¿Por qué (casi) no se lee poesía?

Hay una cuestión importante a la hora de leer poesía y que, al decirla, suena a estupidez y obviedad: (la mayoría) no está escrita en prosa. ¿Qué quiere decir esto? Nosotros estamos acostumbrados a primero leer y decodificar un texto a partir de su sintaxis, por lo regular clara y directa. Estamos entrenados para leer de cierta forma, sea narrativa, ensayo, divulgación científica; fuimos preparados para entender un texto (escrito u oral) de forma mecánicamente inmediata. Sin embargo, al enfrentarnos con la poesía, tenemos el gran inconveniente de que está escrita con una sintaxis  no directa, por lo tanto, nos suena “oscura” o “poco clara”.
       Un error que podemos cometer al leer poesía es intentar leerla como si fuese prosa, por lo que nuestro cerebro (nuestro yo) intenta recalibrar la información obtenida de manera que pueda sernos inteligible. Pero ¿qué es lo que sucede al intentar esto? Nos damos de topes contra la pared porque queremos que se adecúe aquello que leemos de una manera que no le corresponde, y esto conlleva que dejemos de lado la lectura de poesía. Entonces la consideramos “difícil”, “im-pensable” (en su sentido más lógico y racional).

Cuando te enfurruñas con la poesía

        Podemos, asimismo, considerar que la poesía “no es lo nuestro”,  que “no se nos da”. Estos motivos hasta cierto punto pueden justificarnos, pero hay más. Lo otro importante de por qué dejamos la poesía de lado es que no sólo tiene una sintaxis peculiar, sino que contiene una serie de tropos y metáforas que dislocan el sentido de “lo directo” a uno “sugerido”; es decir, al no existir una univocidad de la lectura del texto, pensamos que podemos “equivocarnos” al dar una opinión del mismo. No es que nosotros no hablemos con metáforas o no hagamos analogías, porque en realidad estamos acostumbrados a ellas con las canciones que oímos, pero en la poesía, dependiendo el autor, éstos se vuelven más complejos. Por lo tanto, requieren una mayor comprensión, una voluntad de entendimiento distinta. Casi se podría decir que preferimos lo que menos trabajo cueste, nos damos a la “ley del mínimo esfuerzo”.

Lo anterior concierne a condiciones inmediatas de la lectura del poema. Pero hay otras que remiten a cuestiones de difusión de la poesía. Es evidente que, como ya vimos, sea más común leer narrativa o ensayo, y que por ello se dé una buena incentivación a que haya una mayor producción de textos prosísticos —Dejo fuera la filosofía porque su complejidad radica en la capacidad de abstracción de cada persona y a los referentes que hace ella misma a la tradición de la que procede y a la que critica, más aparte a la que postula, lo cual necesita otro tipo de entrenamiento—. No obstante, existen un gran número de convocatorias de creación literaria en el área de la poesía que se ocupan de la pro-moción de la misma, y que se encargan de la edición y publicación de felices poemarios, en el sentido de logrados.

Cuando te dicen que no leen poesía porque es “complicada”

      Mas hay que traer a colación ese adagio que reza: “no todo libro publicado es un libro vendido, y no todo libro vendido es un libro leído”. Esto aplica, sin lugar a duda, a todo tipo de texto, pero en el caso de la poesía hay que considerar este factor: somos, supongo, unos románticos empedernidos que alguna vez han dedicado una canción de amor, y a su vez, hemos visto u oído algún famoso poema de amor de Neruda, Sabines, Benedetti, Sor Juana, Rosario Castellanos, porque es un signo (sí, bastante importante) de interés por la otra persona; lo cual nos lleva a empezar a leer poesía y a seguirla dedicando. En el momento en que entendemos que no era tan complicada (ojo, hay que evitar generalizaciones), nos quedamos con lo que mejor entendemos y ahí nos quedamos. ¿Por qué creen ustedes que la poesía con un lenguaje menos “enrevesado” tiene más lectores? Porque de una u otra forma, se acerca más a lo que estamos acostumbrados: el lenguaje casi directo de la prosa.

Sección de tips (casi) (in)dispensables para leer poesía

  1. Aprender a ejercitar nuestra lectura de la poesía leyéndola más (sea en español o en otro idioma).

  2. No darse por vencido cuando un poema no lo entendemos a cabalidad (pues la relectura siempre nos da una nueva perspectiva tanto del poema como de nosotros mismos).

  3. Dejar de creer que la poesía es únicamente para sentirla y no para pensarla (sentir y pensar no son fenómenos excluyentes).

  4. Con respecto al punto 3: hay poemas o versos que solamente llegamos a entender cuando padecemos una experiencia a la que apela (y que no necesariamente es evidente).

  5. Compartir y hablar de(sde) la poesía con los otros: la retroalimentación siempre ensancha nuestro horizonte de pensamiento.

  6. No es necesario aprehender un poema o un verso, pues esos puntos de fuga son parte de la riqueza de la poesía.

  7. En consonancia con el punto anterior y el 5: experienciar la poesía es ser en el mundo de otra forma.

  8. Los poemas son una subjetividad distinta o afín a la nuestra, por ello no es obligatorio que te guste tal o cual autor que le encanta a los demás (es decir, evita imponer y que te impongan gustos).

  9. Cuando des tips para leer poesía, deja en claro que partes de tu propia experiencia con ella, la cual no es universalizable.

  10. Siguiendo al gran Ulises Carrión: “Querido lector, no lea”.

No es Ulises Carrión pero le da un aire
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