Mitos de los escritores

Todavía me encuentro con mucha gente que al escuchar la palabra “escritor” se imagina a un sujeto ahogado de borracho, drogadicto hasta las cachas que se inhala hasta el yeso de las paredes; piensan en sujetos con vidas miserables y autodestructivas, que relatan sus experiencias entre resacas.

Lo malo es que estos mitos se asumen como reales, sobre todo por algunos jóvenes que quieren iniciarse en el mundo de la Literatura; se meten a bares, maltratan sus cuerpos, hablan de los libros que no están escribiendo y lo único que consiguen es convertirse en “la parodia del artista”, como diría una canción de Fito Paéz.

Voy a enumerar algunos clichés para que tengan cuidado de caer en alguno, pues si debemos evitar los lugares comunes al escribir, con más razón no debemos convertirnos en uno, y les recuerdo que el escritor no es un friki de ésos que salen en la televisión buscando romper récords de resistencia, “del mayor tiempo sin bañarse” o “el que más llora mientras escribe”.

 

1.- Morirse de hambre.

geek-vagabundo

 

Efectivamente muchos escritores han tenido una vida difícil, pero no fue por elección; pero esto ha generado la idea de que el aspirante a escritor debe pasar por un calvario de penurias y carencias mientras escribe esa obra maestra que lo sacara de pobre, y que lo convertirá en la máxima celebridad de nuestros tiempos. “No tengo dinero para pagar la renta y la despensa está casi vacía, pero estoy por terminar el libro, no puedo rendirme ahora.”

Me confesó algún compañero casi con orgullo, como Buda, que renunció a su vida de príncipe para buscar la iluminación alejado de los bienes materiales. No, la cosa no es así, primero lo primero, asegúrate un sustento, mientras no puedas vivir de tus letras, consigue un trabajo que te permita vivir con dignidad, para escribir en tu tiempo libre más desahogado de preocupaciones.

Los escritores que fueron pobres trabajaban en otra cosa, escribían en el escaso tiempo que les quedaba y era ahí cuando demostraban que tanto amaban escribir, pues aun cansados lo continuaban haciendo, sin ponerse a pensar en volverse famosos o millonarios. Ése es el ejemplo a seguir,  aquel que escriba buscando fama es lo único que no encontrará.

 

 

2.- Ser un Borracho.

mitos

Acepto que sobran ejemplos sobre escritores que eran unos auténticos alcohólicos, como Édgar Allan Poe que debió llegar a tener más alcohol que sangre corriéndole por las venas, pero el embriagarse no fue lo que les dio el talento para escribir -México sería un hervidero de escritores de fuste y fusta-.

De hecho, Poe era un ejemplo de disciplina y de rigor a la hora de sentarse a trabajabar cuidaba cada frase, cada idea, demostró que la inspiración es un buen punto de arranque. Sin embargo, un verdadero creador de historias tenía que ser ante todo un ser reflexivo, critico y pensante; cualidades que alguien que esta ahogado de borracho difícilmente puede tener, incluso Hemingway decía: “escribe ebrio corrige sobrio”.

El ejemplo por excelencia del escritor borracho lo encontramos en Charles Bukowski, sus fans leen las aventuras de su alter ego Henry Chinaski y piensan que él vivía de esa manera, pero en realidad era muy diferente, John Martín su editor de toda la vida dijo en una entrevista:

“Era un solitario, le gustaba levantarse por la mañana, tomar un desayuno rápido con su mujer, leer el periódico, salir de casa a medio día, ir a trabajar, volver a eso de las 18:00, cenar a las 19:00, subir a la planta de arriba a las 20:00 y escribir hasta las dos de la madrugada y no quería que nada ni nadie interfiriera en su rutina, que se repetía los siete días de la semana. Su imagen pública es muy distinta al verdadero Bukowski. Lo conocí en 1965 y murió en 1994 fueron unos 30 años, pero en todo ese tiempo, nunca lo vi borracho.”

bukowski
Bukowski sobrio mientras trabaja.

Ésa es la realidad no se puede escribir borracho, aunque se intente. Por eso no le creo nada a los escritores que me dicen cosas como: “El nuevo cuento que escribí lo hice anoche completamente borracho”. Olvidan además que no importa el estado en el que hiciste algo, sino el resultado del producto, puedes haber escrito un cuento enfermo de gripe, con fiebre, comiéndote una pizza, eso es anécdótico, es una pena que algunos menosprecian su talento, dándole el crédito de su esfuerzo al consumo de una substancia.

Emborráchate si se te da la gana, ahora sí que lo que uno le meta al cuerpo es algo personal, pero no te creas que eso te está convirtiendo en un mejor escritor.

 

3.-Vivir en la tragedia perpetua.

 

mamones!!

Si hiciéramos un experimento social y detuviéramos a las personas en la calle para preguntarles si tienen algún problema, cualquier transeúnte tendría alguno por contar; pero a los aspirantes a escritores los hallamos en un eterno estado depresivo y cada problema que tienen es una tragedia lacrimógena. “Me presionan en el trabajo, mi jefe no entiende que llego tarde porque hay tráfico y no tengo coche, además tengo que terminar el libro en el que trabajo desde hace dos largos meses, pero no me concentro, mis pensamientos están nublados y sólo siento el dolor que me agobia el espíritu, creo que estoy deprimido, no sé cuánto más podre resistir…”, lo peor viene cuando escriben, porque todo lo quieren hacer en un tono melodramático, que resulta tan impostado como el mercado de lágrimas de la carabina de Ambrosio. Hablan de la escritura como una “maldición” que se posó sobre ellos, describen cada sesión de escritura  como una sucesión de latigazos que se dan así mismos.

“Al escribir lo doy todo, expreso todo mi dolor reviviéndolo de nuevo, cada lagrima que describo es una que está corriendo por mis mejillas, cada grito en el papel es uno que queda atorado en mi garganta, cada golpe descrito no lacera mi cuerpo pero si mi alma…”, jóvenes, esa imagen del artista atormentado déjenla en el siglo XVIII que es en donde pertenece. Todos tenemos dilemas, la vida es algo complicada, en el trabajo, los desacuerdos con los amigos, las discusiones con la pareja.  Sí, parece que la vida no da tregua, pero…así es la vida, ni hablar, si te pasan cosas malas no te tires al drama ni vayas por ahí exhibiendo tus penas como los jovencitos que se tiran sobre vidrios adentro del metro. No amigo, todo eso que te está pasando es material para la escritura ¡úsalo!. pero, de manera saludable, es inevitable que haya cierta catarsis al escribir. Sin embargo, esto debe ser un desahogo, no un martirio, escribir antes de una vocación o una pasión es ante todo un placer, lo hacemos porque nos gusta, si para ti escribir es una tortura por favor deja de hacerlo y busca ayuda profesional.

 

 

4.- Ser un pedante

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Imagínense a un contador, uno que trabaje en una empresa mediana, ocho horas al día con un buen salario pero tampoco nada impresionante, que en cada lugar en donde se para se comporta con aires de grandeza, sintiéndose superior a los demás mortales, sencillamente porque sabe sacar el déficit y superávit de la empresa, además de llenar sus formularios de impuestos sin ayuda de nadie. El tipo a los ojos de cualquiera parecería un auténtico imbécil, ¿cierto? Bueno, pues así se ven todos los escritores que se sienten más que los demás sólo por el hecho de escribir, así de tarados.

Curiosamente he conocido a varios escritores ya con una fama decente que son personas de lo más sencillas y accesibles, no digo que no haya alguno creído, Hemingway se convirtió en un fanfarrón y Dennise Dresser -¡Dios de mi vida!- … su ego no cabría en el Estadio Azteca, pero no tienes que ser así. Ser escritor es un oficio noble y respetable como lo puede ser la carpintería, el derecho, o la medicina, eso no te hace una mejor persona que el de junto. Por otro lado, me he topado a muchos que en cada reunión hablan con el lenguaje más rebuscado que pueden, son una máquina de citas literarias para que quede claro lo mucho que han leído y, sin que se los preguntes, te agobian con el proyecto que andan escribiendo desde hace dos años, mirándote con los ojos entrecerrados, con la nariz apuntando al techo y con un tono de voz engolado, comportándose como si tuviéramos que darle las gracias a Zeus por su existencia.

No, no se puede; si lo que quieres es sentirte más grande que los demás, mirarlos por encima del hombro, olvídate de escribir, mejor consíguete un par de zancos y anda a caminar por las calles, para que puedas regocijarte de que ahora si estas por encima de todos.

 Por supuesto,  hay más clichés, otras imposturas, dime ¿cuáles conoces tú? Atrévete a ponerla en la caja de comentarios y nos leemos la próxima.

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