El calvario de los talleres literarios

Los talleres literarios son espacios en que un grupo de aspirantes a escritores se reúnen para leerse mutuamente darse comentarios, y tips de escritura. Algo así como un grupo de lectura y corrección, que por lo regular es encabezado por un escritor profesional.

¿Cómo es el trabajo en uno de ellos?

Mi experiencia ha sido como la siguiente: trabajas un cuento o capítulo de novela, le sacas un buen número de copias, te presentas el día del taller, repartes tus copias, ellos te dan las suyas, la coordinadora anota el orden en el que se harán las lecturas; da una serie de recomendaciones teóricas, y posteriormente inicia el trabajo en forma.

Repito lo que estoy contando es mi experiencia, tómenlo de esta manera y bueno, lo que más me ha conflictuado en los talleres literarios, son los esperpénticos personajes que acuden a ellos, (por supuesto yo incluido) es como ver a los fenómenos de un circo, o a los pacientes de un hospital psiquiátrico.

Esta la clásica chica punketa que tiene un aire rebelde, taciturno, sombrío, y todo lo que escribe es en relación a sus demonios personales, (que en su caso son su papá, su mamá y su novio fresa).

Otros que creen que han tenido una vida tan interesante, llena de aventuras fantásticas, que merece ser novelada y si le das cuerda hasta llevada al cine,  así te van narrando capítulos intensos de su vida en la oficina, los conflictos por usar el microondas o el drama cuando se descompone la fotocopiadora.

No falta el jovencito que ha visto todas las películas y leído los libros del “Señor de los anillos y Harry Potter” que quiere crear su propia saga fantástica única y original, lo cual está muy bien pero lo curioso es que de tres jóvenes diferentes he escuchado la misma idea: “Hacer una historia que combine la mitología griega, romana, egipcia, azteca, hindú también todas las religiones, en una aventura que abarque distintas épocas, tenga muchos idiomas y más de mil personajes” Lo que nunca les he dicho es que todo ese desmadre ya existe y se llama planeta tierra.

La señora menopaúsica que va a leer sus poemas que no son más una serie de ripios melosos y un lugar común tras de otro, pero ella los lee como si fuera sor Juana Inés de la Cruz.

Otro miembro destacado es el joven de no más de veinte años, que después de leer varios libros de Bukowski no se le ocurrió mejor idea que escribir lo mismo. Aclaro que no tengo nada contra él, ni tampoco contra Henry Miller me parece que fueron grandes escritores, de hecho me encanta lo que hicieron, lo único que odio de ellos es a sus imitadores. Muchachos que todo lo que escriben es sobre pajas, penes, coños, drogas y borracheras, todo acompañado del lenguaje más soez que pueden utilizar pues así sienten que se ven malos y contestatarios.

No falta el guionista frustrado que da clases en una universidad (de guion ¿de que otra cosa va a ser?) que nunca lleva ni un texto, nunca escribe nada, no tiene talento ni imaginación, pero es el primero que llega todos los días súper apuntado para criticar de manera desalmada  a los que si se ponen a escribir.

Por su parte la coordinadora puede ser una escritora de mediana fama,  y debido a que tiene algunas novelas publicadas, ya  se siente con el suficiente talante para guiar a otros en el mundo de la literatura, pero por lo regular el taller lo usa como escenario personal para leerse así misma hablar de sus anécdotas como escritora y anunciar sus próximos libros.

  La coordinadora hablándonos de su experiencia con los editores

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El taller inicia:

glad

Todos atacando a todos, mientras a ratos la coordinadora trata de ejemplificar la forma en la que se debe escribir, leyendo un fragmento de alguna de las tres novelas que ya tiene publicadas, fragmento que en ocasiones es igual de malo que lo leen los asistentes al taller, posteriormente trata de mostrar las virtudes de cada texto, y las cosas a mejorar cuando muchas veces todo el material expuesto incluyendo el de ella es irreparable, y el mejor consejo que se podría dar es tirar todo a la puta basura.

Todos ahí se sienten mejor escritor que el de al lado, se hablan con condescendencia, mientras se miran por arriba del hombro, y si alguien escribe mejor  le tomas coraje, como si al escribir mejor que tú te hubiera quitado algo.

El chiste de un espacio como estos es acudir con una actitud abierta, puedo entender que las críticas duelan, por supuesto, no es fácil asimilar que un relato en el que invertiste tiempo y esfuerzo  alguien lo tire de una patada, sin embargo a eso se va, punto, el sentido del taller es poner aprueba lo escrito, leer y después cerrar la boca para escuchar lo que puedan recomendarte. Pero el ego no lo permite, en cuanto surgen las críticas que mancillan a su obra cumbre, el aspirante a escritor abre sus fauces con rabia para defenderla con locura, sin comprender que un texto debe defenderse solo.

critica

En una ocasión el show se lo robo un señor que iba acompañado de su esposa. “Yo, soy escritor, nunca he escrito algo, ni conozco nada de técnicas literarias, pero me defino así porque tengo tres libros dentro de mi cabeza que cuando los redacte dejaran atrás a todo lo que se ha hecho” fueron sus palabras de presentación las cuales fueron dichas con tanta seguridad que rayaron en la arrogancia.

El taller fue impartido en un restaurante, casi todos los presente ordenamos un café, salvo el señor y su mujer que comieron como si estuvieran en una kermes.

La coordinadora nos explicaba las distintas voces narrativas, cuando el Dante en potencia que nos acompañaba pregunto mientras masticaba sus enchiladas verdes la diferencia entre un cuento y una novela, su duda fue resuelta, su siguiente pregunta fue si “Cien años de Soledad” era un cuento o una novela, duda que también fue satisfecha (con algo de desconcierto). La clase continuo con unos tips de Julio Cortázar, el señor pregunto que quien era ese, le dijeron que fue un escritor, pregunto si escribía cuento o novela, le respondieron que escribió de los dos, además que sus textos eran complejos y surrealistas, su rostro se puso pálido de la impresión y gracias al cielo se mantuvo sin decir nada, masticando con la boca cerrada el resto de la clase.

Al terminar el taller camine atrás del sujeto rumbo a la salida y esto fue lo último que escuche, “por lo que entendí lo que voy a escribir va a ser como lo de Cortázar, no lo he leído ni lo leeré para no contaminarme.”

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Trate de imaginarme de que se trataran los libros que tiene “dentro de su cabeza”, después  no supe si reír o tirarme al suelo y llorar en
posición fetal.

Hubo una ocasión en que una mujer presento “un poema respuesta a los cien poemas de amor de Neruda.” El texto en cuestión no era un poema sino un ensayo con ideas mal hilvanadas lleno de juegos de palabras y metáforas que lo volvían algo ilegible. Y aunque se defendió como gato boca arriba, la hicieron pedazos, ya en privado le comente que la idea era buena y debía re trabajarla, su respuesta me dejo sin palabras;

“Nunca re trabajo nada de lo que escribo, siempre quiero escribir cosas nuevas, me siento mal cuando corrijo un trabajo, siento como si perdiera el tiempo, de eso se trata para mí siempre hacer algo nuevo, de hecho nunca invierto más de cuarenta y cinco minutos en cada texto que traigo, hay algunos que escribo en tan sólo quince minutos”

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Me dijo eso levantando las cejas e inflando el pecho, como si fuera de admirarse la poca disciplina que confeso para con su “vocación literaria” la verdad es que no sé cómo no le dio vergüenza decir algo así, ¿para que acude a un taller si no le interesa mejorar o rescribir lo que lleva? Y ese es el punto al que quiero llegar.

Los talleres literarios pueden fallar debido a que las personas que asisten no tienen la madera para ser escritores, muchos de ellos lo toman como un pasatiempo o como algo para presumir en sus reuniones sociales: “vengo de mi taller literario, si vieras lo que llevo escrito, ufff”, es más un espacio para el ego y su mantenimiento, pero no para el trabajo literario serio.

Yo en lo personal no recomendaría acudir a uno, es demasiada pérdida de tiempo, dinero en pasajes, copias, y demasiada bilis derramada aguantando narcisistas y escuchando necedades.

Los talleres literarios por supuesto que pueden funcionar pero no son garantía de nada, los mejores escritores no los necesitaron a ellos les basto sentarse a escribir y nada más.

Yo no soy nadie para dar consejos pero si quieren saber que les recomendaría, aquí va:

En primer lugar que leas, de todo y a todos no sólo a los clásicos hasta leyendo a malos escritores aprendes las cosas que no debes hacer.

Segundo, escribe, escribe y escribe, posteriormente deja descansar lo hecho unos cuantos días, después revísalo leyendo EN VOZ ALTA y después corrige, corrige y corrige, de hecho en la reescritura está el verdadero ejercicio de escribir.

Tercero encuentra gente que respetes por su conocimiento en las letras, maestros de la escuela, compañeros del trabajo (trata de que no sean tus amigos mientras menos te conozcan mejor) que sea gente que no le importe decir que lo que haces es una mierda, igual y tienen razón, pídeles que te lean,  reúnete con ellos para que te hagan observaciones y correcciones.

Si no tienes nada de eso, junta dinero, hay cursos de taller de novela que incluso pueden ser en línea,  ahí un profesional ira corrigiéndote paso a paso, hasta que tu texto alcance un nivel publicable.

Y ahí lo tienen eso es un taller sin necesidad de aguantar egos, malas caras ni los textos mediocres de los compañeros, (ni ellos sufren por aguantar el tuyo) pero lo más importante es… escribir y no dejar de hacerlo, escribir en la casa, en la calle, en el descanso del trabajo, escribe en donde quieras…menos en cafeterías ahí te vas a ver como un pedante, el que escribe no necesita público ni aplausos una página bien hecha es suficiente reconocimiento.

Como tip final hay muchos canales en YouTube con buenos consejos personalmente recomiendo estos tres:

Suerte, ahora deja de leer esto y ponte a escribir.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Socorro Arce dice:

    No pude dejar de reir porque toda la “fauna” que retrataste sobre los talleres literarios yo la he padecido. Tienes mucha razón pero agrego que si tienes varios amigos como tú, se reúnan a trabajar sus textos, al escucharlos se abren las posibilidades, la crítica es sana porque hay amistad, no egos altaneros. Muchas gracias, disfruté tu texto. Me encanta el sentido del humor.

  2. Julio Sanz dice:

    Estimulantes artículos de interés para escritores que quieren serlo.
    Espero que me comprendan, Uds. compañeros lectores/escritores, cuando les digo
    “The RIGTH to write”
    En la medida que la frase se cumpla, todos seremos más libres.
    Gracias
    J. Sanz

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