Mi lengua me hace decir “no hay problema”, pero mi dialecto vernáculo insiste en que pronuncie “ni Pedro, Juan”.

Artículo dedicado a todas las personas que he conocido y me falta conocer en este intercambio académico. 

He comenzado una encantadora estancia en el extranjero, para ser exacta en una ciudad llamada Lleida, la cual se encuentra ubicada en Cataluña. La estancia en esta ciudad congestionada de edificios elevados y de bóvedas ojivales me ha permitido conocer a personas de todo el mundo, con quienes he comprendido, de una mejor forma, muchas manifestaciones lingüísticas, los recursos comunicativos bilingües o trilingües que usan personas de diferentes nacionalidades para poder comprenderse en el habla coloquial y, así mismo, la concepción social respecto a un tema que cada vez me interesa promover más: la diferencia entre los términos “dialecto” y “lengua”.

Mientras charlaba con personas de Cataluña y personas de Italia, me percaté de algo que me parece muy problemático: mucha gente continúa creyendo que un “dialecto” es como una “lengua”, pero con pocos hablantes. Así, unas cuantas personas mencionaban que el catalán es el dialecto de su territorio, puesto que la lengua nacional es el español y, sólo por tener más hablantes, se considera como un idioma. Por otro lado, “els meus amics” italianos, enunciaban con un fascinación increíble el cómo cada región italiana habla un “dialecto” diferente, estos “dialectos” son ininteligibles entre sí, es decir, las personas de Parma y las personas de Atri tienen una dificultad, por no decir imposibilidad, de conversar en una sistema de comunicación que no sea el Italiano (su lengua nacional). En México, sucede algo similar; puesto que la mayoría de la población cree de forma errónea que las lenguas indígenas de nuestro territorio son “dialectos”. Entonces, si yo le hablo a un individuo en “abruzzese” y dicho individuo me contesta en “romagnolo”, por lo que no comprendo ni un poco lo que me dice, ¿realmente estas formas de habla son “dialectos”?

La problemática, por obviedad, se traduce como una ausencia de información. En nuestro país (México) hay profesores que transmiten la idea de que los dialectos son idiomas hablados por pocas personas, por lo cual esta idea se repite con mucha frecuencia. Me interesa mucho la problemática que actualmente estoy abordando, debido a que, aun cuando no soy muy partidaria de la normatividad dentro de la lengua cotidiana, creo que es importante conocer aspectos que son más bien culturales y que, además, incentivan a la promoción de diferentes idiomas poco conocidos, como también a la preservación de esa habla folclórica que a todos fascina. ¡¿Quién no se ve seducido ante el hecho de explicar qué es “ya valió Bertha” a un cúmulo de extranjeros o mencionar las diferentes acepciones de la palabra “chingar”?!

Man and woman with thought bubbles that match each other's clothing

Se tiene, como ya hice alusión, la desacertada idea de que un “dialecto” es lo mismo que una “lengua”, ya sea indígena o ya sea perteneciente a una sola región. El dialecto se puede definir como una pequeña variación que existe dentro de un mismo idioma o lengua, un ejemplo sería el dialecto o forma de hablar del español de Argentina, respecto al dialecto del español mexicano y también con el dialecto del español de Colombia. Lo que hace a un dialecto son las diferencias que hay entre personas de varias regiones, las cuales, a pesar de hablar con algunos aspectos diferentes, se pueden entender entre sí. Entonces, lo que es idioma se podría resumir en lo siguiente: es un sistema de comunicación mayor donde hay una estructuración lingüística de gramática, sintaxis y ortografía asaz distinta. En un idioma no es importante el número de hablantes: lo que define a un idioma es la complejidad para poder descifrar lo que el otro quiere decir.

Los idiomas son puertas que dividen o unen a personas. Para la adquisición de éstos se requiere de un trabajo enormísimo de memoria, estudio, y análisis. Por otro lado, los dialectos son aquello que presupone una riqueza cultural; los dialectos nos distinguen, nos otorgan una identidad sin necesidad de mencionar de dónde provenimos. Si yo pronuncio Michelle, emito esa “ch” como una fricativa (Michél), empero si un mexicano del norte lo pronuncia, dirá mi nombre con una africada, o sea, como “sh” (Mishél). Así, mediante mi dialecto mexicano de occidente perteneciente a la lengua española, ¿cómo niego en “las europas” que soy mexicana?

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