El espacio en la narración literaria

I

El espacio narrativo es un constructo mental y simbólico edificado mediante las imágenes que las palabras erigen a través de recursos literarios y estilísticos en una obra literaria. La importancia de rescatar el espacio, como un elemento relevante en la literatura, es un tema que se ha desarrollado con sumo énfasis en los últimos años, propiciando un estudio de mayor envergadura capaz de abarcar los aspectos íntegros de este, posicionando el análisis espacial a un primer plano.

La complejidad e importancia de los espacios narrativos para desarrollar una trama ha sido el fundamento esencial por el que parte el análisis respecto a este elemento literario, a tal grado que al leerse una obra no exista la posibilidad de imaginar que los hechos relatados existan fuera del espacio en el que se les ha inscrito. Cabría cuestionarse si la obra del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, sería la misma si la trama se desenvolviera fuera de algún rincón de España; si la ciudad ficticia de Santa María en las obras de Juan Carlos Onetti solo sea un recurso sin trascendencia alguna, o si El apando, de José Revueltas, podría generarse en otro espacio ajeno a una prisión. Teniendo en consideración estos cuestionamientos es que surge el interés del espacio como categoría principal de análisis literario junto al resto de los elementos complementarios como: los derivados temporales, la comunicación, la caracterización, la temporalidad y la ideología proliferante en la obra. Si bien las distinciones sobre estos elementos son aspectos fundamentales, el espacio va posicionándose en los enfoques analíticos, encumbrándolo a un nivel de apreciación formidable. Tal como lo señala el historiador polaco Janusz Slawinski (1989):

El espacio está tomando venganza por las múltiples ocasiones en que fue subordinado. He aquí que está pasando a un primer plano en los intereses investigativos de la poética: resulta que no es ya simplemente uno de los componentes de la realidad presentada, sino que constituye el centro de la semántica de la obra y la base de otros ordenamientos que aparecen en ella. (p. 2).

Ante tal posicionamiento, una serie de preguntas subsecuentes surgen por la necesidad de rescatar el espacio narrativo como un elemento principal de estudio a la par de los personajes que desarrollan la historia en diferentes procedimientos; no obstante, elevar dicho elemento literario no significa necesariamente que haya que contraponerlo al resto de los componentes de una obra, ni considerarlo como una determinación obligatoria, acotando el universo retórico y limitando la creación literaria a un sólo aspecto, sino que es el intento de evidenciar la importancia del espacio al mismo nivel de los ingredientes que conforman una obra.

Si el escenario es parte fundamental de una obra literaria y, quizás, sea esencial en el desenvolvimiento de la narrativa, ¿podría un escenario específico ser prescindible para que una historia se desarrolle? Es decir, ¿es posible que un relato se despliegue independientemente del espacio? Si bien, el elemento espacial no es necesariamente determinante, indagar al respecto sobre la importancia de este se convierte en una exigencia propia de un análisis sustancial. A considerar, se tienen dos aseveraciones: primero, el valor de un espacio parte de un supuesto que dictamina qué acción realizarán los personajes de una obra literaria; como en la vida real, el lugar donde se localice algún evento repercute para que se efectúe un acto o no y, si este es llevado a cabo, tendrá consecuencias de distinta índole, sea emocional, social, político o moral; como señalan René Wallek y Austin Warren (1993): “…ninguna categoría real de valor tiene un equivalente real. No hay sustitutos reales“(p. 38). Luego entonces, cada lugar específico tiene un valor de importancia respecto de otro; así, obras poéticas como La región más transparente, de Carlos Fuentes, o Los hombres del alba, de Efraín Huerta, no tendrían cierto sentido si el espacio en el que explícita o implícitamente fuera otro. Por ende, estos se vuelven irremplazables, teniendo a consideración que estas obras mencionadas son la recreación de un espacio real propio de quien lo escribe. La literatura rehace el entorno en un sentido estético. Segundo, la extrapolación de una dimensión concreta hacia otra, y que genera la siguiente cuestión: ¿un espacio narrativo puede considerarse universal? Una cafetería, una casa, una calle, una ciudad son espacios concretos y probables para el desarrollo de una trama, tienen características que pueden ser descritas o no; sin embargo, siguen siendo espacios que, de alguna manera u otra, propician ciertos acontecimientos verosímiles en una obra y, como se comentó en el primer punto, es probable que sean estos un elemento significativo que le da sentido al escrito. No obstante, las propiedades que un espacio tiene no necesariamente se convierten en un elemento único para el desarrollo de una trama, ni tampoco son singularidades que no puedan ser apropiadas por otro entorno geográfico; espacios como Santa María será el ambiente donde se desenvuelvan obras como La vida breve, El astillero y Juntacadáveres como un escenario en el que diversas tramas se pueden suscitar; en otro sentido, Comala en Pedro Páramo será un espacio con características para ser escenario de cualquier lugar en el que se reproduzcan las relaciones de poder que ahí se muestran; es decir, no se limita a Comala propiamente, sino que su particularidad se deriva de elementos habituales de cualquier región: un pueblo de América Central, una ciudad en Colombia o una favela en Brasil con rasgos comunes. Comala se convierte en la representación de diversos lugares interpretados en uno.

Considerando los dos puntos expuestos, parecería una contradicción evidente, sin embargo, no hay una determinación que supedite uno a otro, ni tampoco se trata de imposibilitar la capacidad creadora para que un espacio narrativo tenga una dinámica en la obra literaria; si bien, el espacio es un elemento único con un valor insustituible, esto no es un impedimento para que dentro de este se puedan generar diferentes tramas o se puedan apropiar las características esenciales de este hacia otro lugar, al final, ambos son manifestaciones de la significación de un ambiente y tienen la capacidad de moldearse en una obra literaria, ¿acaso no sucede lo mismo con los personajes? Aquí ya se revela que el espacio narrativo actúa como un personaje más de la obra, dejando de ser un mero elemento secundario estático, para pasar a ser parte esencial del universo literario.

II

Otro elemento interesante en los espacios narrativos es el que se menciona en la literatura de corte histórico, cuya finalidad es mostrar una historia ficticia en la recreación de un entorno que en la realidad se haya suscitado. Quizás en ese sentido haya una confusión al respecto, ya que el espacio se refiere más a un aspecto físico o una atmósfera espiritual que a un suceso temporal; si bien los conceptos de tiempo-espacio son inherentes entre sí, es necesario fragmentarlos en el análisis para tratarlos en su particularidad. El hecho histórico no es el principal interés en el espacio narrativo, sí tiene una relación considerable, pero este no define tajantemente el ambiente en el que una obra se desarrolla; novelas como Sinuhé el egipcio, de Mika Waltari, narrará una historia ficticia sustentada en elementos de investigaciones históricas de Egipto fechado cerca del siglo XII a. C., y podrá ser un parámetro para la descripción del lugar, de lo que la estética de la época debería tener, aun se especule al respecto; no obstante, la literatura juega con estos elementos y recrea los mundos propios a partir, sí, de aspectos culturales reales, pero con cierta autonomía que le permite tener la capacidad de crear un ambiente con características de acuerdo a los estudios que se realicen, pero que en realidad no existe; en esto radica la riqueza literaria. Lo mismo sucede con obras como La vuelta de los muertos, de Vicente Riva Palacio, o Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco, por citar algunos ejemplos en el que la temporalidad de la obra corresponde a una época que existió y que forma parte, incluso, de una crítica hacia la misma, pero que no se expresa contundentemente en la descripción del entorno, porque la literatura no es un elemento que sirva de investigación científica, sino que es un mundo recreado por la inventiva del autor. Con ello, la creación de una calle, una colonia o un pueblo en la obra literaria, puede estar sustentada en aspectos históricos y culturales; no obstante, estos pueden ser ficticios, y aun así cumplir con los requisitos estilísticos propios de una época y un lugar concreto.

III

El espacio narrativo también puede funcionar como un elemento de crítica sobre algún acontecimiento, una percepción sobre la realidad, una ideología, etc.; obras como 1984, de Eric Arthur Blair, mejor conocido como George Orwell, o Un mundo feliz, de Aldous Huxley, serán una crítica sobre la posibilidad de una sociedad idónea y su fracaso; cuyo panorama será reforzada por el espacio narrativo, el cual se describe como elemento fundamental para que el lector obtenga una perspectiva amplia del entorno en el que la trama se desarrolla, es así que dichas obras intentan mostrar un escenario que le dé sustento al sentido ideológico del autor. Por otro lado, El proceso, de Franz Kafka, será una crítica hacia la burocracia laberíntica o La peste, de Albert Camus, una crítica hacia la irracionalidad de la vida definida como un absurdo, en la que el espacio narrativo se mostrará como un elemento fundamental para sustentar el complejo análisis de cada obra. La sola impresión de que el espacio sea un sólo un recurso instrumental le restaría verosimilitud, carácter y cualidades que las convierten en obras magistrales.

IV

El espacio como ámbito social y atmósfera espiritual que presenta una obra determinada, nos permite distinguir cabalmente el poder excepcional que posee la narrativa literaria. Como bien señala el filósofo y escritor francés Gastón Bachelard (2000): “El espacio captado por la imaginación no puede seguir siendo el espacio indiferente entregado a la medida y a la reflexión del geómetra.” (p. 22). No se trata solo de un complemento aditivo, en el que el espacio es relatado de manera trivial, sino que es el valor de la imaginación que se agrega a la expresión literaria el que le dará un sentido único y especial, para ser parte de un universo de emociones, acontecimientos y base para una obra literaria; obras como La poética del espacio del mismo Bachelard será un claro ejemplo del análisis filosófico del hombre con el mundo, de su espacio como formulación fenomenológica llevado a cabo en la literatura.

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