Cómo opinar sobre literatura (y que te tomen en serio)

¿Nadie le dio “me gusta” a tu estado sobre la novela póstuma de Bolaño? ¿Tus amigos hipsters se mofan cuando hablas de Georges Perec? No hay por qué desesperar: estos breves consejos te ayudarán a formar opiniones más precisas sobre cualquier texto literario. Antes de comenzar, vayamos a la pregunta que debes saber responder en cualquier brindis de gente letrada: ¿qué es la literatura?

Evidentemente no hay una sola respuesta, pero sí hay varias aproximaciones a la pregunta. Enfocarse en los aspectos formales que separan la Literatura de otros modos de expresión verbal puede lanzarnos directo a la nada, pues en términos de lenguaje la diferencia entre un cuento publicado en una antología y la anécdota que contó tu primo en la fiesta familiar no es tan grande como podría creerse.

Por ello, el teórico británico Terry Eagleton habla de lo literario en términos de instituciones sociales y juicios de valor dados a textos en específico. De esta forma lo literario es todo aquello que concebimos como tal y que confirmamos mediante cursos universitarios, lugares en premios literarios, reseñas y publicaciones en editoriales de prestigio. Más que poseer una esencia, la literatura entraña una variedad de maneras en las que las personas nos relacionamos con lo escrito.

Ahora que eso queda claro, vamos a lo bueno: ¿cómo opinar concienzudamente sobre un texto literario?

1. No te quedes en el “me gustó”.

Es completamente válido sentir apego por un texto literario con el que nos sentimos identificados. No tiene nada de malo que me guste “Espergesia” de César Vallejo porque yo nací un día que Dios estuvo enfermo, o que me complazca en amar las mismas películas que el narrador de una novela de Alejandro Zambra. No obstante, ninguna de estas dos cosas me sirven para convencer a alguien de que un texto vale o no la pena.

Para opinar ante otras personas acerca de una obra literaria, es necesario salir un momento de nosotros mismos. Si un poema nos gusta porque nos parece triste, habría que preguntarnos: ¿qué hay en el texto que provoca esa sensación? ¿Será el ritmo, los adjetivos? La operación funciona igual cuando queremos hablar de textos que no nos gustan. Ante todo, lo más importante al momento de dar una opinión es que esté bien argumentada.

2. Considera el contexto…pero ve más allá.

Por el simple hecho de que un texto es escrito por alguien en cierta época, la obra literaria resultante guarda cierta relación con su contexto histórico y social. Es valioso considerar este hecho al momento de proponer una interpretación, pero más importante aún es no caer en el error de limitar nuestra lectura a él. Decir que el propósito de Pedro Páramo es reflejar la realidad social del México posrrevolucionario no es solo erróneo, sino aburrido. Las obras literarias no son reflejos de la realidad ni se encuentran congeladas para siempre en un cierto período histórico, y seguir estos criterios puede llevarnos a creer que existe una sola manera de interpretar un texto, dejando de lado muchas posibles lecturas.  En vez de pensar que cierta literatura debe ser un espejo de la realidad, cuestionemos de qué manera la obra responde al contexto de su producción, sin dejar de lado el momento en que la leemos.

3. Amplía tu panorama.

Actualmente, la literatura en términos de textos escritos e impresos ya no es el escenario preferido de las ficción. El cine, las series y los videojuegos se han convertido en las plataformas privilegiadas para la transmisión de historias. En vez de subirnos a nuestra vaticinar desde nuestra torre de marfil la muerte de todo lo que conocemos por literatura, es preciso ser sensatos y abrirnos a otros estudios, otras disciplinas. No nos vemos más cultos ni más letrados llamando automáticamente basura a todas estas manifestaciones. La relación entra la literatura y otras artes se ha estudiado desde hace décadas, así que su convergencia no debe parecer un escándalo. Las teorías intermediales son una herramienta sustancial para comentar fenómenos tan actuales como las adaptaciones y las re-imaginaciones.

4. Sé autocrítico.

En resumen, no seamos tercos. Por más informada que sea nuestra opinión, jamás tendremos la última palabra. Escuchemos otras perspectivas, aprendamos de nuestros errores; pero sobre todo, no caigamos en la arrogancia.  Saber de literatura no nos hace mejor que nadie y hay que cuidar que nuestros comentarios no transmitan un sentimiento de superioridad. En todo caso, lo más notorio que sucederá si leemos mucho es que aumentará la graduación de nuestros lentes.

5. ¡No dejes de leer!

Lo que distingue a una opinión superficial de una obra literaria de una más reflexiva es la capacidad que se tiene de relacionarla con su propio medio. Ningún texto es único: todos se adhieren (o critican, o parodian, o desestiman) discursos y convenciones anteriores a ellos mismos. En ello radica la importancia de no ceñirnos solamente a un autor. Ya sea que sigamos el programa de una universidad, nos basemos en recomendaciones o intuitivamente lleguemos a otras obras, un acervo grande de lecturas nos permitirá hacer observaciones mucho más agudas. Casi sin darnos cuenta llegará el momento en que podremos detectar influencias con más facilidad en cada texto que leemos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s