Cómo sobrevivir al transporte público sin morir en el intento

La siguiente es una guía eficaz, infalible y comprobada por experiencia propia para sobrevivir al primer viaje en transporte público. ¿Qué es lo que puedo hacer? ¿Existe algún número de emergencia? ¿Acaso es normal bajar sin dinero? No se preocupe, siguiendo al pie de la letra los siguientes pasos ya no habrá qué temer. 

  1. Levanto la mano y corro al camión.

Uno de los primeros errores que suelen cometer los primerizos en el arte del transporte público es creer que el chófer hará la parada donde queremos. Por estatuto oficial usted debe caminar tres o cinco cuadras extras para ser recogido, después de esto ya podrá acceder a la puerta de pasajeros custodiada en ocasiones por un segundo al mando o mejor conocido como el sube, sube.

    Es importante este punto ya que desde aquí los futuros ladrones podrán notar si es usted un blanco fácil o un hueso duro de roer. Historias se han escuchado de novatos que pierden no sólo la cartera sino los tenis, la mochila, el celular, la tarea y el título universitario.

2. Preparo mi dinero, busco asiento.

Inmediatamente de que usted logró cruzar las puertas del averno o el Hades debe pagar una tarifa que variará según el estado de animo del que maneje. Me ha tocado pagar cantidades abrumadoras por bajarme una calle después de la ruta oficial. Así que le aconsejo estar preparado para cualquier situación: utilice monedas, nunca billetes, guarde el dinero en un lugar de fácil acceso, entregué el pago y no espere a que este sea contado.

    Le imploro que nunca pague con algún billete no menor a los cincuenta pesos en moneda nacional. Grandes cantidades de dinero atraen a grandes embaucadores; como detectives contratados por la CIA, estos personajes son maestros en el oficio del hurto:meten mano, cortan bolsillos, utilizan poderes telepáticos e incluso cuentan con RFC y pago de  impuestos.

3. Reflexiono, pienso y si puedo lloro.

Ahora que ya se encuentra dentro de esta experiencia es momento de que se relaje un poco y disfrute de los paisajes que ofrece una ruta en transporte público. Si le tocó ir parado comenzará a sentir algunos arrimones o gotitas de sudor caer en sus brazos. Recuerde que usted no es un rey o una princesa, atrás ha dejado estas ideas  y como cualquier mortal vive con los suyos.

    Hombres que llevan más de catorce horas trabajando, señoras con quince bolsas del mercado listas para preparar un ejercito de comida, niños cabizbajos que han tenido que acompañar a su papá a la fábrica, embarazadas que se preguntan si alguien querrá darles el asiento porque ya no pueden con su espalda, novios que hacen de sus lenguas una sola membrana, trabajadoras que platican de cómo disfrutarán el baile del viernes por la noche para olvidar que la vida no fue como la imaginaron.

4. Viajo y espero nunca llegar.

El punto anterior puede haberle causado alguna conmoción, bien por usted, ha conocido la empatía. Este viaje le ayudará a ponerse en el lugar de otros, a reconocerse en la mirada de quienes lo acompañan. Durante este cuarto consejo le pido que si se encuentra junto a una ventana comience a divagar, los científicos han llegado a la conclusión de que el mejor momento para pensar sobre el rumbo de nuestros actos es mientras vamos en un camión. Dese el momento de decidir si quiere seguir en ese trabajo o si la carrera que escogió realmente lo hace feliz.

    Después de este momento usted ya estará preparado para bajar con diploma y mención honorifica por haber sobrevivido al transporte público sin heridas, robos o alguna duda existencial.

5. Me bajo y espero el siguiente viaje.

Probablemente hizo amigos allá arriba. Conoció al amor de su vida, platicó sin cesar con un rapero local, prestó atención a los chistes de los payasos que suben sin una pizca de humor bajo sus hombros, le ofreció una paleta al niño que lloraba o simplemente decidió escuchar a la gente. Cualquiera de los casos es momento de decir adiós.

Recuerde que este no será su único viaje, ya tendrá la oportunidad de seguir subiendo a los taxis, camiones, peceras,  burras, calafias, guagas o el nombre que tengan en su ciudad. Lo importante es que no olvide que allá afuera el mundo corre, que no a todos les va como quisieran pero aún así siguen sin rendirse.  Lea con atención  estos pasos y repita hasta que lo considere necesario.

 

 

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