Siempre verde.

La llanta trasera de la motocicleta de Hanna se bambolea antes de tirarla. Eso es todo.

Cuando era niña, a Hanna siempre amó la sensación de engañar a la segadora. Trepaba el delgado perené detrás de su casa, tan alto como le era posible, hasta que podía sentir a la muerte esperando atraparla tras su caída. Ella se aferró a su vida y besó el árbol, saboreando la recina del pino. El miedo y la alegría eran uno. Estaba viva.

Su piel sobre el pavimento, la muerte apresurándose hacía ella en forma de una pickup con frenos chillantes, Hanna lo vuelve a sentir; alegría, sabia, brazos que me esperan.

 

 

Tara Ramsey
Traducción: Jazmín Morales Guzmán

Léelo en su idioma

 

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