Buenos días, camarada, Ondjaki

La primera vez que leí Buenos días, camaradas fue precisamente hace tres años, cuando conocí a la que sería mi novia. Yo estaba curioseando por la biblioteca de la facultad y recuerdo que buscaba no sé qué. Sin embargo, sabía que tenía que ser una novela para quitarme ese mal sabor de boca que ocasiona el horrible final de semestre.

     Tal vez fue mi interés por querer leer algo poco común y dejar de lado lo tradicional, ya hubiera sido Carver, Onetti, Bolaño, etc., lo que me hizo llegar hasta un libro de color verde pasto con un árbol negro en la portada y las letras blancas que decía: ONDAJKI, Buenos días, camaradas

     Hasta ese momento no sabía que Ondjaki también era poeta, guionista y autor de novelas infantiles. Como dato curioso, Ondjaki significa “guerrero” en umbundú (lengua nacional angoleña). Es cierto, su novela es arriesgada y no quedaba más remedio que salir a buscar más de él.

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     La obra me fascinó desde las primeras líneas, a tal grado que no pude dejar de leerla hasta llegar a ese final tan emotivo el cual te obliga a cerrar el libro y darte cuenta de que no hay más páginas para seguir con una historia que se niega a morir en la memoria. Recuerdo también lo que le dije a mi sirena pues, Buenos días, camaradas era la mejor novela que había leído, no sólo durante el semestre, sino también durante en ese año, ya que uno se encariña con los personajes y es difícil olvidar ese tipo de novelas cuando llegan a tu vida. Ella sólo sonrió y luego me regaló un beso en la boca, no sin antes prometerme que la leería cuando estuviera de vacaciones.

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     A pesar de ser una novela corta, narra la conmovedora historia de Ndalu -cabe mencionar que el verdadero nombre de Ondjaki es Ndalu de Almeida- un niño de 10 años que vive en Angola, y que a través de su punto de vista es que conocemos cómo es su día a día, al lado de su pequeño grupo de amigos y de sus queridos maestros cubanos. Con una maravillosa prosa, Ondjaki nos muestra no sólo las costumbres, sino también el estilo de vida en un país con su recién lograda independencia, en el cual le tocó vivir a Ndalu.

     Es gracias a ese pequeño narrador que utiliza el autor para mostrarnos de una peculiar manera los diversos acontecimientos que tal vez a un niño de esa edad le sean difíciles entender, sin embargo no duda en cuestionar a los adultos sobre lo que ocurre a su al rededor. No por nada es una novela autobiográfica que narra, de manera conmovedora y perspicaz, la infancia de Ondjaki.

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     Ahora, que releo Buenos días, camaradas, por el simple gusto y antes de volver a la universidad, (como la primera vez) me doy cuenta de cosas que simplemente pasé por alto, como por ejemplo: al querido Camarada, Antonio, personaje clave dentro de la narración y que va a darle ese cierre sutil, pero contundente, o también, el tema de la dictadura angoleña que figura como telón de fondo.

     Tiempo después me enteré que Ondjaki había sido elegido por el periódico inglés The Guardian cómo uno de los cinco mejores escritores de África y que recientemente se había traducido al español otra de sus novelas, Los transparentes, obra con la cual resultó ganador del distinguido Premio Saramago y que prometo pronto leer.

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Atzin Nieto

 

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