El capote de Gógol

 

Nikolái Vasílievich descarga (1)Gógolnació el 1 de abril de 1809, en Soróchintsi, Ucrania, la Pequeña Rusia. Su padre era un terrateniente de ascendencia cosaca y su madre una mujer muy religiosa. De él heredó su vocación literaria y de ella su misticismo y religiosidad, destacó por su afición a la literatura y la pintura. Su obra más conocida es probablemente Almas muertas, considerada por muchos como la primera novela rusa moderna.

 En 1829 publicó su primera obra literaria Hans Küfelgarten, con el pseudónimo de V. Alov. Fue un poema romántico que tuvo poca acogida y malas críticas, entre ellas, una devastadora en el Moscow Telegrah. Gógol quemó todos los ejemplares no vendidos. Este revés como escritor no le desmoralizó y al poco tiempo publicó una serie de relatos y traducciones. Empezó a moverse en un ambiente literario que le enriqueció culturalmente y le permitió entablar amistad con  Alexander Pushkin, un importante poeta, narrador y dramaturgo ruso, perteneciente al romanticismo, y autor entre otras de Boris Gudonov y La hija del capitán. Gógol escribió en 1831 Veladas en una granja de Dikanka, una serie de cuentos fantásticos en el que los personajes son cosacos, diablos o brujas. Pushkin escribió de esta obra:

” He terminado de leer Las veladas de Dikanka, ¡un libro asombroso! Aquí tienes diversión, diversión auténtica de la más franca especie sin nada en ella que sea sensiblero ni gazmoño. Y además…¿qué poesía, qué delicadeza de sentimiento en determinados pasajes! Todo ello es tan inusual en nuestra literatura que soy incapaz de sobreponerme.”

En 1832 escribió una segunda serie de relatos. Tuvieron mucho éxito de crítica y público. En 1834 fue nombrado catedrático de Historia General de la Universidad de San Petersburgo y apareció otra colección de relatos Mingorod en el que estaba incluida Viy, Terratenientes del viejo mundo y Taras Bulba, uno de sus grandes relatos, sobre la vida de los cosacos. Poco después apareció otro libro de cinco relatos, que algunos estudiosos llaman cuentos petersburgueses. Destacan de este libro historias tan conocidas como La nariz, El retrato y El capote.

Gélido invierno en Rusia. Sopla un viento helado. Un funcionario busca desesperadamente su capote para combatir las bajas temperaturas. Akaki Akákievich, un personaje que no es nadie y que podría ser cualquier persona que deambulara por la calle, intenta resguardarse del frío. Cuando consigue su ansiado abrigo sigue sintiendo frío: el invierno que lleva dentro es mucho más gélido que el mundo que le rodea.

Esta pequeña historia, publicada en 1842, tiene la virtud de las buenas novelas: que por ella no pasan los años. El capote refleja muy bien las características que fueron santo y seña de Nikolái Gógol: realismo (realismo crítico, para ser más exacta), sentido del humor, sátira y un toque de elementos fantásticos, posiblemente por eso es uno de los cuentos más conocidos del autor.
Nikoláis Gógol, para contarnos El capote, tira de familiaridad: te pone la mano en el hombro y se dirige a ti, lector, para presentarnos a Akaki Akákievich y su historia. Lo primero que engancha a esta lectura, además de esa familiaridad con la que te trata Gógol es el humor burlón y socarrón.
En este cuento podemos ver cómo a veces un pequeño relato puede contener muchas cualidades y ofrecernos muchas cosas, como por ejemplo ese duelo al que vamos a asistir entre la humildad y la soberbia. Injusticia social, alineación, aislamiento, invisibilidad, burocracia, materialismo… Son muchos los temas e interpretaciones que se pueden hacer de esta lectura y, ahí está lo grande, posiblemente todas sean válidas.
A algunas personas el infortunio les persigue, quizás no saben luchar, quizás consideren que no debiera de ser necesaria la disputa para que te respeten (y tendrían razón, no debiera de ser necesario, pero…). Pero el caso es que a estas personas, como nuestro Akaki, hasta los golpes de buena suerte les duran poco. Pero también podemos pensar que hay cosas por las que merece la pena levantarte y luchar. Y tal vez, Akaki se levante y se rebele.
Casi al finalizar, Gógol introduce un elemento fantástico. Y como es así de campechano, nos lo dice:
En definitiva, nuestro modesto relato, ya en su tramo final, adquiere de pronto, de manera inesperada, tintes fantásticos.
Hay que decir que estos toques fantásticos fueron una manera (en este y otros relatos de la época) de eludir la censura. Pero había que hacer justicia, así que si hay que recurrir a la fantasía para ello, se recurre. Antes fantástica y fantasiosa que injusta, faltaría más.
Distinguiéndose la familiaridad y el humor irónico  con realismo social, elementos fantásticos y formas de prosa no convencionales son la clave de la popularidad de las obras de Gógol. No le digamos novela, digamos cuento o relato, pero tan completo, entrañable y bien escrito… Dostoievski dijo que “Todos crecimos bajo El capote”, con lo que ya os podéis suponer la influencia que ha tenido este cuento en la literatura rusa (Gógol ya no hablaba de una Rusia imperial, sino de una Rusia con personas reales: simples funcionarios que no conocían otra cosa que trabajar y sobrevivir al día a día). Se lee en poco tiempo, con una mezcla de congoja por Akaki y de sonrisa en los labios. Este cuento es una genialidad de Gógol de gran calidad literaria. 
Así mismo, Gógol escribió en una época de censura política. Su uso de elementos fantásticos es, como en las fábulas de Esopo, una manera de burlar al censor. Algunos de los mejores escritores soviéticos también recurrieron a la fantasía por razones similares.

Gógol tuvo un impacto enorme y permanente en la literatura rusa. La influencia de Gógol se aprecia en escritores como Yevgeni Zamiatin, Mijaíl Bulgákov o Andréi Siniavsky(Abram Terts). La obra El Capote hace de base en el argumento de la película El buen nombre de Mira Nair en 2006.

Ilustracion-2-de-El-capote.jpg

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