La vecina de la muerte

“El género humano

no puede soportar tanta realidad”

Burnt Norton, T.S. Eliot

-Información de último minuto. Se le recuerda a la comunidad que antes de salir cierre puertas y ventanas.

Si a doña Lourdes le hubieran dicho que estaba a punto de presenciar un crimen jamás lo hubiera creído. No pensaba que observar las diferentes actividades de sus vecinos le fuera a representar un riesgo. Era un pasatiempo un tanto inocuo y bastante lúdico. Sus años de juventud habían pasado lento como las páginas de una novela romántica del siglo XVIII. Nunca se casó, sus relaciones se limitaban apenas en la amistad, a excepción de la compañía de dos gatos callejeros que muy de vez en cuando la visitaban y que gozaba bastante. Sin nadie en el mundo con quién pelear, reír o llorar, aprendió a disfrutar el calor de la soledad y del ruido del silencio. Su costumbre de tejer chambritas sentada frente a la ventana viendo la vida pasar le generaba una pequeña dosis de felicidad.

Su día empezaba a las ocho de la mañana, se levantaba por inercia y de inmediato preparaba un ligero almuerzo, encendía la televisión y escuchaba las noticias más relevantes. El índice de robos a casa-habitación ha ido en aumento y en especial en estas épocas del año… A las nueve de la mañana comenzaban sus quehaceres. Lo primero era barrer sus dos cuartos, la pequeña sala-comedor y por último ordenar la cocina. Entre la limpieza de su colección de ángeles de porcelana, el librero improvisado para acomodar algunas novelas policíacas que leyó de joven y la comida, le daban las doce. Era cuando iniciaba el verdadero ritual. Sentada frente a la ventana de su sala no podía perderse ni un mínimo detalle de lo que ocurría allá afuera. A pesar de su edad el sentido de la vista seguía siendo una maravilla de su generación, fácilmente podía distinguir el semblante molesto de doña Eva, quien para entonces regañaba a sus hijas por no hacer los quehaceres; apenas ladeando la cabeza, podía apreciar los diversos juegos infantiles de los nietos de doña Elvira Bermúdez.

-En otras noticias, una nueva víctima apareció esta madrugada. Las autoridades sospechan que todos estos casos han sido obra de un mismo actor intelectual…

Para doña Lourdes ya era normal el ver llegar a las doce del día al pequeño Édgar con su uniforme bien planchado pero bastante sucio, tomado de la mano de su madre Leticia Mendieta, la del ciento uno, del edificio B de la sección dieciocho, quien no paraba de regañarlo. A las dos de la tarde aparecía el señor Rafael del ciento dos, vecino de los Mendieta, maestro de secundaria, siempre con su saco negro en una mano y el portafolio gris en la otra. La olla de los frijoles negros de doña Elvira comenzaba a hervir a las tres en punto, hora en que Roldán, el señor del agua gritaba su ya conocida frase, «el agua Electro-pura».

-Las autoridades afirman que el presunto delincuente tiene un especial interés por asesinar a personas mayores, ya que al ser una parte de la población desprotegida resulta ser la segunda más vulnerable  solo después de los niños…

La-vecina-de-la-muerte2

El señor Benjamín había llegado a la zona residencial Galaxia hace apenas unos meses. Rentó el departamento del segundo piso del edificio B de la sección dieciocho, encima del profesor Rafael, el cual quedaba en paralelo frente del edificio G, donde vivía doña Lourdes. Lo único que separaba a ambas secciones era el camino de piedra por el cual transitaban los diversos inquilinos de ambos edificios. Los patios que existían al rededor eran usados como tendederos, salones de fiestas al aire libre o sencillamente como zona de recreo para los más pequeños.

La primera vez que doña Lourdes se fijó en la ventana del señor Benjamín pudo notar que solo vivía con su hija y una joven enfermera de pelo chino. La niña de unos siete años llevaba el pelo rubio peinado en dos colas, usaba un vestido azul con puntitos blancos almidonado que dejaba al descubierto unos brazos y unos pies inmóviles, la pobre sufría de parálisis cerebral. Doña Lourdes sintió compasión al ver las primeras tardes a la pequeña, olvidada por su desalmado padre y tener que estar postrada a una silla de ruedas. Al señor Benjamín la condición de su hija parecía no importarle, ya que la mayor parte del día no se veía rastro de él y por lo general regresaba entrada la noche. Daba la impresión de que evitaba cualquier contacto con ella, y sólo intercambiaba pequeños diálogos con la pálida enfermera.

No pasó mucho tiempo para que doña Lourdes por fin conociera al señor Benjamín. Lo encontró sin querer y cuando quiso evitar el desagradable momento era demasiado tarde. Venía del mercado cargada de bolsas con diversos artículos y justo cuando doblaba en la esquina de la base de taxis tropezó con él. Lo vio de frente  y un escalofrío recorrió su diminuto cuerpo. El hombre le causó mala espina. Era un tipo alto, que vestía de manera sencilla pero elegante. Llevaba un cigarrillo sin encender y parecía que tramaba algo. Tenía un rostro duro, como el de los tipos que andan metidos en malos pasos. De su ojo izquierdo se asomaba una nubosidad poco amigable. Él primero se disculpó y luego se presentó, incluso le quiso ayudar a cargar las bolsas del mandado, a lo que Doña Lourdes se negó rotundamente, argumentando que no quería ser una molestia y que a su edad no era del todo inútil. Desde esa vez doña Lourdes trataría de sólo salir para comprar lo indispensable. Su rutina de observar pegada a la ventana ya no era la misma, la tristeza la invadía cada vez que observaba a la pobre niña abandonada a su suerte. Quería hacer algo para ayudarla, pero no encontraba el modo de hacerlo.

-Según denuncias anónimas que han declarado a las autoridades que el asesino de viejitas es un hombre de complexión media, pelo corto, siempre de traje. Además de que elige a sus víctimas presentándose como trabajador social, enfermero del IMSS, o representante de cierto partido….

-Roldán, tengo que hacerle una pregunta.

-Dígame, Lulú ¿en qué puedo ayudarle?

-¿Alguna vez ha llevado agua al departamento del señor Benjamín?

-Achís, achís, ¿quién es el señor Benjamín, oiga?

-El nuevo vecino de la sección dieciocho, allí donde vive una niña con parálisis cerebral.

-Ah ya, con el lic. Sí, ¿por?

¿No sabe nada acerca de dónde está su hija? Hace días que no la veo. Por lo regular, siempre está unas horas tomando el sol junto a su ventana pero ya van tres tardes que solo observo la silla de ruedas arrumbada y la pobre enfermera de pelo chino al parecer es sordomuda, es una lástima siendo tan atractiva. Ayer me la encontré en la tienda cuando fui a comprar un litro de leche, la saludé aunque ella pareció no escucharme, entonces el tendero Nacho me confesó que era inútil comunicarse con ella y que siempre llevaba apuntado en un papel lo que va a comprar.

-¡Fíjese nomás de lo que se entera uno! Yo no sabía nada de eso, ni si quiera que esa chica fuese enfermera, yo pensaba que era su hermana mayor.

-Ay Roldán, usted tan despistado. ¿A poco no se entera de lo que ocurre con las familias?…

Doña Lourdes se moría de ganas por contarle a Roldán de lo que había sido testigo hace unas noches. Sin embargo, trato de disimular su curiosidad, a su edad no era conveniente andar con chismes. Si bien era cierto que hace unos días vio llegar al señor Benjamín en plena madrugada, algo normal en él, pero a los pocos minutos volvía a salir cargando un bulto envuelto en bolsas negras y amarrado varias veces con cinta americana. Fue casualidad el observar todo lo ocurrido, al no poder dormir y tener que pararse a tomar un vaso de leche tibia y unas pastillas, cuando la luz de aquel departamento llamó su atención. Al parecer el efecto de los somníferos no sirvió de nada, ya que durante toda la noche no durmió y tampoco volvió a ver al señor Benjamín hasta la tarde del día siguiente.

-El gobierno de la Ciudad de México en colaboración con los mejores investigadores de la Unión Norteamericana, han puesto un plan para poder atrapar al asesino serial. Aseguran que pronto la ciudad podrá volver a su tranquilidad que la caracteriza…

Cada que se encontraba con algún conocido doña Lourdes no perdía la ocasión para preguntarle si por casualidad no había visto, notado o escuchado algo raro referente a el  inquilino del departamento doscientos dos. Le preguntó a Doña Elvira cuando la encontró formada en la fila de las tortillas, a la señora Mendieta la abordo en el momento en que llegaba con el travieso Edgar, tampoco dudó en volver a cuestionar al viejo Roldán por si se había enterado de algo. Los días transcurrían con su acostumbrada monotonía, y doña Lourdes se exasperaba al no conocer el paradero de la niña. Si iba con las autoridades tal vez la tacharían de loca, y además, ¿quién la tomaría en serio? El testimonio de una anciana no podría servir de mucho en estos casos. Era de madrugada y las mamparas no alumbran lo suficiente. No estaba claro que es lo que había visto en realidad. A lo mejor la niña tuvo que ser internada de urgencias, pero, y ese bulto que el señor Benjamín había sacado en la madrugada, ¿qué era? Además le intrigaba el por qué contratar a una enfermera sordomuda, si el abogado Benjamín quería asesinar a su hija no habría testigo que pudiera declarar en su contra.

-En últimas noticias, se ha confirmado el paradero del asesino ubicado en la colonia Peralvillo, le repetimos que tome sus precauciones y que ante todo cuide a sus niños. La policía prometió pronto aprehender al causante de tantas muertes…

No podía perder más tiempo, la vida de una niña inocente corría peligro. Si lograba convencer al menos a una autoridad competente, tal vez aún hubiera esperanza. Siguió el consejo del maestro Rafael, acudió a la Fiscalía Desconcentrada de Investigación en la delegación Cuauhtémoc para hacer una denuncia. Tenía bastante miedo, últimamente se encontraba por todos lados al abogado Benjamín: en el mercado, en la base de taxis, en las tortillas, en la tienda, incluso fuera de su departamento.

Una noche lo soñó, tocaban a su puerta de una manera brutal, no quería abrir, podría ser el asesino que andaba suelto y ahora se hacía pasar por enfermero, pero entonces la cerradura comenzó a girar, el primero en entrar fue el Licenciado Benjamín con una silla de ruedas, le dijo que venía a llevársela, que más le valía no decir nada y portarse bien, doña Lourdes intentó gritar para pedir auxilio pero las palabras la habían abandonado. Luego apareció la enfermera sordomuda con sus risos cubriéndole la cara y una sonrisa tonta, la tomaba del brazo para ponerle una inyección que hizo que su cuerpo se relajara…

-Buenas tardes, señorita quisiera hacer una denuncia anónima.

-Mire, llene este formato y ya que lo tenga terminado me lo da para hacerle su denuncia.

-Oiga, pero quiero que sea confidencial, no sé si podría ver al Ministerio Público y decirle personalmente lo que vi. Es algo en realidad muy grave.

-No lo creo, el licenciado Herrera ahorita está muy ocupado y por el momento no creo que pueda atenderla.

-Pero, mire señorita, enserio es urgente verlo. Una de mis vecinas ha sido asesinada.

-Señora, son miles las denuncias que a diario recibimos y los casos de asesinatos son siempre las más comunes.

-Solo déjeme ver al Licenciado Herrera, se lo suplico. Yo fui testigo de ese asesinato y siento que él pronto vendrá por mí. No para de perseguirme por todos lados.

-Mire, señora, ya le dije que el licenciado está muy ocupado, pero si quiere usted pasar y comprobarlo por sí misma, adelante.

-Licenciado Herrera, esta señora dice que tiene algo importante que decirle. Intenté explicarle pero la señora insistía en verlo.

-Muchas gracias, Andreita. Yo me encargo. Adelante, señora, soy el licenciado Benjamín Herrera. Dígame, ¿en qué puedo ayudarle?.. Creo que ya nos conocíamos, ¿no?, señora Lourdes ¡Qué pequeño es el mundo! ¿Cuénteme todo lo que usted vio?

-…

Por Atzin Capote

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. KiKa Braham dice:

    ¡ha que miedo con ese licenciado! No está nada lejos de la realidad… el más loco, el más buscado es en muchas ocasiones el que te corta el cabello o el del cloro…
    ¡Me encanta Atzín! Gracias por compartir, imagino cada frases, momento del día y colores del lugar…
    ¡Gracias por hacerme imaginar con tus letras!
    ¡Felicidades!

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