Invítalo dentro, pide ayuda. 

La cremallera comenzó en la nuca. Con el pulgar y el índice, él tiró, lento, sacando el sonido del desenredar de los dientes atrapados. El vestido se separó, revelando las colinas desnudas de sus hombros, pecas de edad, luego, las puntas pálidas de las cicatrices, y cuando la desnudó, descubrió los crujidos de su espalda, su mapa de dolor, el tejido sanado tan grueso que palpitaba, y cuando hizo clic, terminó, sabía porque ella se había reído cuando le dijo que era un simple recepcionista, por qué dijo que no necesitaba nada más que bondad.
Simon Jiménez

Traducción: Jazmín Morales Guzmán.
Léelo en su idioma

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