¿Qué entendemos por filosofía? (Una invitación)

Por lo regular, tanto en la calle como con algunos de mis amigos y familiares, incluso en cierta población de la academia, he visto y oído que la filosofía no es útil, que es sólo castillos en el aire y que su razón de ser estriba en la “mera especulación metafísica”. Sin embargo, siempre que oigo una aseveración así pregunto: “¿Qué entiendes por filosofía?”. No es una pregunta fácil de responder, menos aún si tu experiencia con ella es resultado de una mediocre enseñanza de aquélla en las aulas, o solamente porque no puedes pasar el primer reto que plantea cualquier texto filosófico: aprender a comprometerse con uno mismo a pensar de una manera abstracta particular. Hago énfasis en esta palabra porque las matemáticas, la física, la lógica, por ejemplo, proponen otros métodos de pensamiento abstracto y eso hay que dejarlo en claro.
    Es verdad que la historia de la filosofía occidental está llena de sistemas de pensamiento que tienden a teorizar sobre un “más allá” en relación con el “más acá”, pero las filosofías de Occidente (digo “filosofías” porque no es un todo homogéneo autónomo, sino múltiple y contrapuesto la mayoría de las veces), a su vez, contienen en sí un discurso ligado a nuestra forma de vida, a nuestra forma de ser-en-el-mundo (para recordar a Heidegger); es decir, se ocupan del quehacer ético del ser humano. De hecho, si ustedes revisan algunos tomos de la reciente colección Aprender a pensar, que sale cada quince días en los puestos de periódicos, los filósofos que son ahí expuestos han tenido una gran preocupación por la felicidad del hombre desde la Antigua Grecia hasta hoy: con unos podemos estar de acuerdo, con otros no. Y sin embargo, ahí hay una razón de peso para defender la utilidad de la filosofía.

Cuando te dicen que la filosofía no sirve para nada

    Pensar filosóficamente no necesariamente significa que inmediatamente obtendremos un beneficio material, o si tendremos uno siquiera. Pensar filosóficamente implica tomarse el tiempo para hacerlo, es una práctica de orden vital que a la larga nos dará beneficios para nuestra existencia como personas, una mejor, idealmente.
    Uno de estos casos, aunque paradójico, es el del Tractatus logico-philisophicus (1921) de Ludwig Wittgenstein (1889-1951). Con este pequeño libro pretendió acabar con los sinsentidos en los que caían casi todas las filosofías anteriores a él, poniendo como único método crear un lenguaje puramente lógico que dijera los acontecimientos del mundo, y por lo tanto, el mundo. Como bien sabemos, la lógica no admite contradicciones ni paradojas; debe ser clara, sencilla, directa. Sabiendo utilizar adecuadamente el lenguaje lógico es como podemos formar conocimiento sobre lo que acontece en el mundo. Para Wittgenstein a esto debe atenerse la filosofía si es que quiere seguir llamándose tal. En este sentido, la filosofía debe ser la herramienta sobre la que tienen que basarse las ciencias naturales para seguir abonando a su disciplina.

“La muerte no es ningún acontecimiento de la vida. La muerte no se vive”, nos dice en el Tractatus

   Y entonces uno pensaría: Ah, claro, así la filosofía sería completamente útil al conocimiento práctico y material. Pero no. Líneas arribas mencioné que pensar es una práctica en sí misma, y lo que hizo este primer Wittgenstein fue pensar cuál era el error de la filosofía para reformularla; no obstante, y él mismo en el Tractatus lo admite: lo que verdaderamente importa para el ser humano no puede ser dicho mediante la filosofía, ni la ciencia natural ni ninguna otra disciplina, y es la pregunta ética y ontológica: “¿qué posición tomar frente a la vida?”, y “¿por qué estoy aquí?”. De esta manera, Wittgenstein realiza un movimiento paradójico: concentrar su pensar filosófico para encauzar la filosofía a una tarea específica, y así decirle a los demás que se enfoquen en dar sentido a su existencia con los otros. En otras palabras, es llevar la filosofía contra sí misma, especialmente, y esto hay que tomarlo muy en cuenta, la filosofía académica (que no necesariamente es lo mismo).

Coda en tres movimientos

Scherzo. Ahora bien, volvamos a preguntar: “¿Qué entiendes por filosofía?”. Para hablar de algo hay que conocerlo, y para conocerlo, si es de nuestro interés, hay que dedicarle tiempo; ya después de este proceso del pensar, preguntarnos: “¿Qué de lo que me sirve para vivir mejor?”.

Allegro. “No se aprende filosofía, se aprende a filosofar”, dice Kant. Nosotros podemos tener intereses filosóficos y reflexiones filosóficas sin que hayamos cursado filosofía. En el momento en que le entremos con mayor vigor a los textos filosóficos, nos seguiremos nutriendo vitalmente, para así preguntarnos: “¿Qué me corresponde hacer conmigo mismo y con los otros para que vivamos mejor?”.

Ma non troppo. Este texto no pretende más que acercar a las personas a la re-flexión filosófica, es decir, a que se vuelvan sobre sí mismos para examinarse, examinar su afuera, ver su convivencia con los demás. Pensar es una actividad ardua, constante. La filosofía es compleja muchas veces, pero como cualquier actividad física: la práctica (del pensamiento) hace al maestro (de su vida).

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