Posible apología del reggaetón

Recuerdo que cuando tenía 9 años escuché por primera vez, de forma consciente, una canción de reggaetón. Recuerdo que pensaba que si decía que no me gustaba iba a obtener alguna clase de estímulo o recompensa por parte de mis compañeros de clase. Algunos me sonrieron, otros me ignoraron. Recuerdo que era el convivio de diciembre y la mayoría bailaba “Ella y yo” de Don Omar ft. Romeo Santos; así como yo, estoy seguro que la mayoría no sabía que la canción con la que alegremente contorsionaban sus cuerpecitos, hablaba de una infidelidad, pero aún así bailaban de lo más felices. A mí me daba pena bailar por ese entonces, porque esperaba alguna clase de aprobación sobre mis movimientos y nunca la obtenía, porque en las fiestas familiares yo era una niña en un mundo de adultos y nunca me animé a pedir que alguien me enseñara a coordinar mis pies al ritmo de la música. Recuerdo que ese día regresé muy triste a mi casa porque nadie bailó conmigo y porque decir que no me gustaba el reggaetón tampoco hizo que alguien me diera algún “premio”. Sí, de morritos hacemos cosas inexplicables.

Recuerdo que en los años que vinieron hubo muchos éxitos y yo seguía sin aprender a bailar ni reggaetón, ni salsa, ni cumbia, ni nada. Sólo sabía bailar ballet y danza folclórica, pero eso no ayudaba, eso no servía de nada. Me molestaba su ritmo pegajoso y su cadencia reiterativa, en donde caderas, cintura y pies debían moverse en una secuencia completamente enredada para mí, una mocosita de once años, que terminaba por apagar la radio de un trancazo cada que esas canciones empezaban a sonar con su música endiabladamente pegajosa y sus letras provocativas, que por sus constantes alusiones al sexo, me sacaban de onda aún más. Molesta, me entraban las ganas de llorar y maldecir mi arritmia involuntaria, porque claro, a esas edad a uno le gusta encajar y no hacerlo, resulta completamente frustrante. Antes de salir de la primaria, recuerdo que les dije a mis primas, que por lo menos me llevan de diez a quince años, que quería aprender e intentaron hacer que me deshinibiera, pero ese no era el problema, el problema venía de otro lado: muy en el fondo aún tenía la creencia que si odiaba el reggaetón sería superior a los demás en algún sentido y eso hacía que ni mis pies ni ninguna extensión de mi cuerpo, obedecieran a mi cabezota de puberta aún desproporcionada.

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Cantantes de reggaetón populares entre el 2007 – 2011

La secundaria a todos nos cambia. Recuerdo que era 2009 y me empezó a gustar una canción de Angel y Kriz que se llamaba “Na de na”, pero en secreto, porque claro, crecí y viví muchos años en una ciudad-pueblo, y todos nos conocíamos, todos en la secundaria sabían o inferían que yo odiaba el reggaetón, porque la gente como yo se supone que debía odiarlo y sentirse superior por eso. Recuerdo que veía a escondidas en mi casa el canal de los videos musicales y esperando que los amigos de mi hermano no me cacharan, veía fragmentos del video de “Atrévete-te-te” de Calle 13, maravillada y culpable, sintiéndome avergonzada de una forma inexplicable, porque lo disfrutaba, lo “gozaba”, claro, esa palabra tan repetida en todas las canciones de esos años y lo ocultaba, creyendo que admitirlo de alguna forma me convertía en una persona vulgar. Acumulaba las canciones que me gustaban en una libreta, para después escucharlas con audífonos en la computadora que mi hermano y yo compartíamos, sonriendo por dentro y fingiendo que escuchaba cualquier otra cosa. Recuerdo que entre las canciones que más me gustaron de esos años estaban: “Dile” de Don Omar, “Rompe”, “El ritmo no perdona” de Daddy Yankee y “Lo grande que es perdonar” de Vico C ft. Gilberto Santarrosa, si es que la última sí es reggaetón, y aunque las escuchara en la escuela y en la calle, la verdad, fingía que ni las conocía. Ya sé, qué oso.

Recuerdo que mi arrogante superioridad moral llegó hasta la prepa, y me sentía orgullosa por odiar abierta e “informadamente” el reggaetón, por tacharlo de estúpido, misógino y musicalmente inferior a cualquier otra cosa que me gustara, como la trova y el rock, ja, qué ingenua ¿no? como si esos géneros no fueron igual de misóginos. Hubo muchísimos éxitos, demasiados, pero yo como si nada, ya ni si quiera los escuchaba a escondidas y nunca hablaba con nadie de la época en la que me había gustado en secreto, porque no, qué vergüenza, mejor nunca hablar de eso con nadie. Recuerdo a Chava, Chava era mi mejor amigo, íbamos en un Conalep, pero en mi grupo había un sentimiento grupal de superioridad por despreciar el reggaetón, excepto en él, a él sí le gustaba, y al final de todas y cada una de las discusiones de las cuáles siempre se sentía medio apaleado, nos decía: “es que uno siente cosas” y nosotros decíamos, casi a coro: “no Chava, el reggaetón es una porquería, con eso no sientes nada, no seas ridículo.” Y yo, obviamente, suprimía los episodios de horas intentando mover la cadera, los pies y los brazos al ritmo de ese género “desprestigiado” nacido y acogido en un país que resiste la colonización, yo olvidaba mi lista de canciones, y yo olvidaba que al menos movía la cabeza en las discos y los antros con “Salió el sol” de Don Omar y quería desde lo más profundo de mi corazón poder bailar como lo hacían todos. Recuerdo muy bien que con cada negación de cabeza de Chava por no poder darse a entender ante mi imperativo “eso no es música”, aumentaba esa sensación gigantezca de soberbia y superioridad que olvidaba mi puberto anhelo de aceptación.

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Don Omar en “Salió el Sol“, diciembre 2009

Ahora, cualquier persona que me conozca, podría leer esto con la boca abierta, porque seguramente me han visto perrear hasta el subsuelo y cantar a todo pulmón “Borro casette” de Maluma y pedir a gritos en cualquier fiesta “Safari” de J Balvin, además de cantar reggaetón “clásico”, como le digo al reggaetón del 2007 al 2011 y disfrutarlo como si toda la vida lo hubiera hecho. Y la verdad, lo único que puedo decirles es que no vengo a reivindicar nada, muchos en artículos bastante formales y hasta académicos, ya lo han hecho, menos vengo a hacerlo desde mi postura de morra blanca privilegiada, simplemente ahora puedo decirles que me acuerdo de Chava y cómo me decía al final de cada pelea “es que no lo entiendes, uno siente cosas y uno baila cada que siente cosas y se siente bien”, y aunque cuando me lo dijo no quise entenderlo y menos escucharlo, un día me di cuenta que tenía razón y finalmente, no necesité esforzarme en gozarlo, un día simplemente empecé a gozarlo, y Chava, si estás leyendo esto, tenías razón, siempre tuviste razón. Así que hay que bailar un reggaetón lento, de esos que no se bailan hace tiempo.

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Lupe dice:

    Una siempre se posiciona para el otro y reafirma lo que una es para el otro. El regueeton es un género que habla abiertamente de temas hasta hoy “tabúes” en nuestra sociedad, y si es misogino, sexista y provoca la moral en turno. Pero como bien dice este artículo, que letras o géneros no son misoginos? Unos de manera romántica otros de manera más abierta pero el sistema patriarcal es tan profundamente nuestro que lo dejamos de ver. A las mujeres que nos posicionarnos como seres críticos del sistema que nos vio nacer, se nos ha estereotipado y si es re lindo criticar y sentirse mejor persona por odiar la banda el regueeton y la cumbia. Pero si supiera lo rico que es sudar al ritmo de los tambores y bits fuera de las letras y el patriarcado realmente liberador. Gracias por compartir

    1. Vanitzel dice:

      Apropiarnos del reggaetón es la forma en que podemos combartir la misoginia de sus letras, apropiárnoslo y bailarlo sin tabús. Las letras de Ivy Queen son un gran ejemplo de esto. Gracias por leer (:

  2. En los inicios del Rock and Roll, cuando de a poco dejaban los negros las cárceles y refugios, inicio un ritmo que hasta en la actualidad cualquier individuo ha escuchado a lo largo de su vida; por tu aritculo se me viene a la mente esta misma traslación del “genero musical” llamado reggaeton y si bien en aquellos entonces el rock era para las almas libres deseosas de emprender algo diferente a lo comun, quiza hoy en dia quien admita el gusto por el reggaeton también de alguna manera admitirá el deseo de ser algo diferente aunque eso signifique morir en el intento ya que esto de la diferencia no se les da muy bien a los chavos de hoy en dia y si mas un intento de identificación con el otro, terminando en una paradoja. también en tu discurso hablas de un gusto de “closet” que tuviste por este genero durante un tiempo ¿sera acaso que tu publicación se oriente hacia un mismo encierro?

    1. Vanitzel dice:

      Al contrario de sentirse diferentes, el reggaetón está pasando por su mejor momento, las disqueras han logrado absorver y potencializar este género musical para el mercado global, como dice Zygmunt Bauman, cualquier elemento cultural de la periferia – como el caso del jazz, el rock y ahora el reggaetón – termina siendo absorbido por la industria cultural de forma gradual y paulatina. No comprendo lo del encierro, pero gracias por leer (:

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