Sealtiel Alatriste. De plagios, plagios y perversiones

“(…) malas lenguas daban en decir que mi padre metía el dos de bastos para sacar el as de oros” – Quevedo, Vida del buscón llamado don Pablos (1626).

Plagiar es un robo, dicen. Un acto deplorable en la época de la autoría y la licencia.  Del derecho legítimo del reconocimiento de lo creado. Plagiar es, a su vez, un acto que nos ha dejado  obras literarias o cinematográficas de consideración, transgrediendo los límites de la creación.

Dentro del mundo del plagio, está el que acusa. Sin acusador no hay plagio, es decir, que la ignorancia nos quita adjetivos porque no se nos evidencia y, entonces, pasa de largo y ocurre que el crimen fue perfecto.

También, es cierto que el término plagio es ambiguo, no en su definición, sino en la forma de abordarlo y de salirse por los resquicios del mismo otorgándole términos menos dolosos, defendible el acto si se le justifica adecuadamente. Los caminos son abruptos y el terreno queda, vagamente, entre el homenaje, la influencia, inspiración o intertextualidad, todas válidas aunque también sirvan como escudo para el plagiario evidenciado.

En el mundo literario, las acusaciones hacia ciertos autores no son pocas: Camilo José Cela, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, José Saramago, son sólo algunos de los que han sido incrustados en el acto del robo. Algunos sin elementos, otros con referencias poco claras para ser llamadas copias, incluso rebuscadas y, otros más, con pruebas que lo avalan.

Así se habla de Sealtiel Alatriste, escritor y editor, quien fue acusado por Guillermo Sheridan en su artículo Un premio mal habido, a raíz del premio Xavier Villaurrutia, otorgado a Sealtiel en el año 2011. Las acusaciones fueron claras, pasando a cuestionar no sólo al autor del plagio sino a un sistema académico y cultural en su mal funcionamiento. Sin embargo, la acusación no ha sido la única, ya en 2005 y 2008, por Teófila Huerta Moreno y Letras Libres, respectivamente, según anuncia la revista Proceso en su artículo: Sealtiel Alatriste: crónica de una caída, Sealtiel ha sido señalado al respecto, tomando cartas en el asunto, más por cuestiones mediáticas que por razones éticas. El debate no se hizo esperar, aunado a las acusaciones en el Colegio de San Luis o en la Universidad Michoacana sobre plagio, el tema ha cobrado relevancia por el número significativo de personas acusadas y, claramente, con comprobación del acto. La crítica aún más detallada hacia el modelo académico y las instituciones que lo conforman se han vuelto preocupantes y, cabría la cuestión, ¿es sólo el acto individual de plagiar o hay algo más de fondo?

Y así, el mundo del plagio gira.

ensarJuan Villoro menciona que, según Michel Foucault, “los libros comenzaron a firmarse por una moción de censura, para facilitar la tarea de detectar al culpable de las ideas” y así el plagio sería un acto de ¿rebeldía? ¿Un acto para confundir a los censores? La autoría no tenía mayor crédito sino sólo por fines de control, originalmente, más que sólo de valor creativo individual. La tradición oral, relatos transmitidos de generación en generación, cada uno con un poco del lugar donde se dice, no tiene mayor pertenencia que de quien se apropiaba de él al enunciarlo, para ser devuelto al público. Si bien, la autoría y los derechos de autor funcionan en su tiempo, pues es imposible tener que limitarnos a un pasado para ejercer acciones éticas al presente –como citar a Cervantes como plagiario-, el plagio se convierte en una simple vileza, la falta de creatividad y el despojo de lo que a otros pertenece, ¿les suena? La necesidad de apropiación de un conocimiento va más allá de una búsqueda del yo en posesión, sino de la valoración de lo propio que, extrapolado a otros fenómenos ajenos a lo literario, cobran mayor fuerza: despojo de tierras ante la falta de elementos jurídicos que lo avalen como propio, conocimientos ancestrales que son apropiados por farmacéuticas para la elaboración de medicamentes incluso, el robo de prendas oaxaqueñas para actos de moda europeos. La propiedad se ha convertido en un ataque y en una defensa que habrá que pensar en su justa medida, de lo macro a lo micro, la fórmula es la misma.

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