Gaspar Noé o el desplazamiento del caos (parte 1)

Podríamos decir que en la filmografía de este director argentino hay una serie de tópicos que se caracterizan por estar relacionados con la violencia y el abuso, cosas nada ajenas a nosotros y de las que incluso nos mofamos a veces o nos reímos de ello. En esta serie de notas me referiré someramente a una serie de películas en las que se puede ver cómo Gaspar Noé concatena la crueldad humana y el amor hasta volverlos indisociables del mundo moderno en sus famosos largometrajes, tales como Irreversible (2002), Enter the Void (2009) y Love (2015); asimismo con el dístico Carne (1991), que es un cortometraje, y Solo contra todos (1998), mediometraje; cintas que, lejos de hacernos reír o volvernos indolentes, nos hacen testigos impotentes y con-dolientes de lo que vemos.

La eclosión y el desplazamiento (Es inevitable que haya spoilers, por lo que se recomienda discreción).

      Empezaré con estos dos últimos. Tanto Carne como Seul contre tous son protagonizadas por un personaje conocido como el “Carnicero”, oficio interpretado por Philippe Nahon. Su historia comienza cuando es abandonado por su esposa y se tiene que hacer cargo de su pequeña hija. Todo pareciera apuntar a un denodado esfuerzo por parte del padre por salir adelante frente a tal abandono, pero Noé evita los heroísmos en sus personajes, evita que nos identifiquemos con ellos por la violencia que ejercen contra otros. En el caso del Carnicero, éste es encarcelado tras haber “ajusticiado” a un albañil al que supone “violador” de su hija cuando ella se presenta frente a su padre con la mancha de su primera menstruación.

La escena de la apuñalada en la boca del albañil supone un “pago” a la inversa por la “penetración violenta”, imaginada por el Carnicero. De esta manera, Gaspar Noé nos muestra por un lado que el supuesto acto de protección paternal deriva en un “alivio” por la contención de furia que el protagonista guardó en sí desde el abandono de su esposa al mutilar a otro sujeto; por el otro, nos expone a un individuo social que por la presión económica y la soledad conyugal. Posee, pues, una neurosis tal que no le permite racionalizar sus acciones sino dejarlas explotar de forma violenta. Existe un “amor filial” que ese insinúa en el cortometraje como un amor carnal que el Carnicero tiene hacia su hija al imaginarse a ambos en una habitación de hotel. De nuevo, Noé coloca al espectador en una posición nada cómoda donde podemos observar al padre tener tentaciones de yacer con su propia carne sin remordimiento alguno. Y más incómoda es la sensación en tanto que sabemos que la hija padece autismo, lo que le da un alto grado de vulnerabilidad.

Carne (1991)

En Solo contra todos el personaje no cesa de infringir violencia. Embaraza, después de haber salido de la cárcel, a la dueña de un café-bar a la que termina por odiar junto a su madre. Piensa que estas mujeres y el bebé no deseado le han quitado lo que le quedaba de vida, que él puede dar más al mundo que sólo esa miseria hacia la que lo “arrinconó”. En términos psicológicos es interesante apreciar que el hombre nunca siente que las cosas sean su culpa sino que se siente víctima de una vida que no eligió. Así es como se deslinda de la responsabilidad de sus acciones.

Gracias a esta disociación cognitiva decide retomar su “libertad” cuando golpea a la mujer embarazada, provocándole un aborto y deja malherida a la madre. Siendo ya prófugo, busca rehacer su vida al margen de la sociedad francesa. Con estos dos filmes, Gaspar Noé pone en marcha lo que llamo el desplazamiento del caos, es decir, de la violencia, y que tendrá su continuación, con variaciones, en las demás películas.

Lo que quiero dejar claro aquí es que el argentino logra todo el tiempo poner en la vida del Carnicero, y en la de sus demás personajes, que la violencia para ellos no es una elección natural de sadismo con la que podemos justificar su acciones mediante un diagnóstico clínico que los califique de “locos”, sino que en tanto que viven en una estructura económica, política y social determinadas, ellos son parte de un proceso de naturalización de la violencia, tanto en las relaciones interpersonales como en las elecciones que tomamos en nuestra vida, cosa que nada o poco tiene que ver con la “locura”. Esto, en resumen, es lo que vuelve más interesante aún la filmografía de Gaspar Noé.

Al ver al Carnicero ¿se ven a ustedes mismos?

La siguiente semana se ahondará un poco más en esto al hablar de Irreversible, ya que se puede considerar como  filme axial en el cine del director argentino: un núcleo de materia oscura que se disemina constantemente.

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