TRES TRISTES ESCRITORES: CUATRO, GENERACIÓN COUPLAND

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Tierras áridas y secas, cielos cafés y de verdes asquerosos, parques de diversiones cuya mejor atracción es escavar en la basura, empresas que saben que aquello es la idea del siglo. No es el último fallout, ni ningún otro desquicio postapocalíptico: es la tierra prometida de la que fue la generación X. Dicha fue llamada así por la estridente novela del canadiense (nacido en Alemania) Douglas Coupland; un paraíso nada ficticio dónde los mejores pasatiempos son los centros comerciales de futilidad, mirar a los famosos entrar y salir de rehabilitación, soñar con un empleo jodidamente bien pagado y arreglarse el cabello.

Las obras fundamentales de Coupland, Generation X y Planet Shampoo giran en torno a la resaca del fracaso hippie, aquel espacio generacional de vacío de los años post love and peace resulta del frenético altruismo y de la fuerte manifestación y encausación hacia la conciencia social, donde ahora la gente está cansada y decepcionada, las personas más jóvenes sobre todo. La reinvención de los valores culminó en una fuerte apatía y hastío pintando el marco de los noventas, y hablando literariamente, decorando el escenario perfecto para la ficción transgresiva.

Que si bien la temática de esta literatura no es algo nuevo, ni su estilo soez, ni sus críticas culturales, Coupland se vale del pesimismo generalizado; muchos antes que él denunciaron el american dream como una chaqueta mental de pésimo gusto, sin embargo que el propio mundo se diese cuenta de ello de forma tan abierta, que los gringos colocaran los pies en la tierra de la nada y su evidente contagio al mundo, por no decir de otros fenómenos sociales en otras partes del mundo, ocasionó que a la generación en turno como que le valiera madre. Tal cual cuando un secreto a voces es contado públicamente.

Dios fracasó, el comunismo fracasó, la psicodelia fracasó, Woodstock, Altamont y Avándaro fracasaron, la democracia fracasó. Nunca el arte, este nace de la derrota y la falta. Si bien este estilo literario puede ser rastreado hasta Sade –pasando por Borroughs, Bataille, Lautrémont, Gigi –e incluso hasta la mítica maestra de la poesía erótica helénica Elefantis, se alimenta del desaliento americano (Henry O y Hank ya se habían encargado de exponer de una forma que nos recuerda a la caverna de Platón la farsa de la plenitud en la infértil tierra de la libertad; desaliento que no es exclusivo de los gringos, pues el latino también fracasó en su unicidad e identificación, un paso lógico y símbolo representante de nuestra hibridación, testigos literarios Pedro Juan Gutiérrez, Dany Salvatierra, Efraím Medin, y el atemporal Pablo Palacio, además de todo el McOndo y su alza contra el estereotipo de la literatura latina de palmera y machete) y su vehículo principal es un fuerte minimalismo y surrealismo a forma de sátira capaces de voltearte las tripas y estrellarte el cráneo.

elefantis_el_arte_del_erotismo
Qué mejor que una mujer, Elefantis, poetiza griega precursora de la literatura erótica y transgresiva. Actualmente sólo se sabe de ella por La vida de los Césares de Suetonio

Su fantasía es un recordatorio constante de nuestro absurdo y paranoia diarios, su ficción es el sueño encarnado de nuestra cotidianidad, y si retomamos las puntuaciones de Gille Deleuze sobre Kafka y la literatura menor, la esencia de la escritura como arte es la extrapolación del individuo a su estrato social, es decir la disolución del mismo para apuntalar que la persona es sólo un vil espejo; si todo aquello ha fallado, nuestras deidades son una parodia de sí y de nuestra ciencia queda un infomercial ¿Qué más muestra necesitamos de que la humanidad es una anomalía en el universo? Yo he fallado, y fallaré. No es necesario ser un docto en filosofía para llegar a tal conclusión, la década del grunge apestaba a tal pesimismo, a apatía, a hambre de aniquilación y reinvención. Su resultado: nuestro días ¿basta decir alguna otra cosa?

Para qué filosofar de más, basta cualquier cosa, fragmentos de días pasajeros, microrelatos insignificantes y desganados para con la trascendencia entretejidos por incidencias –las cuales ya no nos asombran-. Esa es la magia de Coupland, lo que abrió las puestas a un estilo que lleva siglo susurrando maldiciones a unos cuantos, y a pesar de que Bret Easton Ellis publicara primero su “Leyes de atracción”. De eso, 25 años.

Del legado del torbellino encabezado por Coupland no queda nada. Cierto autor español, y que tengo la desgracia de no recordar, afirmaba que los escritores malditos se han terminado, en parte porque aquella mística figura es ahora ocupada por los rockstars, sin embargo la actualidad ya no es sostén para un escritor, muchos han crecido y los que no, se dedican a escribir sobre relaciones de internet y seudohedonísmo. Dónde ha quedado la furia que Buk pregonaba en Así que quieres ser escritor. Ya no hay osadía, y la rebeldía es suplantada por el chairísmo. Los trotamundos son desplazados por Godínez, y las buenas historias han quedado en el olvido, si no hay buenos escritores hoy, es porque no tenemos de qué escribir. Y de las redes sociales no hablamos….

Sí esta época no es tan arriesgada como antes, es porque tal vez necesitamos nuevos golpes al hígado. Sangrar un poco más, amar otro poco. Asesinar, acariciar, besar, golpear, gritar. Mientras tanto, aquí el mencionado poema de Charles Bukowski.

“¿ASÍ QUE QUIERES SER ESCRITOR?” 

 Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo.

GNM
Douglas Coupland during a media tour of his latest exhibition at the Vancouver Art Gallery May 29, 2014. (John Lehmann/The Globe and Mail)
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