Paterson (2016): poesía visual

Paterson (2016), la más reciente película de Jim Jarmusch, es otra de las coproducciones con los gigantes del streaming (en este caso Amazon Studios) que compitió por la Palme d’Or en Cannes. Adam Driver interpreta a Paterson, un conductor de autobuses que aspira a ser poeta y vive con su pareja, Laura. Interpretada por Golshifteh Farahani, ella es una artista que sueña con abrir un negocio de cupcakes. La alusión al Paterson de 1946 no es accidental: el filme es en parte un homenaje al gran poema épico de William Carlos Williams y a la ciudad en Nueva Jersey que lo inspiró.

La historia abarca, día por día, una semana en la vida de esta pareja. En el ir y venir diario de la rutina hay siempre espacio para la poesía. De camino al trabajo, de vuelta, mientras conduce el autobús o se da un descanso, Paterson escribe. Los espectadores vemos y escuchamos sus poemas conforme se dibujan palabra por palabra en pantalla, acompañados de las tomas fijas y los sutiles dollys que caracterizan el cine de Jarmusch. Lo más bello es que estas líneas no surgen de la nada. A través de la mirada de Paterson, la narración visual se detiene con calma en los detalles más pequeños, en apariencia inhalándolos. Es posible percibir, de esta manera, los momentos precisos en los que puede nacer la poesía: el diseño de una caja de cerillos, las cortinas de una ventana por la que se cuela la luz, un vaso tintineante de cerveza. No hay ideas mas que en las cosas, reza el poema de William Carlos Williams, y la aproximación visual de Jarmusch es justamente ésa: no la de hallar símbolos en las cosas sino aprehenderlas en sí, justo como lo que son.

A momentos, Paterson se sienta frente a las cascadas de la pequeña ciudad, que también inspirarían al famoso poeta norteamericano. Sobre este paisaje se escriben más poemas, acompañados de secuencias de imágenes superpuestas en un fluir transparente como el agua. Estas escenas, sin el texto, se acercan a la poesía visual, pero acompañadas por él adquieren además una relación de ecfrasis. Este término alude clásicamente a la descripción poética de una obra pictórica. No obstante, Claus Clüver la redefine en 1997 para abarcar la verbalización de cualquier producción no-verbal, dándole espacio al cine, el teatro, la danza y el performance. Más que una adaptación del poema de Williams, Paterson (2016) funcionaría como una ecfrasis inversa, es decir, una especie de traslación de las imágenes verbales del poema a las visuales del filme. Al igual que todo poema, Paterson (2016) cuenta visualmente con patrones y rimas internas en la forma de ciertos momentos que se repiten, como el blanco y negro de los diseños de Laura, los gemelos, las conversaciones. Hay un interés especial por la dualidad en estas imágenes, lo cual en mi opinión alude a la relación entre literatura y cine que el filme busca evocar.

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Es importante señalar que la película no es únicamente poesía visual. La trama se encumbra hacia ciertos conflictos que, sin ser particularmente maravillosos, son de gran significado para la historia. El ritmo es algo lento, pero contiene varios instantes de comicidad que mantienen nuestro interés. Un ejemplo son las travesuras del bulldog inglés de la pareja, Marvin, interpretado por una perrita llamada Nellie. Sus escenas harían a la película acreedora del “Palm Dog Award” en Cannes, premio alternativo que se le otorga a la mejor interpretación por parte de un canino.

Paterson no se encierra solamente en un homenaje a Williams: es una oda a los detalles que urden el día a día. No hay poesía sin repetición, y tampoco existe vida sin rutinas que últimamente acaban por darle sentido. En el centro de esa vida, la característica misma del arte: la pretensión de abarcar todas las cosas y la conciencia de su imposibilidad, pero también el intento inacabable por lograrlo. Este gran logro de Jarmusch sigue disponible a la fecha en la Cineteca Nacional. Si no se han acercado todavía a la obra de este director, o a la poesía en general, Paterson funciona como un buen incentivo. Para finalizar, uno de los poemas más famosos de William Carlos Williams, que tiene su momento en el filme:

Esto es sólo para decir

Me he comido

las ciruelas

que estaban

en el refrigerador

y que

seguramente

habías apartado

para el desayuno

Perdóname

estaban deliciosas

tan dulces

y tan frías.

                                         (William Carlos Williams, Collected Poems, 1934).

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Me encanta, es un debo verla

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