“Apague la Luz y escuche”: La decadencia de Arjona

arjoona

Ricardo Arjona acaba de presentar un nuevo disco: “Apague la luz y escuche”. Decidí escuchar el disco con las luces encendidas y comprobé lo que ya había señalado en el artículo “Algo más nefasto que Ricardo Arjona”: el guatemalteco  se encuentra en franca decadencia desde hace varios años.

“Apague la luz y escuche” es en su mayoría un compilado de canciones que interpreta de manera acústica y tres canciones nuevas, sencillamente adquirir el disco es un desperdicio de dinero.

No digo que esté mal jugar con las canciones ya hechas experimentando, revistiéndolas, para darles un nuevo aire, pero eso debería estar reservado para conciertos y presentaciones, como novedad para el público, no para trabajos en el estudio, que para todo esto ya hizo algo similar en el “Poquita ropa”.

Las canciones a las que les da un nuevo tratamiento son los que considera poco conocidas, pero de los que se siente muy orgulloso (?):  “Quesos cosas casas”, “De vez en mes”,  y “Que nadie vea” nos demuestra que  cuando un tema es malo, no hay arreglos que lo compongan.

Por otra parte, las canciones “nuevas” son un fiel reflejo de que la fuente de la creatividad se ha secado, los textos suenan a otros ya escuchados con la misma fórmula del oxímoron y aquellos  juegos de palabras que se han vuelto predecibles, tan sólo veamos un par de fragmentos del sencillo “Nada es como tú”:

Medité en los Himalayas
Fui al infierno y regresé
Yo sé bien que es dar batalla
Ya perdí cuando gané

Tuve amores pesadilla
Que nacieron pa’ morir
Con sus trucos de guerrilla
Y sus noches sin dormir

Hoy no me compran con espejos
Ya firme ya renuncie

Ahí tenemos “perdí cuando gane”, “nacer para morir”, “ya firmé ya renuncié” o  “Nada es como tú”. Bien pudo ser una canción de cualquiera de sus discos de los noventa, mientras que el estribillo tampoco es algo extraordinario:

Nada, nada, nada es como tú
Ni la luna llena, ni el atardecer
Nada es tan perfecto como tu
Nada ha sido nunca como tu

No hay nada en esa canción, más que una letra vacía acompañada de su voz melosa y los acordes de toda la vida. Es ahí el problema donde el problema Arjona reluce: vivir en la zona de confort.

El compositor guatemalteco no muestra ningún interés por arriesgarse a evolucionar, a escribir distinto a abordar otros temas, o hablar del amor abandonando la cursilería adolescente; tratar, pues, de demostrar  que ya es un hombre que pasa de los cincuenta años.

Eso es lo que marca la distancia entre un artista de verdad y otro que se limita a fingirlo,  el Joaquín Sabina de los ochentas no tiene nada que ver con el actual, que es mucho más lirico, metafórico; lo mismo podríamos decir de Charly García que apuesta más por una evolución musical a experimentar con los sonidos, muy lejos del jovencito que componía temas folk en “Sui generis”.

Algún fan de Arjona me comento que a él le sigue gustando, cosa con la que no tengo problema; sin embargo, agregó que con la edad se pierde la frescura y la explosividad creativa, lo cual me parece falso y los ejemplos sobran.

 Luis Eduardo Aute contaba sesenta y siete años encima cuando presentó el disco “Intemperie”, un discazo en el que esta el tema “Un soplo de alegría.”

Compárenlo con el tema de Arjona, el guatemalteco jamás podrá componer una canción así, la edad no es excusa. Joaquín Sabina tenía cincuenta años cuando compuso el disco de “19 días y 500 noches”; Leonard Cohen volvió a la cima de la popularidad con “Old ideas” y tenía setenta y siete años;  Calamaro pasaba de los cincuenta cuando nos trajo “Bohemio” y   Bob Dylan tenía sesenta cuando presento su mejor disco en años el “Love and thef.”

La edad ha jugado a favor de los que son verdaderamente grandes,  en el caso de Ricardo Arjona lo deja como lo que es: alguien que no se cansa de repetirse, que vive en la autocomplacencia, pues sus fans lo veneran sin exigirle calidad en sus discos.

Lo bueno: Si eres fan de Arjona y no te has aburrido de su estilo, este disco te encantara.

Lo malo: Todo.

Como dato: si lo escuchan por Spotify antes de cada tema, Arjona explica el porqué le gusta la canción elegida; si eres fan, esto sin duda te interesara.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. arnoldo Mohr dice:

    No puedes encerrar las canciones de Arjona en una caja. Su disco-grafía es extensa y posee diversos matices. Estoy profundamente en desacuerdo con el credo de la trova, donde al componer, no importa de donde las imágenes de una letra son traídas: puedes traerlas, si así lo deseas, del mar más profundo de tu recóndito ser, pero antes de que lleguen al papel, ellas deben pasar por todo el proceso riguroso de encuadrarse en lo establecido.

    Él ama el sentimiento que transmiten las palabras, no la conjunción de las mismas, profundiza la realidad hasta su esencia, ya que para el es tan importante una célula como el universo que lo rodea.

    Tal vez la respuesta, está soplando en el viento.

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