Lecturas del basurero: “El sueño del celta”

 

El 7 de octubre del  2010 Latinoamérica despertaba con una noticia: Mario Vargas Llosa era el ganador del premio Nobel de literatura, cuando ya ni siquiera figuraba entre los favoritos para obtener el galardón.

Para muchos fue un momento digno de celebración, pero para otros fue un duro golpe: “un cachorro del imperio” no debería ser merecedor de un premio de esas dimensiones. Hasta comenzaron a elucidar teorías de que recibió el premio debido a los servicios prestados a los enemigos de la revolución.

Yo me atrevo a decir que Vargas Llosa es admirado por un sin número de lectores alrededor del mundo y atacado por muchos que nunca han abierto uno de sus títulos, pero que se desgarran las vestiduras debido a sus polémicas declaraciones.

Preguntémonos: ¿a un escritor se le debe condenar por sus posturas  políticas? Puede ser que Vargas Llosa esté equivocado en muchas cosas, pero ¿será el primero en tener la mira desviada? ¿Borges estuvo en lo correcto al apoyar a Pinochet? ¿Recuerdan que Pablo Neruda le escribió odas a Stalin? Sí, el máximo genocida que el planeta ha conocido. Prefiero no mencionar algunas cosas que dijo Benedetti, lo que es claro es que  la lista puede seguir, si tantos escritores han metido la pata, ¿por qué se condena a Vargas Llosa?

¿Cómo olvidar que él definió al periodo priísta como ningún intelectual se había atrevido?

Repito, podemos compartir su postura  o no, pero un escritor debe ser juzgado -por decirlo de alguna manera- por sus textos, por sus letras, mientras  tanto que piense y diga lo que quiera. Es así como vamos echarle una mirada a uno de sus traspiés literarios: “El sueño del Celta.”

Éste fue el libro que llegó a los pocos meses de que Mario Vargas Llosa obtuviera el premio Nobel, y hay muchas personas que esperan el anunciamiento del ganador, para correr a leerlo-¿si no cómo presumen de haberlo leído de toda la vida?-; es decir, para muchas personas fue el primer acercamiento al autor y esto no pudo ser algo más desafortunado.

El sueño del celta” trata sobre la vida de Roger Casement, un precursor de la defensa de los derechos humanos, en África y Centro América, se dedicó a tomar testimonios de los nativos e investigar lo que sufrieron a consecuencias del colonialismo; sus experiencias en estos territorios repercutirían años después para convertirlo en uno de los más entusiastas partidarios de la independencia de Irlanda.

Todo esto no suena nada mal, sin duda existía el material para elaborar una buena historia, pero precisamente el problema fue que su novela con tintes históricos se convirtió en un libro de historia con tintes de novela y el resultado fue muy desagradable.

Por principio, el personaje principal luce demasiado desdibujado, demasiado noble y abnegado, es alguien con el que difícilmente se puede tener alguna empatía, el único claro oscuro que se nos presenta sobre él fue con respecto a su homosexualidad, de ahí en más nos relata a alguien que por sus cualidades debería haber sido canonizado,  los otros personajes están pobremente desarrollados -yo diría que son unidimensionales y acartonados o son  malos, malos o buenos, buenos-, pero carecen de matices (con excepción del celador) pareciera que únicamente existen para dar réplica a los diálogos de Casemento. No hay, pues, alguna historia alterna que tenga un peso significativo en la narración.

roger
Un personaje muy mal plasmado

 

Un problema más es que la novela está relatada en dos planos temporales alternos: un capítulo en el  “presente” -1916, Londres, Roger Casement a punto de ser ejecutado, cosa que le quita mucha expectativa al final, pues sin importar que ocurra ya sabes cómo va a terminar- y un capítulo en el pasado, abordando sus expediciones por África descubriendo la barbarie que hay detrás del imperialismo.

Las idas y vueltas del pasado al presente en vez de abonar a la historia la convierten en algo sumamente reiterativo, pues cosas ocurridas en el África al siguiente capítulo se vuelven a relatar en la prisión  sin aportar datos nuevos, lo que hacia la lectura muy tediosa.

Otro detalle muy criticable es que mientras los blancos tienen una presencia individualizada, los africanos sólo son parte del paisaje. Ni siquiera se escuchan sus gritos de dolor, nunca se percibe el horror que tanto espanta a Roger Casement, lo más que encontramos es como minuciosamente observa las marcas del chicote en las nalgas y espalda de los nativos- descripción que se repite una, otra y otra vez- pero nunca es testigo ocular de los hechos la propia novela da cuenta de que él únicamente va recabando testimonios se mencionan por compromiso los efectos de la violencia, pero no se narra ningún acto violento. Y esto es fundamental si queremos entender las motivaciones del protagonista.

indigenas
Apenas y note que estaban ahí

En términos generales más que un trabajo hecho a consciencia, parece únicamente el borrador de una novela sobre la cual había mucho que trabajar, una vida de novela no necesariamente es una buena novela y es aquí donde voy a cometer la blasfemia de dar una sugerencia al ganador del Nobel.

¿Tengo el nivel para darle consejos a Vargas llosa? No, no lo tengo y nunca lo tendré, pero  el origen de mi idea viene de lo que he aprendido del propio autor peruano.

En sus novelas mejor logradas, el protagonismo no lo tiene el personaje histórico, sino que  recae en un personaje ficticio; por ejemplo en “La fiesta del chivo” lo tiene Urania Cabral y no en el general Trujillo. Por ello en el “Sueño del Celta” este rol bien pudo recaer en uno de los tantos aborígenes o indígenas que tuvieron contacto con Roger Casement y de esta manera encontraríamos un esfuerzo por meterse en su pellejo, por imaginar lo que pudieron haber sentido, ante la  colonización, ante los tratos inhumanos, las extenuantes  jornadas de trabajo, contemplar el horror desde la perspectiva de las víctimas y no desde la del justiciero que siempre será un lugar mas cómodo.

Si elaborara un top ten con mis autores favoritos, Mario Vargas Llosa fácilmente estaría entre los primeros tres, por eso es triste tener la novela de uno de tus escritores favoritos y leerla experimentando la sensación de estar cumpliendo  una obligación escolar y no con el goce que debería llevar el revisar los diálogos, hundirte en las descripciones o seguir sin descanso la lectura impulsado por la expectativa de conocer el final.

Es irónico que Vargas llosa fue candidato a ese galardón desde hace mucho tiempo, en años donde en los que lo acompañaban novelas espectaculares y el premio siempre se le escapaba de las manos, ahora éste llego a la par de un libro que jamás ganaría algún concurso literario.

Para nuestra fortuna, o para los que hemos disfrutado sus libros, Vargas Llosa sigue escribiendo y ha tenido la oportunidad de reivindicarse, sobre todo con “Cinco esquinas” en donde el autor  con ochenta años encima parece haber rejuvenecido.

Nos leemos la próxima.

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