La gran cortina de humo

A Yesua Sánchez

en señal de veneración y de amistad.

Tijuana, jardines de Otay, 30 de agosto del 2017

 

Una de las mejores dedicatorias que he leído es la de Ser y Tiempo de  Martin Heidegger, pues va dirigida a su mentor Edmund Husserl; yo, por mi parte, he decidido que este texto sea para uno de mis dos grandes camaradas. Sin embargo, dejemos atrás tanta lisonjearía y vayamos al grano:

El enfrentamiento de Floyd Mayweather Jr. vs. Conor McGregor, el famoso combate que tildaron de “La pelea del siglo” fue un asco, un muy grande, supremo, no tengo la palabra que pueda definir la mediocre actuación que presentaron ambos peleadores. Sin embargo, ya todos sabíamos qué sucedería, pero tampoco quiero utilizar la frase tan trillada de “era una cortina de humo”, porque la verdad, sí era una cortina de humo y una de dimensiones que sólo pueden alcanzar los medios de comunicación y, como era obvio, lograron su cometido: taponar noticias que los mexicanos pasamos por alto gracias a esas artimañas.

El día 26 de agosto una noticia que, después de darse a conocer, indignó a mucho y a otros conmovió, pero, por desgracia, no nos enteramos por culpa de aquél espectáculo mediático, al menos yo no supe sino mucho después. La noticia fue la siguiente: Pasó a la leyenda, perdió uno de los grandes: ha sido despojado de su máscara Dr. Wagner Jr. Yo, por supuesto, no me lo podía creer, me era imposible concebir tanta desesperación, estaba que me llevaba pifas -¿qué pedo con mi jefa y sus frases?-, ya que, a raíz de tanta cosa que veía en todos lados sobre la mentada pelea de box es que me perdí la otra: La pelea de la década.

 “La pelea de la década” –me da tanta risa los títulos de las luchas estelares-, hacía mucho que no se presentaba un combate de esta altura, ya que el ídolo del momento, Psycho Clown se enfrentaba a una de las máximas figuras de la lucha libre mexicana, El galeno del mal o como era mejor conocido, Dr. Wagner jr.  Este combate ya se venía contemplando desde hace muchas peleas, era necesaria la intervención de estos personajes para sentir la emoción de lo que significa la lucha libre, ya que la tapa de El galeno era muy codiciada por muchos luchadores; pero lo grandioso de esto. y lo que le añade un valor casi heroico, es el hecho que Psycho viene de una familia acostumbrada a perder en el máscara contra máscara.

Gracias a que el evento fue inmediatamente subido a Youtube pude contemplar la gran batalla, así pueden hacerlo ustedes, ya que en la pelea hubo de todo: mordidas al cráneo, sillas de fiesta de quince años, esas de metal que dicen Corona, saltos desde la tercera cuerda hacia el ring, hacia el público, hacia la gloria –quién sabe si hasta la gloria, pero quería darle enjundia a la frase-. Así fue esa pelea, una pelea que me recordó los grandes momentos que a mí me tocó vivir en la tele, respecto a la tele, pues cada generación tiene sus momentos.

No está en mí decir que este deporte no es un espectáculo, lo es y no lo niego; puesto que negarlo sería cancelar su naturaleza misma, cosa que no deseo en absoluto. No obstante, muchos hemos de recordar nuestra adolescencia contemplando las peleas de la WWE, escenario donde se presentaban grandes estrellas, Batista, La roca, Triple H, Rey misterio, El Undertaker y entre otros –me consta que muchos intentamos, por más que nos dijeron que no lo hiciéramos, algunos movimientos especiales para terminar con nuestros contrincantes, igual de brutos todos, hay que aceptarlo-. Pero hay que admitir una cosa, la lucha mexicana lleva el espectáculo a otro nivel y es por esa razón que detesté habérmelo perdido.

¿Qué sería nuestra lucha sin todo eso que la compone? Nada. Y, ¿qué es lo que la compone? Todo. No hay nada que sea ajeno a ella: los homosexuales; las relaciones amorosas entre diferentes bandos; los réferis siendo campeones de una batalla que ellos dirigían; las máscaras; las volteretas en el aire; las sillas de Corona, los tenedores, los focos largos, las mordidas, las picadas de ojos, los besos, las cachetadas, los falsos golpes que se sienten tan reales… Absolutamente todo lo catártico que uno pueda imaginarse. Así, pues, ¿quién necesita pagar por observar un par de changos que se pegan de la misma manera? El luchador mexicano sabe que entre más vueltas dé, aunque sea rudo o técnico, haya ganado o perdido, sea amateur o profesional, él, siempre de  los siempre, sabe que lo suyo es un espectáculo y no lo deja pasar desapercibido.

No lo negaré, sí vi la pelea de Floyd Mayweather Jr. vs. Conor McGregor, pero prácticamente fue por el hecho que la maldita propaganda me hinchó de tanta cosas; sin embargo puedo asegurar que me hubiera dado por bien servido con La pelea de la década, ya que éstos no me habrían pintado, como lo hicieron los primeros, del gran combate, sino todo lo contrario, me hubiesen mostrado todo, menos una lucha.  

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