La eterna lucha: lengua vulgar vs. lengua normativa

La oposición que existe entre la lengua vulgar (lengua que habla el pueblo sin una vigilancia académica) y la lengua normativa (lengua elaborada a través de una estandarización de reglas gramaticales y ortográficas) es tan grande, que podríamos escuchar, cuando alguien toma postura por alguna de éstas, la siguiente frase representativa de la lucha: “Pelearán de dos a tres caídas sin límite de tiempo”.

Existen, por obviedad, partidarios de ambas y es por ello que están en una continua pelea extremista desde hace unos siglos (muchos). La lengua vulgar, por ejemplo, en constantes ocasiones es menospreciada debido a su fluidez poco cuidada. Por otra parte, la lengua normativa brota de lo asequible en el mundo intelectual, de una premeditación y un cuidado copioso. Cuando nos topamos con ambas la pregunta real sería: ¿en verdad existe una forma de comunicación que sea mejor que otra?

Dante Alighieri emitió alguna vez lo siguiente:

(…) la más noble es la vulgar, ya sea porque fue la primera en emplearse por el género humano, ya sea porque todo el mundo se sirve de ella a pesar de estar dividida en varias modalidades y vocablos, ya sea porque nos es natural, mientras que la otra es más bien artificialmente.

Aun cuando, al leer la cita anterior, podemos quedar estupefactos y hacernos partidarios inmediatos de lo que argumenta Alighieri, cabe destacar que por su parte, la lengua normativa contribuye a la sociedad en un punto importante: el fomento a la homogeneidad en un mismo idioma. Donde, a pesar de los dialectos (variantes lingüísticas entre zonas o espacios donde se habla una misma lengua), podemos comprender lo que otros hablantes dicen. Así, un ejemplo podría estar situado en un contexto donde un hablante mexicano norteño, un hablante mexicano del centro y un venezolano ven un objeto bonito por lo que cada uno diría…

Hablante mexicano norteño: qué curada cosa
Hablante mexicano del centro: qué chida cosa
Hablante venezolano: qué bonita vaina.

A través de la lengua normativa simplemente podríamos decir “qué bonito objeto” y todos comprenderíamos lo que el otro dijo. Un punto que no podemos olvidar es que, aunque la lengua normativa es homogénea en cuanto lo antes explicado, también dentro de las variantes lingüísticas podemos encontrar una riqueza increíble que enaltece a cada idioma. 

En México, por ejemplo, tenemos variantes lingüísticas marcadísimas. Muchas de las mencionadas están divididas según las zonas geográficas, por lo que el territorio y los pueblos nativos de ese espacio incentivan a que los dialectos se marquen con más fuerza.

pelea

Muchos, desde nuestra perspectiva totalmente académica, desprestigiamos a veces la forma en la que hablan las masas; corregimos sus “faltas ortográficas” y juzgamos las palabras que emplean (haiga, ansina, dijistes, pos), sin saber que algunas de dichas palabras han existido en el pasado y otras tantas son producto de un patrón de cambio que se gestó hace muchos años (desde que el latín dejaba de ser latín); asimismo, sin estas manifestaciones lingüísticas una parte de nuestra identidad nacional y cultural se vería acabada.

Así que “sin Yolanda, Maricarmen”, todas las formas de comunicación, por más sencillas o profesionales que parezcan, son puentes que unen a dos interlocutores que se encuentran en la perenne búsqueda de asir al mundo por medio de las palabras.

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