La muerte del padre

La mayoría de mis notas, amigos del alma, se relacionan con la música, sobre todo música popular -como si la misma sencillez de la música estuviera totalmente involucrada con las cosas que me rodean-. Uno no quisiera relacionarse con los sentimientos que expresan cada una de las rolas que escuchamos, pero es inevitable; pues en algún momento de nuestras vidas, algodoncillos de azucar, sentimos tan nuestras lo que ellas nos expresan: un amor secreto, imposible, realizado, terminado… Abandonado. Sin embargo no es sólo el amor y los sentimientos que lo rodean lo que las canciones nos provocan, ya que son muchas cosas más; pero en esta ocasión el abandono y el amor son los elementos principales de esta notita, mis queridas palomitas desdichadas.

José José, sí, El príncipe de la canción, él mismo y nadie más, abrió las heridas, y no es raro, puesto que siempre que uno quiere cantarle al desamor, se presenta de manera oportuna –pareciera ritual de la persona despechada encender un reproductor de música y cantar a todo pulmón, ya entrado en copas, muchas copas, El triste, Amar y querer, Almohada, La nave del olvido y otra lista de canciones-, y en esa ocasión no fue la excepción.

Me encontraba con uno de mis tantos amigos, pero no estábamos bebiendo, tan sólo platicábamos de cualquier cosa y de repente una canción, una muy distinta a las que suele interpretar El príncipe: Una mañana. La canción pintaba para tararearla y pensar en la persona amada; pues la letra, a mi manera de ver las cosas, es sobre la espera para la entrega del amor sin reparo. Sería una contradicción que la rola, mis cariñitos hermosos, se volcara hacia la tristeza; sin embargo pasó, las contradicciones llegan cuando uno menos se los espera. No hubo lágrimas ni nada por el estilo, tan sólo una confesión, creo la más grande que me han hecho, pues, mi amigo, sin mirarme, me dijo, “cuenta mi madre que cantábale mi papá esa melodía. Siempre, antes de partir e ir a trabajar, siempre, como si quisiese que esa canción guardara todos sus secretos, no sé, a veces pienso que José José se volvió un confidente, el más íntimo que hubo entre ellos, sin embargo un día se fue, no murió, ni nada, sólo se fue, no dijo dónde, sólo ya no está aquí.” Es obvio que no lo dijo de esa forma, ya que  fueron algunas palabras como “mi jefe le cantaba a mi jefa esa rola, pero luego quién sabe, sólo se largó”; pero siempre es bueno verlo así.

Él abandonó a su familia, motivos tenía, nunca sabré cuáles fueron, pero lo relevante de aquí es el hecho que no se encuentra con su familia. Entonces después pensé, ¿qué tan grave puede ser eso? Pero me pareció más interesante verlo desde otra óptica, ¿uno debe querer a sus hijos? ¿Uno debe amar a sus padres? La gente puede argumentar que como padre uno debe hacerse cargo de lo que trajo al mundo, de eso no hay duda, ¿pero amar a eso que trajo al mundo?

Zorro y zorrito
Imagen tomada de Internet

Yo entiendo, o trato de entender, lo que es traer un hijo al mundo, pues implica un titipuchal de cosas, sin embargo vuelvo a la pregunta, ¿debo amar aquello que concebí? Asimismo, ¿eso que surgió gracias a mí me debe querer? Pues uno entiende, rebanaditas de pastel, que no se escoge aquello que nace, de igual manera aquello que nace no escoge ni ser traído aquí ni quién lo trae. ¿Entonces? Yo amo a mi pareja, a mis amigos, a mi perro o cualquier cosa que elija, y por esa misma razón las amo: yo las seleccioné para tenerlas a mi lado el tiempo que sea necesario, pero ¿yo como hijo estoy obligado a amar a mis padres?

No sé a ciencia cierta si José José pensó lo mismo que yo, pero les puedo asegurar que él provocó que mi amigo me llevara a esa pregunta. Tal vez sólo sea el canto a los abandonados, a todos aquellos que esperan la llegada de ese día perfecto para entregarlo todo, tal vez… Su padre pensó que no lo quería, y, a lo mejor, su padre realmente no lo quería. No sé, me gusta más la idea que tal vez, y como dice la canción, una mañana… Una mañana linda como una flor, como el amor que siempre te daré. Sin embargo yo no inventé la vida y a veces, ese tipo de preguntas surgen cuando menos te los esperas.

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