TRES TRISTES ESCRITORES: PRIMERO EL PORNO DE WELSH

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En 1991 se publica la novela American Psycho de Bret Easton Ellis; en 1996 Chuck Palahniuk nos sacude el cráneo con Fight Club. En medio de aquellas, 1993, Irvine Welsh nos arroja un feroz Trainspoiting. Es la trilogía maldita de la ficción transgresiva; todas ellas por cierto, llevadas al cine.

Y, ¿por qué nos importarían tanto algunas películas más sacadas de los libros? Sucede cada año, producciones infames que te joden un buen libro, y que terminan siendo blockbusters cuya única finalidad es agrandar las cifras y las carteras. Este no fue el caso.

En American Psycho podemos recordar la fabulosa interpretación de Christian Bale como Patrick Bateman, además de poder ver como despedazaba a Jared Leto con un hacha a ritmo de “hip to be square”. El Club de la Pelea representa una de las mejores interpretaciones de Brad Pitt, Helena Bonham Carter, y Edward Norton, y un espectacular final acompañado por The Pixies; así también se conviertió en todo un fenómeno en el planeta. Y para el caso de Trainspointing, fue el paso que llevó a la fama a a Ewan McGregor. Nos importarían entonces por ser piezas icónicas de la cinematografía. No.

3 historias que para nada son idénticas, sin embargo su estilo e
s fraternal, el estilo de sus autores: Welsh, Palahniuk, Easton. Feroces escritores que no dejan de recordarnos la constante analogía de Bukowski sobre la escritura: un combate de peso pesado. Autores cuyas palabras parecen rodear la inmundicia de esto que llamamos social, su derrotero es una cuerda de salto que golpea furiosa contra el lector; y aquella causa que pareciera un mordaz acto reflexivo contra la cultura aterriza en el individuo, le recuerda que su mierda sigue muy dentro de él. Que es parte de esto. Quizás lo somos; quizás no y en realidad somos unos maravilloso y únicos copos de nieve y nos debemos limitar a sentir asco y tristeza por quienes no poseen un nivel moral e intelectual tan alto como el nuestro. Quizas podemos reformar el
mundo siendo nosotros el cambio, equisde. Quizás nos gustaría que nuestro mejor amigo nos haga renunciar a nuestro estable empleo para ir por ahí demoliendo edificios. Quizás volverse un yonki de mierda no sea tan malo.

Quizás debemos tener en cuenta que la historia de Rent Boy, Sick Boy y compañía no es sólo Trainspointing. Irvine Welsh fue de los estelares del “cartel” de la FIL Guadalajara 2015, uno de los motivos fue la presentación en español del “La vida sexual de la gemelas siamesas”, su más reciente novela (además del mezcal, bebida que fascina al escoses; radicado en Miami y Chicago lamenta que sea tan difícil de conseguir en E.E.U.U.). Justamente hace un año se presentaba la versión en español de Skagboys, precuela de la ya canónica Trainspointing. Al mismo tiempo anunciaba que la secuela de esta será filmada en Julio próximo para ver su estreno a finales de año, hablo de su novela “Porno”.  Lo dicho, Trainspointing aparece como un picotazo en la vena social, muy en específico de la clase trabajadora de Escocia, de sus barrios bajos. El universo de Welsh logra meterte en aquellas calles grises de Leith, no sólo por la narrativa de hastío, desencanto y apatía, su prosa fonética al estilo de Louis Ferdinand Celine –maestro del patetismo francés –llena las hojas de agilidad callejera, haciendo uso de los regionalismo escoceses. A pesar de estos elementos las críticas apuntan a que Porno, sin dejar de ser excelente, no está a la altura de Trainspointing por el simple hecho de sólo ser una secuela y dejar de lado aquella subversión de la obra que “debería vender más ejemplares que la biblia”.

Los críticos son irrefutables, es lo que ellos mismos se han empeñado en vender una y otra cochina vez. Así que tenemos a los canónicos ortodoxos y dogmáticos doctos en hacerla de a pedo: el artista, rigurosamente, debe ser el reflejo de su sociedad, sólo así están justificadas las leperadas, las drogas, el sexo, y demás elementos “destructivos” de nuestra sociedad; de otra forma sólo eres un obsceno escribiendo marranadas. Ya se los dije, sería jodidamente fácil verlo desde afuera, y salir limpio de esas marranadas. ¿Dónde quedan entonces las palabras de Carlos Fuentes? El artista no refleja la realidad, la crea. O como el mismo Welsh dijo en Guadalajara “Me gusta escribir sobre la desconexión entre lo que esperamos, que es todo, y lo que en realidad podemos tener, que cada vez se restringe más”.  La finalidad de la creación artística es crear más arte, tan simple como eso. La forma en que lo hace no es otra que la confrontación de la belleza y el horror. Sin horror no hay hermosura, y dicho error es lo más básico a lo que se ha enfrentado el humano, miedo. Miedo a no entender, miedo a saber que lo que siente en sus tripas es real, miedo a que la realidad que mira no es como tal, y se le ha presentado alguna otra posibilidad y ahora es un extranjero dentro de su propia mirada. El arte crea una nueva posibilidad de interpretación, y su agresividad está en función del agresor. Así que joder con que una obra no es excelsa sólo porque su temática va de unos exdrogatas en medio de una producción porno amateur.

Los nobel de los últimos años se han caracterizado por todo lo contrario, obras perfectas sobre temas que no sabíamos que existen, sobre gente tan distante que parece ser usada como un mal comercial de la UNESCO –una nueva forma de discriminación políticamente correcta –pero sazonada por un humanismo objetivo (¿eso se puede?) tan hermético que no te permite abrir la boca; las obras maestras de nuestros días son enciclopedias seudoromantizadas que forman parte de las bases para las políticas públicas y mundiales. Así el escritor demuestra que su arte es ÚTIL. Desde luego, es un arte elitista. ¿Aún es arte? Podemos tomar una hebra del imaginario colectivo, ver a un erudito en su inmensa biblioteca recostado en un buen sofá ante la chimenea encendida sosteniendo un libro grueso empolvado, y empastado en piel. Y puede ser que el colectivo no se equivoque, y las obras maestras de hoy son para esos sujetos. El hombre de al lado tiene futbol. El término ficción transgresiva comenzó a usarse como un adjetivo de exclusión, sus temáticas no eran las exigidas, son explícitas, no es correcto. El “arte” oficial entonces es aquel que crea un mundo lejano, aquel que puedo mirar tranquilamente, el que no me mueve  los intestinos, un mundo donde no soy yo. Además nos permite formar parte de la bondad de nuestro mundo rebuznante rebosante de alegría e igualdad y shalalala J equisde, donde todos podemos cubrir nuestras faltas. Moriremos gordos y felices junto a algún vomitorium de un inevitable banquete entonces.

La gente, la gente de verdad, la que te topas en la parada de camión, en el metro, tu jefe, tu madre, se han cansado, y los 90’s lo demostraron. Los golpes tecnológicos y las nuevas políticas nos lo han hecho olvidar. Y el olvido no es más que aquella caja de debajo de la cama. Lo único que ha pasado es que no nos es permitido vomitar después de tragar. Así que entramos en aquella bonanza, la dolce vita, dónde no es necesario quejarnos. Algo así como cerdos tragando cerdos. Y tal vez ese sea el método,  hastiarnos de las golosinas y forzar una nueva vomitona. Algo que Welsh sabe manejar a la perfección en la mencionada “La vida sexual de las gemelas siamesas”; nuestro Shangri La de salud y libertad nos deja de frente con nuestra humanidad. Como especie nos recordamos el mantra dominante “sé tú mismo”, y ya es posible, la pregunta es si en verdad estamos dispuestos a abrirnos el pecho y dejar salir, la cosa se pone más emocionante cuando tras de toda rebeldía y estridencia, lo último en salir es un pequeño enorme hueco. El mismo autor afirmó en la FIL cuanto le debe a sus adicciones y obsesiones. Y no sólo a estas, sino a esta cosa que vivimos, la cual llamó “…el momento más emocionante del mundo, la economía y la sociedad están cambiando…”.  Para él, nuestra época no es más que el augurio de algo que intenta sobreponerse a su propio tiempo.

Habrá que transgredirnos tan profundamente que demos paso a una nueva estética, y esta no es más –que si bien ya es ahora absurdo decir que es un abrir de ojos, o un despertar de consciencia –que mover la cabeza y mirar desde otra vista.

De Welsh se espera la futura publicación de A Decent Ride y The Blade Artist.

ponno

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