¿Y después del eclipse qué sigue?

¡Felicidades, cosmonautas! Han logrado sobrevivir a su primer y tal vez único eclipse solar. El lunes fueron a la ferretería por un filtro para soldar número 14, prepararon  amuletos de cabra y conejo para alejar las malas vibras y por si las dudas escribieron su testamento. Pero aquí están, sanos y sin ceguera permanente. 

¿Qué sigue después del eclipse? Algunos regresan a la oficina, otros continúan caminando por las calles; los niños salen al recreo, los taxistas vuelven a luchar contra el tráfico, las parejas vuelven a sus teléfonos y los perros menean la cola. Solitario y brillante el sol ha vuelto a ser olvidado.

    Horas antes del suceso la gente se encontraba asombrada. El radio, la televisión y el internet nos recordaban que durante unos minutos dejaríamos de tener luz. Y sólo así, con tan poca información todos se preguntaban si podían dejar que la emoción o el llanto  los abrazara para ver cómo el día terminaba por convertirse en noche. Pero…no pasó.

    Un poco triste y sin lentes especiales para ver el eclipse descubrí que día con día perdemos la capacidad de sorprendernos. Ya ningún hecho nos parece lo suficientemente satisfactorio como para pensar en él. Planetas mueren, lunas nacen, asteroides pasan y nosotros seguimos de largo. He visto docenas de veces a niños preguntar por qué los elefantes no pueden brincar o por qué los perros ladran en lugar de aullar, dudas tan necesarias que sus padres deciden ignorar.

Todas las noches antes de ir a dormir salgo al patio de mi casa y volteo hacia el cielo, implorando casi de rodillas que alguna estrella o cometa  caiga. Pareciera que tengo una necesidad innata a lo que sólo sucede en los sueños. ¿Qué necesitamos para volver a sorprendernos? ¿Qué necesitamos para que nuestras pupilas se dilaten como cuando damos un beso?.

    Y sí, cosmonautas, a lo mejor soy uno de esos románticos que desearían un lugar lleno de flores en el que todos cantamos al compás del viento. Y sí, ese no es el mundo en el que me tocó vivir. ¿Pero quién no anhela un sitio así? ¿Quién no anhela dormir bajo la sombra de un árbol viejo? ¿Quién no anhela despertar entre el gorjear de los grillos?

    Ustedes lo saben. Cuando viajan en el transporte público o van a las plazas, nadie despega el rostro del suelo, nadie disfruta la nieve que compra, nadie le pregunta al cajero si por las noches trabaja de policía, nadie duda qué clase de ave será la que picotea en los semáforos, nadie grita cuando ve un accidente. Ustedes saben que nadie anhela ya nada. ¿Entonces qué sigue después del eclipse? Por desgracia no tengo la respuesta, pero creo estar cerca de ella.

Después del eclipse sigue la vida, una vida pequeña a comparación del universo, una vida que no puede detener el dolor de toda la humanidad  pero sí cargar con él, una vida que no espera cambiar vidas pero sí entrar en ellas, una vida que cae y se levanta. Después del eclipse deben salir de sus cuevas y sorprenderse del gran espectáculo que es respirar, sorprenderse de conocer sus manos por primera vez, sorprenderse al saber que su voz puede mover mares o construir nubes. Abran bien los ojos y miren al sol sin miedo, que cuando nosotros nos vayamos este seguirá ahí.

Hasta pronto, cosmonautas.

 

 

 

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