Una larga espera…

A sabiendas de nuestro fatal desenlace, ¿qué seguimos esperando? Y la pregunta va en serio, ¿qué estamos esperando? Uno se despierta para sólo aguardar la hora en que caiga el sueño y volver a dormir; y así entrar en el despertar-dormir-despertar-dormir, juego infinito de las mismas acciones que sólo será cerrado con una palabra distinta: morir.  Creo que de esta manera nuestra experiencia de vida suena y es muy apetitosa.

Pero en verdad, ¿así de absurda es nuestra existencia? Unos podrán cuestionarme con, ¿y qué es de aquellos que se rigen a través del estudio, el dinero, poder o lo que sea que los incentive a levantarse o vivir? Sí, es plausible que la gente tenga un eje con el cual guíe su vivir; pero después de llenar todo eso ¿qué sigue? ¿Cumplir otra meta?  ¡Vaya, muero por vivir! –Si me lo permiten, creo que sería mejor, muero de vivir.- Pero, y disculpen que esté renuente y obstinado con la pregunta, ¿qué carajos estamos esperando? Tal vez nada y sólo creemos que debemos esperar algo… Algo que nunca llegará.

A raíz de lo último, de ese algo que nunca se presenta, es que vienen a mi cabeza, Vladimir y Estragon, personajes principales de la obra de teatro Esperando a Godot (1952), del irlandés Samuel Beckett. Ésos dos hombres llegan a un árbol que no tiene hojas, pues es en ese sitio donde se dieron citan con un tal Godot. Ese personaje nunca se presenta –a todos aquellos que no han leído o visto la obra, descuiden, lo importante no es si acude al lugar, dado que lo que transcurre dentro de la historia es lo relevante- y los protagonistas se ven expuestos, por medio de acciones y diálogos absurdos, a mantenerse ahí, puesto que creen que mañana llegará.  Aunado todo eso, uno se pregunta por qué lo esperan, teniendo en cuenta que ellos mismos saben de sobra que no vendrá.

esperando-a-godot.png

Imagen tomada del sitio Parque cultural de Valparaíso http://parquecultural.cl/

 

 

 

Así, pues,  he mencionado que esos hombres sobreviven a través de lo ilógico; de situaciones que los llevan a considerar largarse del lugar, pues no toleran estar esperando; sin embargo al personaje que está a nada de abandonar la empresa se le recuerda que debe mantenerse ahí -si Vladimir planea irse, Estragon lo detiene y viceversa-, dado que están esperando a Godot  ; paso seguido reacciona y se da cuenta que es verdad, que debe aguardar. Las acciones se reanudan y se repiten hasta que llega la noche y duermen. Al despertarse continúan con la jornada anterior y esperan, pero ahora más absurdos que nunca.

¿Todo esto les parece familiar? Muy probablemente sí. Tal vez, al igual que los personajes, nos hallamos atrapados en el espacio y tiempo de un sinsentido, lugar donde sólo se sobrevive haciéndose el idiota;  ya que sabemos que esto se repetirá incansablemente hasta el desastre. Uno despierta y se da cuenta que no hay salida de este hueco, que estamos condenados a estar ahí; porque entre más nos aferremos a la idea de escapar de él, más profundo será y más agobiante el estadio en ese sitio.

Y como le dice Vladimir a Estagon:

Vladimir: ¿Y si nos arrepintiésemos?

Estragon: ¿De qué?

Vladimir: Pues… (Piensa.) No sería necesario entrar en detalles.

Estragon: ¿De haber nacido? [1]

 

¿Pues cuál es la manera de salir de este absurdo?

[1] Beckett, S. (1988). Esperando a Gorot. Barcelona: Tusquets.

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