TRES TRISTES ESCRITORES: 2, PSICOPATA Y PATRIOTA, BRET EASTON ELLIS

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“All it comes down to is this: I feel like shit but look great.”
― Bret Easton Ellis, American Psycho

 

Tu jefe es un grandísimo animal, tu pareja es una zorra, el tráfico te revienta las pelotas, y si una sola vez más tienes que soportar un alto, o al tío del microbús que maneja del orto, es posible que revientes. No sólo es posible, ya lo haces. Llegas a tu casa y destapas una botella de un asqueroso brandy y das un buen trago, uno grande de verdad. Otras veces golpeas a tu esposa o a tus hijos, te acuestas con la chacha, fantaseas con cortarle los testículos a tu supervisor, o bebes té chai y realizas alguna meditación. 45 minutos en el gordodromo o gimnasio te pueden caer muy bien. Habrá quienes buscan un par de lindas piernas donde pasar la noche. Otros quizás nos desahogamos gritando al televisor cuando la temporada de los Dallas Cowboys se ha ido al retrete; Patrick Bateman asesina prostitutas. Putas caras. Otras veces vagos. Otras, perros, taxistas, colegas. Él no necesita el gimnasio, en su departamento de New York tiene todo lo necesario para tornear su cuerpo, comerá en los mejores lugares (tal vez no en Dorsia), beberá en sitios caros cuyos sanitarios están adornados con grafitis donde amenazan de muerte a los yuppies. Cocaína y Xanax estarán muy bien. Crema exfoliante y algo para el cabello, ya está. Después, Patrick Bateman tendrá que regresar algunos videos rentados.

Patrick Bateman podrá hacer todo aquello si quiere, no por aliviarse de la presión de ser un opulente consumado, sólo lo hace. Él no necesita cerrar los ojos del desquicio homogéneo de lo ordinario. Nadie lo necesita, escapar de uno no es opción. Y esa es la apuesta de Bret Easton Ellis, “No hay salida”, un perfecto final para su obra magna, American Psycho. Una magnífica respuesta, sin embargo, nos queda mejor sospechar la pregunta. ¿Salida a qué? Tú eres una persona funcionalmente normal; no, eso tampoco está bien visto, hoy nos gusta llamarnos locos, paridos por Poe, y nos creemos en la luna pero sin mirar aquel cielo lleno de vacío oscuro. Hacemos a un lado al normal, eso no está chido, como si el “normal” no pudiera reventar en cualquier momento; tiempo atrás la locura era algo satánico, mujeres muertas por la iglesia y la inquisición, leprosos abandonados en fortalezas flotantes, epilépticos e histéricas torturados en las casas de la sanidad mental. Hoy lo locos se jactan de ello en feisbuc, tuiter, instagram, lo que sea los cojones que se inventen después. Y parece que ahora la tierra pare lunáticos. Recordando un poco la “Defensa a la intolerancia” de Zizek, pareciera en realidad que el alienado es el vecino de alado, el tipo normal, y sorpresa, sois normales angelitos míos. La epidemia es creerse locos, la epidemia es la normalidad, la locura cotidiana, las cosas que nos parecen reales sólo porque como especie lo hemos decidido, creando reinos de la nada. Nuestra propia ideología, aquel discursito que defendemos hasta los huesos, una vez fuera de nuestras manos, puede ser una de las más grandes locuras de la humanidad. Ese desquicio acelerado es la trama principal de Bret Easton Ellis, un asunto, que como expone en su Lunar Park, no excluye tampoco al que escribe.

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“Existe la idea de que un tal Patrick Bateman es una especie de abstracción. Porque yo no existo de verdad, sino sólo como ente, como algo ilusorio. Y aunque pueda ocultarte mi mirada fría, si me das la mano notarás que mi carne roza la tuya e incluso tal vez intuyas que es probable que tengamos estilos de vida parecidos, pero yo, sencillamente, no estoy”

La realidad del american dream pintada por Easton Ellis es algo de lo que el humano moderno puede estar orgulloso; vive para sí mismo, para cuidar de su cuerpo, cosechar con creces los frutos de su empleo, tener mujeres hermosas, preocuparse de los problemas tercermundistas y el terrorismo. La dolce vita. No hay nada a que salir. El juego de la supurante opulencia nos recuerda a las demandas de Nietzsche, y la bonanza buscada y obtenida por el hombre, en un frenético y egocéntrico intento de negar su condición de humano imperfecto, lo ha orillado a padecer su condición… de humano imperfecto. A saber, es el hastío de nuestra buenaventura. Nos llenamos de cosas, de gente, de conceptos, de palabrería, y encontramos tras ello que la plenitud fue un mal chiste, una promesa de borrachos. Estamos enojados, y nos matamos porque nadie lo sepa. Pasas por una persona bien, y si da el gatazo, entonces debe ser cierto. Este seudo esteticismo, que más bien raya en lo patético, no es para nada la revelación del hombre frente a un estado artístico, y la belleza actual ha sido sustituida por uniformidad y rutina. Todos podemos ser tipos trajeados y elegantes.

Tendemos a ver al psicópata como un asesino desalmado, sin embargo la psicopatía es mucho más cercana a nuestra persona de lo que queremos pensar. Basta un poco de alienación, alienación en sí mismo; es un tiempo maravilloso donde estamos bombardeados del sí mismo, cree en ti mismo, que sólo valga tu opinión, sólo tú, tú. ¿Qué pasa cuando el sí mismo por fin nos alcanza? En definitiva no llegamos a un conocimiento de la verdad mucho más profundo como fue el sueño de los filósofos modernos, el hombre conquistando la razón a través de su propia razón. Estos mismos personajes nos han dado cuenta de que la Verdad es una insondable profundidad, cierta persona francesa de academia asegura en uno de sus escritos que tratar de sacar algo de la verdad es como sumergir un vaso en un mar infinito, y mirar cómo se hunde. Esa ha sido nuestra terrible meta. Apuntar el intelecto del hombre tan alto que sus propios ojos parecen los de un extraño. Destruir será nuestra única forma de realización.

El enojo, la ambigüedad, y la apatía que tanto caracterizan a los personajes de Bret Easton Ellis, sólo nos permite asomarnos al mismo miedo no de un lector, ni de una persona, miedo de que, tras una colosal muralla formada de Yo, construido con y por retazos del reflejo de una esperanza estúpida de hombre y su sociedad, queda nada.

Del autor destacan Amrerican psycho, Menos que cero, Las leyes de atracción, Lunar park.

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