Gaspar Noé o el desplazamiento del caos (parte 2)

La semana pasada iniciamos este breve repaso por los tópicos del cine de Gaspar Noé al hablar de Carne y Solo contra todos, y cómo es que los va concatenando y les va dando diferentes tratamientos. Esta vez me enfocaré en una de sus películas más conocidas y controversiales, por lo que de una vez aviso al lector que habrá algunos spoilers.

La irreversibilidad del caos en el tiempo

Irreversible (2002) tiene un lugar especial en la filmografía de Noé. No sólo por mostrar en ella una de las escenas más crudas del cine contemporáneo: el de una violación y casi asesinato del personaje femenino Alex, protagonizado por Monica Bellucci, sino también por la forma en como está expuesta la película: el título en los afiches está al revés (IЯЯƎVƎЯSIBLƎ) al igual que todos los fotogramas; a su vez, la historia está “contada” de fin a inicio. De hecho, al comenzar la película podemos ver al Carnicero de las películas anteriores teniendo una conversación con un compañero suyo en la que habla sobre la relaciones sexuales que mantuvo con su hija. No es gratuita la inclusión de este personaje en Irreversible, ya que, como mencioné en la nota anterior, el director continúa su exploración de la crueldad y amor humanos en la sociedad contemporánea. Y es por ello que en este largometraje, Gaspar Noé nos violenta más todavía como espectadores al proponernos una nueva manera de mirar esta violencia sin manera alguna en que nosotros podamos intervenir; por eso es que la escena de la violación de Alex dura varios minutos con la cámara fija mirando tal situación doliente y vívida: nosotros no podemos mirar hacia otra parte: permanecemos impotentes.

 

       Por otra parte, la película transcurre entre la relación que Alex tiene con su pareja Marcus (Vincent Cassel), y la amistad de ambos con Pierre (Albert Dupontel), ex novio de Alex; una relación que poco a poco, conforme avanzamos en la trama (avanzar es un decir) vemos su deterioro: el amor entre Alex y Marcus se va contaminando por las actitudes violentas de éste hasta culminar en la violación de aquélla y el posterior asesinato de un personaje incidental por parte de Pierre (esta escena podría ser análoga de la del Carnicero cuando mutila al albañil en Carne, pues lo que los relaciona a ambos es que son inocentes del crimen que se les imputa). Además cabe añadir otro detalle doloroso: al llegar al final (inicio) de Irreversible nos enteramos que Alex estaba embarazada, realizando así Noé otra analogía y referencia con Solo contra todos…: la del engendramiento de una vida no deseada y que no llega a nacer.
Estas autorreferencias que realiza Noé, nos hace recordar todo el tiempo que no es posible escapar de eventos irreversibles: una violación, un asesinato, las ruinas del amor. Más aún, la continuidad que hay en Carne, Solo contra todos e Irreversible, conlleva un encadenamiento de situaciones que, a pesar de no estar (y sí) contados de manera cronológica, tensan la cadena a tal punto que nos revienta en la cara, causándonos un shock. Es decir, la violencia no es gratuita en las películas de Noé, tienen la finalidad de despertarnos de su estetización, pues estamos acostumbrados a verla en todas partes y en tomarla como algo cotidiano que carece de la importancia que debiéramos darle.

 

La famosa escena del paso a desnivel, donde ocurre lo irreversible

Por otro lado, si bien Irreversible comienza con la escena del Carnicero, y posteriormente, con un asesinato que no debió de ser cometido, se vuelve peor cuando vemos cómo era la relación amorosa entre Alex y Marcus: estupenda, ideal. Gaspar Noé nos da primero el signo de la muerte y de la destrucción, y después, al reconstruirlo en un signo de la vida y del amor, el efecto de shock termina por tumbarnos moral y sentimentalmente; más aún: nos despierta una conciencia ética sobre ambos signos, indisolubles en el filme.
Es por ello que esta película es un eje, a mi parecer, de la filmografía de Gaspar Noé, por una cuestión temática y una formal, que después retomará de forma magistral en sus siguientes dos filmes: Enter the Void y Love, de los cuales hablaré en la siguiente nota con más detalle, pues concluyen con el desplazamiento del caos, reafirmando la máxima que aparece al final de Irreversible:

 

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