Ni Cortázar, ni Reyes, ni Borges…

Hace dos semanas se reanudaron las clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. La primera semana es utilizada, como en casi todas las universidades y en todas las carreras, para que los profesores den a conocer los modos de evaluación y el programa general del curso.

Después de haber pasado las aburridas y necesarias clases de literatura mexicana del siglo XIX, yo esperaba encontrarme por fin con El Ateneo de la Juventud, movimiento del que se habla mucho, pero se estudia poco. Pequé de optimismo. En todo un semestre estudiaremos un sólo texto de Alfonso Reyes, nada de Torri ni de Martín Luis Guzman, y mucho menos de Pedro Henríquez Ureña (¿por qué lo leeríamos si ni es mexicano?, ¿como para qué? Pareciera que se sigue creyendo eso de que la literatura mexicana la deben conformar únicamente mexicanos, sino ya no es. Entonces que no se estudie a Carrión, pues prácticamente ni produjo en México ni escribió en español. Pero ese es otro cantar).

Casi no leeremos a Reyes y nada de Ureña pero sí a Luis Zapata. ¡Qué lamentable! Porque es obvio que ni Reyes ni Ureña formaron un capital simbólico e intelectual que ayudó a formar instituciones que ayudaron a consolidar la profesionalización del escritor. Ellos ni ayudaron a repensar la idea de la América Hispánica. ¿Por qué no mejor estudiar a Luis Zapata? ¡Ojo! Yo no estoy menospreciando su obra, sólo pongo en duda qué lecturas deben ser las formativas para los estudiantes de letras.

Después de enterarme de mis no lecturas, recordé que en mi anterior semestre no leí nada ni Cortázar y sólo un poema de Borges. ¡A ver, a ver! ¿Qué pasó? pues que en la carrera de Letras Hispánicas no se lee ni a Borges, ni a Cortázar, ni a Reyes. Esto está para pensarse muy bien. ¿De quién es la culpa?, ¿del alumnado que no exige estudiar a los autores clásicos de ciertas literaturas?, ¿de los profesores que, por preferencias muy personales, eligen un autor sobre otro?, ¿del colegio que no da un listado de lecturas obligatorias? Pues cada quién tiene parte de culpa. No quiero decir que se deba ver en cada semestre los mismo autores ni las mismas lecturas. Ni tampoco que los profesores no renueven sus planes cada semestre, esto es más bien lo recomendable. Sino que así como para todos los profesores de la clase de literatura de los Siglos de Oro es obligatoria la enseñanza del Quijote, debería serla para los de mexicana enseñar a Reyes y para los de iberoamericana a Borges y Cortázar.

Y seguro alguno me dirá: “¡Mientes! Sí se ve a Borges y a Cortázar con el profesor Gonzalo Celorio”. Pues ahí está el otro extremo del asunto: no renovar ni autores ni lecturas. Ningún extremo es bueno.

Sólo nos queda a los estudiantes de Letras Hispánicas leer por nuestra cuenta, ser autodidactas. Aprender, como lo hizo Reyes, en horas nalgasrepensar y exigir un nuevo plan de estudios, y nuevas lecturas a los profesores que siempre ven lo mismo.

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