en la que fue elaborada y su figuración en ello: Un cuadro negro sobre fondo blanco, cuatro años antes de la Revolución soviética o, panorámicamente, un año antes de la Primera Guerra Mundial.

Sin duda, tampoco fue entendida en su tiempo: “Se perdió todo lo que habíamos amado. Estamos en un desierto. ¡Lo que tenemos ante nosotros no es más que un cuadrado negro sobre fondo blanco!”, escribió Malévich, sobre las críticas recibidas, en la primera página del manifiesto. Pero qué vanguardia artística, al menos durante el siglo XX, lo es. Tal frase podría extrapolarse a otros estilos (Cubismo, Surrealismo o Fauvismo, por ejemplo) y dar el mismo resultado. Entender las posibilidades del arte puede ocasionar pequeñas perturbaciones, “…Pero no se podía esperar otra cosa”, remata el pintor. Y así ocurrió.

El arte, parafraseando al Dr. Jorge Juanes, es la idea bajo forma sensible. Esta sea, tal vez, la fórmula básica del Suprematismo o, al menos, la que justifica su acto y, por lo tanto, un cuadrado se convierte en la posibilidad inmediata carente de referencias del mundo real: “Ya no hay imágenes de la realidad, ya no hay representaciones ideales; ¡no queda más que un desierto!”. Y, ante ese desierto, el cuadrado es más que la primera impresión:

“Lo que yo expuse no era un “cuadro vacío”, sino la percepción de la inobjetividad. Reconocí que la cosa y la representación habían sido tomadas por la imagen misma de la sensibilidad y comprendí la falsedad del mundo de la voluntad y de la representación. La botella de leche, ¿es el símbolo de la leche?”. En pocas palabras, es la autonomía de la interpretación lo que simboliza la pintura.

Con aquella charla en el Aula Magna, la imagen de la pintura cobró sentido. Apareció como un modelo vacío y se reencontró en el transcurso con el público que, atento, percibió el símbolo de la sensibilidad. Por último, con esta frase inolvidable, el Dr. Jorge Juanes  concluyó la exposición: “La verdadera revolución no estaba en Lenin ni en Trotsky, sino en las vanguardias artísticas. Vivo la libertad, vivo la creatividad”.

Entonces, observar Cuadrado negro sobre fondo blanco tiene más significado y sentido que, simplemente, observar un cuadrado negro sobre un fondo blanco.

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