Arturo Meza | El poeta de ningún lugar

Por: David Álvarez / @DavidAlv1

En el rock mexicano, diversos grupos han ocupado un lugar consagrado en la música, siendo baluartes por su calidad artística en discos o escenarios. Decenas de agrupaciones y solistas vienen a la memoria para ser puestos sobre el pedestal, principalmente aquellos que han tenido mayor valor mediático en televisoras o radiodifusoras y que han sabido ganarse al público que, expectante, mantiene los oídos atentos.

Dentro del campo musical existen, también, artistas que han logrado posicionarse lejos de los reflectores de los medios de comunicación para ser, como mitos o leyendas, reconocidos sólo de voz en voz y de escenarios en escenarios. Agrupaciones que han grabado en oro su nombre y que han colocado al rock mexicano -lo que eso signifique-, más allá de las fronteras que la dividen.

Arturo Meza es uno de ellos; músico, poeta y compositor independiente, originario de Tocumbo, Michoacán, lugar de pescadores, nacido en 1956. Cuenta con 33 discos y 23 libros, sobresaliendo por  la musicalización de poemas de Rubén Darío, Jorge Luis Borges, Mario Santiago Papasquiaro, Julian Herbert, Nezahualcóyotl, Denise Levertov, entre otros, y enmarcado en lo que Rockdrigo González popularizó como el Rock rupestre, donde la guitarra, la armónica y la voz, bastan para atrapar los sentidos. Sin embargo, limitar la categoría musical de Arturo Meza es complicado, dada su experimentación con sonidos e instrumentos que le dan una tonada única a cada uno de los discos que ha producido, cuya diversidad va del folk al blues, de la música tradicional mexicana a la sinfónica y un largo etcétera, de la que destacan No vayamos a irnos sin el mar (1984), Sin título (1987), La Balada de Galaver (1993), Descalzos al Paraíso (1996), Criando Cuervos (1996), Borges: Homenaje en el centenario de su natalicio (1999), El 33 de este mes (2001) y La música escarlata (2007).

En el ámbito musical también hay tropelías, dicen, cometidas contra aquellos que, sin tanto barullo, se lanzan a la aventura musical independiente de la que sólo un pequeño sector logra apreciar en bares, cantinas, museos o eventos culturales de aquí o de allá. Y es cierto que estos artistas, refugiados entre callejones y cloacas, tampoco buscan algo más que hacer música, alejados por cuenta propia de la industria totalizante.

Arturo Meza es, y será, un referente de la música mexicana, el poeta de ningún lugar que estalla en vinilos, cassettes, CDs y Ipods, dejando en claro que, más allá del tiempo y las generaciones que fluyen, sigue dejando huella en los rincones, esquinas y avenidas donde se le escuche.

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