José Kozer, poeta mundano

Inmerso en el mundo, me refiero. Cubano de nacimiento (La Habana, 1940), viajó a Estados Unidos en 1960 a causa de la revolución, donde reside hasta la fecha; es un prolífico poeta generalmente relacionado con el neobarroco latinoamericano; fue uno de los editores junto con el poeta uruguayo Roberto Echavarren y el crítico mexicano Jacobo Sefamí- del famoso Medusario. Muestra de poesía latinoamericana (FCE, 1996), en el que se incluyen algunos poemas suyos. Hoy me enfocaré en su poemario Ánima (FCE, 2002), compuesto por 61 poemas, de los cuales 59 llevan el título del libro, sólo el primero y el último tienen uno distinto: “Del debe” y “Legado”, respectivamente (más adelante comentaré por qué estos poemas son los que abren y cierran el libro). Esta obra, según expresa el propio poeta

“[…] proceden de un fuerte sentimiento de irrealidad relacionado con el hondo desconocimiento que su autor experimenta ante todas las cosas y, sobre todo, las cosas relacionadas con su futuro”. [Kozer, 8, 2002]

Al inicio puede parecer que este sentimiento es común a los poetas, sin embargo, conforme nos adentramos en la lectura del poemario entendemos a qué se refiere específicamente Kozer: su alrededor, la materia, tiende a devenir, a transformarse, a cambiar de lugar (como él mismo).

Anima 1     No obstante, unas de las particularidades del poeta cubano es la muestra de una profunda tranquilidad frente al devenir y la muerte: no la angustia sino la serenidad, no la desesperación sino la templanza, casi una suerte de budismo positivo. Por ejemplo, en el cuarto poema de la serie, al referirse a los muertos, no habla de ellos como si estuvieran en un “más allá” sino que perduran en la existencia de los vivos, el más acá:

           Algunos poetas muertos nos plagian. […]
Recobran el don que perdieron. […]
Se apropian de mi padre el sastre. […]
A mi madre bordando junto a un brocal usurpan. […]
De sus plagios, yo. De su continuidad, mi muerte. […]
De mis cenizas, resplandecen. [Kozer, 19-20]

Por un lado, los “poetas muertos” toman el tiempo de existencia del padre sastre y la madre bordadora porque éstos están ocupados realizando una tarea para preparar el funeral de aquéllos, y en este sentido es que los “plagian” o “usurpan”; por otra parte, el correlato que tienen con los vivos toman parte de la existencia de quien enuncia el poema, por ello es que Kozer traza un circuito entre unos y otros. O para decirlo con otras palabras: los vivos se ocupan de los muertos, y al ocuparse ellos, éstos siguen en la vida: no dejan de existir, “recobran el don que perdieron”.

kozer

Asimismo, este circuito (de vida) trazado va de lo micro a lo macro, pues como ser singular no está separado de todo aquello que lo conforma, como dice en el siguiente fragmento del poema dieciséis:

Voy a participar del movimiento de las constelaciones.

Astilla o chispa del meteoro. […]

Un pañuelo de hierbas un abanico de anémonas.

Descarto prosopopeyas metalepsis anagoges y demás proposiciones del conocimiento formal.

Me desbanco: soy carnal, canto. [Kozer, 48-49]

Con un lenguaje directo, se enuncia como un cuerpo-fragmento de un cuerpo más grande; el “conocimiento formal” constreñiría tal relación, tal conclusión a la que ha llegado. Es por eso que la dimensión simbólica del poema le permite expresar mejor la serenidad con la que toma su lugar en el mundo (y el mundo mismo), la cual celebra:

“Aleluya la marta el ratón almizclero (alforfón, la boca) su flor atestando el granero (postura de loto)” [Kozer, 49].

Tal es la razón por la que dije que José Kozer es “mundano”: para el budismo, la postura de flor de loto significa la iluminación espiritual que alcanzamos después de haber disipado la confusión de nuestra vida. Pero, como he mostrado, para el cubano no hay una trascendencia a la que aspirar, sino una inmanencia mayor cuya raíz el es cuerpo-mente que somos.

Anima 2

Por último, retomaré el por qué el primer y el último poema del libro son los únicos que tienen un título distinto al de los demás. “Del debe” contiene los “motivos”, por así decirlo, que estarán presentes en el resto de la obra: referencias bíblicas (Reyes, David); referencias musicales: Satie, Bach, Beethoven; el amor por su esposa Guadalupe; sus místicos favoritos: san Juan de la Cruz, Santa Teresa; alguno de sus poetas favoritos: Villon, Dante; flores: crisantemo, gualda. Mientras que en “Legado”, como su nombre lo indica, es un testamento lleno de objetos y referencias que complementan el poema anterior: Sión, Deuteronomio, Eclesiastés; el amor por sus hijas; el Arcipreste de Hita, Quevedo; partes del cuerpo: astrágalo, metatarso, falange; cuerpos estelares: Alfa Centauri, la estrella Vega. En ambos puede leerse lo siguiente y entender así el hecho de que uno abra y el otro cierre el poemario: “Del debe” es el poema del testimonio sobre las cosas que en la vida del poeta han tenido una relevancia insoslayable mientras fue creciendo, madurando y envejeciendo; “Legado” es el poema de la donación de esa vida aun después de la muerte, por ello los dos están plagados de nombres y cosas. Toda la parte de en medio es la meditación sobre su existencia, lo que ha acontecido en ella y cómo se ha enfrentado a ella. En conjunto, Ánima es el diálogo que un ser humano ha tenido consigo mismo, lo que equivale a decir que es el diálogo que ha tenido con todo aquello que lo ha llevado a ser él mismo… y ello es algo nunca fácil de realizar.

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