Se amputan piernas necrosadas y prejuicios rancios

Cuando me disponía a escribir este texto, mientras divagaba en torno al desmembramiento, pensé en las muchas horas que he pasado viendo accidentes y películas gore en Internet. No importa si se trata de un video falso o genuino, inevitablemente me pregunto qué se sentirá estar en el lugar de esos desconocidos que satisfacen mi morbo, y entonces me veo a mí misma en la pantalla con el peroné expuesto, o siendo despedazada por un perro.

    Sí, gracias a mi inevitable empatía, he sido desmembrada una y otra vez, de mil maneras distintas desde la comodidad de mi casa. Después, recuerdo algo que me decía mi abuelita: “agradece que no te falta nada, no te falta un brazo, una pierna, un ojo, no tienes pretextos para no hacer nada”.  Lo hago, pero mi agradecimiento se ve interrumpido cuando llega a mi mente una escena de esa película de Matthew Barney, Cremaster 3, en la que aparece la atleta y modelo Aimee Mullins caracterizada como leopardo, usando unas prótesis de piernas cuya forma es igual a las patas de un felino… ella no tiene piernas ni pretextos en su haber.

      Sin embargo, la palabra desmembramiento no sólo me hizo pensar en “Los peores accidentes de motociclistas”, o en una mujer cuya voluntad es mayor que la del promedio, sino en momentos en los que no es el cuerpo el que padece mutilaciones, sino las ideas. Imaginar la pérdida de cualquier parte del cuerpo provoca perturbación -lo anterior no aplica para quienes buscan amputarse un miembro, los apotemnofílicos-, lo mismo pasa ante la posibilidad de que una idea propia sea desnudada, cuestionada y desconfigurada por completo. Es natural defender las creencias, los gustos, etc., pero el temor de que éstos sean desmembrados, puede propiciar actitudes hostiles para evitarlo.

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      Por ejemplo, cuando yo tenía trece años, creía fervientemente que el black metal era mejor que cualquier otro género musical (en serio), no escuchaba otros puntos de vista, e incluso los atacaba. Durante esa época tenía una amiga, Andrea, que era fanática de Placebo, en ese año la banda había lanzado su álbum Meds, y ella se pasaba todo el día en la escuela cantando “Song to say goodbye”. Al escuchar esa canción sentía mi hígado retorcerse, la odiaba, y después de decir un par de maldiciones, me iba con otro grupito de personas a platicar. El problema era que me la pasaba yendo de un lado a otro, pues toda la música que escuchaban mis compañeros me parecía horrible e inferior; poco a poco me di cuenta de que casi no podía compartir cosas con ellos, y acepté que no era porque no conocieran el black metal, sino porque yo estaba pecando de obstinada; entonces dejé que me destrozaran el ideal. Así que de pronto me vi tarareando con Andrea esa canción que me parecía tan nefasta, y bailando “My humps” de los Black Eyed Peas con otras compañeras.

           En ese momento encontré placer en sentir mis ideas hechas jirones, porque tuve la posibilidad de reemplazar las piezas por otras completamente diferentes. Así como Aimee Mullins, que a veces usa prótesis para correr, después las cambia para salir en la pasarela, y lo vuelve a hacer para reencarnar en un ser completamente diferente; tras la mutilación de mis prejuicios, ahora escucho muchos géneros musicales, esperando conocer el efecto que provocan al embonar en mis pedazos.

                  Por supuesto que da miedo, y hasta puede resultar doloroso,  claro: ¿quién permanecería inmutable ante una amputación? La consecuencia de no permitir que las ideas sean desgarradas, aunque sea un poquito de vez en cuando, se ve reflejada en los numerosísimos discursos de odio que nos rodean, y basta con abrir Facebook para tener una pequeña prueba de ello: memes que insultan a las personas que escuchan cumbia, banda, reggaetón, bachata; que juzgan como ignorantes a quienes leen best sellers, o que tachan de nacos o lacras a los devotos de un santo.

             La palabra desmembramiento no necesariamente debe remitir a imposibilidades o limitaciones, también puede hacer pensar en oportunidades. La pérdida de un miembro impulsa a buscar distintas maneras de andar por la vida, así se haya sido despojado de un dedo, de una pierna, o de una idea.

Karina Zavaleta (México, D.F., 1992). Estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL-UNAM. Fue editora de revista Morbífica y miembro del comité organizador de la segunda edición de la Feria Interactiva de Revistas y Publicaciones Periódicas Independientes (FIRPPI) realizada en la FIL Zócalo 2014. Ganadora del primer torneo de poesía UACM-Verso Destierro (2015); ha publicado en diversas revistas literarias y colaborado en otras como periodista cultural.

 

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