20 Reglas para escribir novela policíaca por S. S. Van Dine

Hace unas noches, mientras gozaba de los placeres de la vida al lado de una mujer de moral dudosa, me vino a la mente la siguiente pregunta: ¿Existirá alguna fórmula o receta para escribir cuentos o novelas policíacos? Alguna vez leí en internet que ciertos autores de la escuela inglesa escriben sus novelas con un mecanismo similar al de los relojes suizos; sin embargo, sería interesante conocer el punto de vista del propio escritor de novelas policíacas, ya que es quien tiene más experiencia a la hora de enmarañar historias, con giros de tuerca, cajas chinas y finales demoledores, para no quedarse con la opinión del crítico, que a pesar de haber leído N cantidad de novelas, jamás podrá dar una visión completa, por más que intente teorizar.

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Cuando estuve completamente sólo con mis pecados, fue que hallé una serie de reglas que el escritor estadounidense S.S. Van Dine propone en el apéndice a Crimen en la nieve, revisadas en 1946 por R. A. Knox. Mismas que uno puede o no seguir, pero que alguno que otro autor no le caería mal releer, pues ahora que está muy de moda escribir novelas policíacas, se olvidan de cosas básicas y rompen algunas (o varias, me consta) de las reglas que, a pesar de los años no pierden vigencia.

Claro, que uno no puede escribir una historia que se apegue por completo a las normas del juego, pero tampoco es saludable leer una novela de 367 páginas y llegar a la penúltima para descubrir que el asesino resulta ser la amiga celosa que nunca apareció en la pinche obra, sino hasta el final. Como en el caso de El último desayuno del autor…

Así las reglas:

  1. En una historia detectivesca, el crimen nunca puede ser el resultado de un accidente o suicidio. Finalizar la odisea por la que ha transitado el detective, con este tipo de anti-clímax es engañar y decepcionar la confianza que ha puesto en la historia el lector.
  2. Un profesional del crimen nunca debe cargar con un delito en una historia de detectives. Los delitos cometidos por bandidos son competencia del departamento de policía, nunca de autores y detectives aficionados brillantes. Un delito realmente fascinante ha de ser cometido por el pilar de una comunidad religiosa o por una solterona conocida en su zona por sus obras religiosas.
  3. Una novela policíaca no debe contener pasajes descriptivos largos, ni cuestiones secundarias que hagan perder el tiempo, ni análisis sutiles, ni preocupaciones atmosféricas… Estos asuntos no son esenciales en una historia de crimen y deducción, solo aportan cosas irrelevantes para el objetivo principal: establecer un problema, analizarlo y llegar a la solución. Desde luego, sí tiene que tener buenas descripciones, y suficientes para dotar a la novela de verosimilitud.
  4. A lo largo de toda la novela tiene que estar presente el enigma. El lector la irá viendo, si es tan inteligente como el detective. Lo que quiero decir con esto es que si el lector, tras llegar a la explicación del delito, tiene que releer la novela, porque no ha visto que la solución estaba delante de sus ojos, y que todas las pistas llevaban al culpable, se dará cuenta de que si hubiera sido tan inteligente como el detective, él mismo podría haber resuelto el misterio sin tener que llegar al último capítulo.
  5. El método de asesinato, y los medios para su detección, deben ser racionales y científicos.Es decir, la pseudo-ciencia, lo expeculativo y lo puramente imaginativo no deben ser tolerados por elpolicier romano (detective). Una vez que un autor se eleva en el reino de la fantasía, a la manera de Julio Verne, se encuentra fuera de los límites de la ficción detectivesca, y estará jugando  en el desconocido mundo de la aventura.
  6. Las sociedades secretas, la camorra, la mafia, etc., no tienen cabida dentro de una historia de detectives. Esto destruiría un asesinato fascinante y verdaderamente hermoso por otra causa mayor.Sin duda, el asesino en una novela de detectives debe dar una oportunidad al asesino,pero sería ir demasiado lejos el concederle una sociedad secreta a la que recurrir. Ningún asesino que se precie, querría esas opciones.
  7. Debe haber un solo culpable, no importa el número de asesinatos que se hayan cometido. El asesino, por supuesto, puede tener un ayudante o un cómplice, pero toda la responsabilidad debe recaer solamente en él: debe permitir al lector concentrar toda la indignación que siente en una sola persona.
  8. No se debe elegir a un criado como culpable. Es una solución demasiado sencilla y utilizada. El culpable debe ser alguien interesante, pero que no esté “bajo sospecha” por el lector.
  9. El culpable debe ser un personaje que ha desempeñado un papel más o menos importante en la historia, es decir, un personaje con el que el lector esté familiarizado y que le resulte interesante.
  10. No debe haber más de un detective–es decir, un protagonista que realice las deducciones–, y no recurrir nunca a un Deux ex Machina¹. Tener en la historia a más de un detective no solo servirá para dispersar el interés y romper el hilo directo establecido con el lector, sino que también se estará actuando de forma injusta con él. Si hay más de un detective, el lector no sabrá cuál es realmente suco-deductor, es como hacerle correr en una carrera de relevos, no sabiendo quién forma parte del equipo.
  11. El misterio del crimen debe ser resuelto por medios estrictamente naturales.Otros métodos como la guija, leer la mente, los médiums, la bola de cristal, y similares,
    están prohibidos.Un lector debe tener la oportunidad de competir en ingenio con un detective racional, pero si tiene que competir con el mundo de los espíritus o análogos, estará derrotado desde el inicio (ab initio).
  12. Siempre debe haber un cadáver; y cuanto más muerto esté, mejor.Un delito menor a un asesinato no es suficiente.Trescientas páginas son demasiado para un delito
    que no sea el asesinato. Después de todo, la preocupación y la energía gastada por el lector han de estar recompensadas.
  13. Toda novela policíaca debe tener un detective y un detective no lo es a menos que descubra cosas.Su función es reunir pistas que finalmente nos conducirán a la persona que hizo el trabajo sucio en el primer capítulo;y si el detective no llega a sus conclusiones a través de un análisis de esas pistas, no habrá resuelto el problema.
  14. El culpable debe ser descubierto a través de deducciones lógicas, no por casualidad, coincidencia o confesión que no venga dado por un motivo irrefutable. Resolver un crimen a través de estos recursos es como enviar al lector a una búsqueda inútil y deliberada y, una vez que ha fracasado, decirle siempre ha tenido el objeto de su búsqueda escondido en su manga. Este no es mejor que un bromista, es un tramposo.
  15. El detective, ni ninguno de sus ayudantes en la investigación, puede ser el culpable. Esta estratagema es un timo, un engaño. Un falso pretexto.
  16. No debe haber ningún interés amoroso en la historia.El objetivo es llevar al criminal ante la justicia, y no llevar a una pareja de enamorados al altar.
  17. El autor no debe incluir trucos o engaños deliberados, salvo aquellos que coloque el propio asesino (legítimamente) ante el detective.
  18. El lector debe estar en igualdad de condiciones que el detective para resolver el misterio.Las pistas deben estar descritas e indicadas de forma clara.
  19. Los motivos que induzcan al delito en las historias detectivescas deben ser de tipo personal. Conspiraciones internacionales y políticas pertenecen a una categoría diferente de la ficción, por ejemplo a las novelas del servicio secreto. Una historia de asesinato debe mantenerse gemütlich², por así decirlo. Debe reflejar las experiencias cotidianas de los lectores, y servir para darle una salida a sus propios deseos y emociones reprimidas.
  20. Y, con el fin de añadir un valor extra a mi lista, a continuación enumero algunas de los recursos que un autor de novela policíaca no debe utilizar nunca porque ya se han utilizado con demasiada frecuencia y son muy conocidas para los amantes del crimen literario. Utilizarlos es claramente una confesión de ineptitud y falta de originalidad por parte del autor.

Determinar la identidad del culpable a través de una colilla que se ha encontrado en el lugar de los hechos y compararla con la marca de cigarrillos que fuma el sospechoso.

El recurso de utilizar el espiritismo para asustar al culpable, de manera que confiese el asesinato.

Falsificar las huellas dactilares.

Proporcionar una coartada con un maniquí.

El perro que no ladra y, por tanto, revela que el intruso es conocido.

Utilizar un personaje de la historia que se parece mucho al sospechoso y que realmente es inocente.

La droga inyectada con una jeringa hipodérmica.

Cometer el delito en una habitación cerrada después de que la policía ya ha estado en ella.

Usar la asociación de palabras para descubrir al culpable.

Un código descifrado al final por el detective.

 

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S. S. Van Dine es el pseudónimo de Willard Huntington Wright (1888-1939) para distinguir su faceta de autor de novelas policíacas de sus trabajos intelectuales como crítico de arte y literatura. Nació en Vírgina (Estados Unidos) y escribió para varios periódicos del país hasta que su adicción a la morfina le provocó un supuesto problema de corazón que le obligó a hacer cama durante dos años, aunque se cree que Van Dine fingió para poder formarse en el arte de escribir novelas criminales. Fue entonces cuando creó al detective Philo Vance, un neoyorquino rico y arrogante que investiga asesinatos por afición. Igual que su autor, es un experto en arte y consigue resolver los misterios gracias a su gran bagaje cultural y sus conocimientos sobre psicología. Van Dine, además, se cuela en las novelas como narrador y consejero del detective, al estilo de Watson con Sherlock Holmes. El éxito de las aventuras de Vance permitió al autor llevar una vida tan excéntrica como la de su protagonista. Sus problemas con el alcohol sumados a los estragos por su adicción a las drogas le provocaron varios ataques de corazón y murió a los 51 años.

Sus estudios de arte sirvieron a S. S. Van Dine para crear al detective neoyorquino Philo Vance, un hombre rico y erudito que investiga crímenes por afición.

Referencias:

¹ Deux ex Machina, expresión latina que proviene del teatro y que significa “Dios salido de la máquina”. Se utiliza para denominar un recurso literario que consiste en utilizar un planteamiento inverosímil para que el protagonista resuelva el conflicto.

² Gemütlich, significa agradable, cómodo, acogedor, tranquilo.

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