Un reflejo en la penumbra: una brevedad policíaca

En los últimos años la minificción y el microrrelato abundan en la crítica literaria y el mercado editorial. Esta entrada al canon también marca una pauta para los creadores y las editoriales. Libros como La sueñera de Ana María Shua, Crímenes ejemplares de Max Aub, y Caza de conejos de Mario Levrero han logrado fortalecer a los ciclos de microrrelatos, que son libros que reúnen piezas breves e independientes que al mismo tiempo exigen de otras para ser entendidas como una totalidad. Un reflejo en la penumbra de Fernando Sánchez Clelo es un ciclo de microrrelatos, pues pueden leerse de manera autónoma y en conjunto como una especie de novela. Aunque las dispersas aventuras de Buck Spencer, el protagonista, parecen no tener conexión, al final forman una sola historia que se consolida dentro del universo creado por el autor.

Por exigencia estructural y temática, el microrrelato no puede albergar a más de dos personajes, ni tramas muy complejas. En sí, los autores de microrrelatos tienen en claro que se debe trabajar con personajes ubicables con facilidad y caracterizados brevemente con adjetivos y/o situaciones que ayuden a economizar el lenguaje. En la historia, Buck Spencer va resolviendo enigmas que parecen ser aislados, pero se descifran en conjunto, pues hay un misterio en común. Un elemento importante para esta construcción es que los textos sólo tienen un personaje que es el eje de las distintas historias; asimismo, esto refuerza el carácter policíaco de la obra como el poder construir microrrelatos sólidos. Sin embargo, una dificultad de lectura es la variedad de personajes e historias paralelas, pues en los más de treinta microrrelatos se presentan existen más de seis enemigos potenciales que, en algunos casos, aportan poco a la trama. Esta situación afecta a los distintos casos, a las pistas que Buck Spencer encuentra y las escenas que se presentan.

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En el libro el apartado de “Banda sonora” reúne un gran número de piezas de jazz con las que pueden ser leídos con los microrrelatos. Esto también permite que el lector identifique con mayor facilidad la obra en relación con el género de film noir, pues éste se caracterizó por tener pieza de jazzistas como Miles Davis, Bernard Herrmann, o John Coltrane.

Un punto donde las historias policíacas y el microrrelato se conjuntan es la elipsis, en los dos casos ésta funciona de manera orgánica para que el texto tenga coherencia y el lector siga interesado por resolver diferentes enigmas. La combinación que se presenta en Un reflejo en la penumbra concreta que el microrrelato puede construir historias extensas en conjunto. Este tipo de obras ayudan a que la crítica explore las diferentes fronteras de los géneros, y dar nuevas lecturas en torno a fenómenos que parecieran difíciles de clasificar.

Es importante revisar este libro por su pureza y efectividad narrativa, además porque es un gran homenaje para los fanáticos del género policiaco y un estandarte del microrrelato. Al final, Un reflejo en la penumbra muestra un estado de madurez en la narrativa breve de Fernando Sánchez Clelo, y también su conocimiento sobre la tradición de la narrativa policíaca. Este tipo de obras crean un puente entre los creadores y los nuevos procesos de experimentación.

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