México 2016: La diversidad vulnerada

Aunque expresado en ocasiones ya incontables, hoy el escenario que plantea la realidad nacional, pareciera volver a requerir lo mencionemos:

Si, cultura es también identidad, es autoconcepto, el conjunto de lo que nos define en el momento y que permite identificarnos con o respecto al otro, localizarnos, pertenecer, aproximarnos a la construcción del “soy” y el “somos”, individualidad y al mismo tiempo, colectividad.

Si, cultura es también diversidad, y ésta condición se suscribe en la configuración heterogénea de la mexicanidad, en las genuinas, únicas y múltiples experiencias que traza nuestro territorio y la gente.

Video por Local-Ismo | ® Guadalajara, Septiembre 2016.

Partir de este reconocimiento, incluso, nos ha dado la posibilidad de hablar en la actualidad de Derechos Culturales —entendidos como garantías de las que somos sujetos, no sólo por ser ciudadanos de un Estado-Nación, sino por el simple hecho de nacer y ser personas—, mismos que se encuentran incluidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, instrumento para construir ese pacto de igualdad y de condiciones de equidad para todos, pero más que nada, entre los muchos y las poblaciones que históricamente han sido las dolientes de la intolerancia, pero que siempre han estado ahí, aquéllas que en otro tiempo se etiquetaran bajo la terminación de “ciudadanos de segunda”; ahora, aún, en vulnerabilidad.

Si este texto optara por enumerar una lista de grupos víctima, enunciaría, claro, a la comunidad LGBTTTI, y hoy ante la coyuntura generada por agrupaciones que, frente a la propuesta de reforma constitucional del ejecutivo federal respecto al matrimonio igualitario, la adopción, el divorcio y la identidad de género, se han escudado en la defensoría de una causa por demás rebasada en nuestros días; por supuesto que lo hará y, además, también pondrá sobre relieve su manifestación sociopolítica y lucha por justicia social, abierta desde hace más de cuatro décadas, a vida del reconocimiento de sus derechos como individuos y como miembros de la sociedad.

Apelando a esa diversidad cultural, señalada en renglones arriba, compréndase desde aquí —sola, pero enérgicamente—, un esfuerzo por poner en valor los procesos y la historia de quienes ya basta de marginar, hoy, con discursos totalizadores que pretenden sugerir cómo sí y cómo no ha de configurarse la familia, pretendiendo lograr que ciertas orientaciones sexuales tengan mayores derechos sobre otras.

Me parece entonces que el resultado de las manifestaciones pro-matrimonio “natural” ocurridas, lo que ponen sobre la mesa es el estatus actual de la aceptación que se tiene del “otro”. En gran parte por la ausencia de políticas públicas equitativas; además, evidencia un conservadurismo que pareciera perversamente incrustado en la cotidianidad, da señas de un diálogo fracturado y que cada día clama por una discusión al más amplio nivel. Este diálogo debe ser obligatoriamente posibilitado por el Estado, haciendo, primero, un llamado desde el laicismo y, segundo, abrazando la tolerancia, el respeto y la pluralidad como las vías que podrán conectar los puntos hacia el consenso social, con el fin de intercalar un tejido que ha de imbricarse desde la paz.

No escuché ninguna consigna de parte de los que se dieron cita a la marcha liderada desde el Frente Nacional por la Familia que pidiera, por ejemplo, una respuesta a su gobierno respecto a lo que hará para reducir los índices de violencia intrafamiliar o abatir el machismo —esa sí, una práctica casi institucionalizada promotora de la desigualdad—; no, el llamado era para vulnerar decisiones de vida no heteronormativas, punto.

Lo que está en juego aquí son, pues, las garantías más esenciales, nuestros derechos de primera a última generación. Hay que ser congruentes con la memoria histórica del país, esa que ha sido pautada por su multiplicidad de expresiones encontradas, hoy reflejada en la heterogeneidad sociocultural de lo que somos.

Los tiempos exigen charlemos, repensar juntos el concepto de familia y agotar un tema que, hasta ahora, ha imposibilitado transitemos hacia la implementación de estrategias reales contra la discriminación. Hay que decirlo, el aparato que clasifica, califica y por ende, segrega; ha permanecido irreductible durante la construcción de nuestra identidad nacional a lo largo de todo éste tiempo. Mira que ponerle trabas a la libertad en nuestros días… Qué mal.

Texto: Gerardo Daniel Padilla
@gdanielpadilla

Fotografía: Saúl López
http://www.cuartoscuro.com

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