Mägo (re)enseña el fin del camino

unnamedPor Gablot ier Van

El pasado 2 de diciembre, en el Pabellón del Palacio de los Deportes (D.F.), la banda Mägo de Oz presentó en concierto el material completo del Finisterra Ópera Rock, álbum que originalmente grabaron en el 2000 y que reeditaron por el 15 aniversario del disco.

Desde el estacionamiento del Palacio de los Deportes se podía escuchar el rugido de la multitud que entonaba el coro de “Hasta que el cuerpo aguante”. El bramido anticipaba una multitud en oleaje de empujones y risas. El Pabellón se llenó conforme avanzaba la noche. El concierto estaba planeado a la vieja escuela: un agujero de rock simulado por un local de láminas donde se acumulaba el calor de los asistentes obligados a estar de pie o tirados en el suelo; desentonaban los vendedores de cerveza y pizzas con su uniforme tipo frac que intentaban pasar entre la gente.

 El concierto inició con Zenobia, una banda de power metal también originaria de España. Entre la multitud había fanáticos de esta agrupación que desde el primer acorde agitaron las melenas. La banda, consciente de que quizá para muchos era una desconocida, guió al público con la letra de las canciones. Presentaron temas como “La fiebre del oro”, “El sueño de un loco”, “Una de piratas” y “Lo llevo en la sangre”. El vocalista se caracterizó de Hitler (si no lo menciona, uno no se percataba de ello) precisamente para presentar el segundo tema aquí enlistado. La agrupación tiene una clara inclinación por la protesta sin caer en lo panfletario; retoma un ese elemento básico del rock y otros temas usuales como la fiesta o la reafirmación de la identidad rebelde y contestataria.

Zenobia dejó un público encendido y ansioso; la espera para la aparición del grupo principal parecía eterna mientras el staff daba los últimos arreglos a los cables, los instrumentos y las bocinas.

Cuando, por fin, subieron a escena los protagonistas, la multitud se unió en un rugido furioso con las manos levantadas haciendo la señal de los cuernos.

La canción de apertura, Satania, fue la advertencia de cómo sería la noche: trepidante, sin respiros, sin bajar los brazos, sin dejar de bailar. Los únicos descansos que permitió la banda al público fueron, si acaso, Duerme y Es hora de marchar, porque aún en Maite Zaitut y La danza del fuego, el suelo no paro de vibrar.

Como era de esperarse, los momentos cumbre del concierto fueron “Fiesta Pagana” y “Finisterra” dos canciones que (tristemente), a pesar de los años, suenan muy actuales. La primera, una exhortación a llevar la contraria a un sistema opresor y ladrón; la segunda, una sentencia causada, principalmente, por la avaricia y el egoísmo humanos: “En Satania estás, es el fin del camino”.

Mägo cumplió. La promoción decía que tocarían el álbum completo de Finisterra y lo hicieron, con sus bemoles; algunas canciones fueron recortadas para que el sonido y la audiencia no perdieran el ritmo acelerado. Las canciones más emblemáticas del disco, Satania, Fiesta Pagana, Hasta que el cuerpo aguante, Astaroth y Finisterra no quedaron a deber. Quizá, lo único que le faltó a ese concierto fue vislumbrar, si quiera de lejos, los entrañables Molinos de Viento en el encore.

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